El humo de los autos incendiados se eleva en medio de un tiroteo en Culiacán, México, el jueves 17 de octubre de 2019. Un intenso tiroteo con armas pesadas y vehículos incendiados que bloqueaban las carreteras estalló en la capital del estado mexicano de Sinaloa el jueves pasado (Foto: AP/Augusto Zurita)
El humo de los autos incendiados se eleva en medio de un tiroteo en Culiacán, México, el jueves 17 de octubre de 2019. Un intenso tiroteo con armas pesadas y vehículos incendiados que bloqueaban las carreteras estalló en la capital del estado mexicano de Sinaloa el jueves pasado (Foto: AP/Augusto Zurita)

El jueves pasado México vivió uno de los peores episodios violentos que se han registrado en el país. Durante horas, Culiacán, Sinaloa, estuvo tomado por miembros del crimen organizado, quienes doblegaron al Ejército mexicano y los obligaron a liberar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Gumzán, quien había sido capturado en el operativo de ese día.

La demostración de poder del Cártel de Sinaloa paralizó una ciudad por más de 24 horas, como si se estuviera realmente en una zona de guerra. Explosiones, metralletas, toques de queda y el rastro de sangre que dejó el hasta ahora indeterminado número de muertos y heridos reafirma el sentimiento de algunos mexicanos, quienes se han atrevido a comparar a Culiacán con Irak.

Marco Millán, un bombero voluntario y paramédico que ha vivido 15 años en dicha capital, le dijo al diario El País que en todos esos años, nunca había visto algo así. “La gente compara lo que pasó con Irak, con la película de Black Hawk Down”.

La comparativa no parece desproporcionada. Un día después de que sucediera el ataque las calles del estado estaban vacías. Escuelas y oficinas gubernamentales cerraron sus puertas. Lo mismo ocurrió con los bancos y demás negocios, así como el sistema de transporte público, el cual funcionó a la mitad de su capacidad en gran parte del día.

El grupo armado logró que las fuerzas federales “suspendieran acciones” para detener al presunto narcotraficante, ya que los cientos de gatilleros realizaron bloqueos y quema de vehículos en diferentes zonas de la ciudad (Foto: Cuartoscuro)
El grupo armado logró que las fuerzas federales “suspendieran acciones” para detener al presunto narcotraficante, ya que los cientos de gatilleros realizaron bloqueos y quema de vehículos en diferentes zonas de la ciudad (Foto: Cuartoscuro)

Los encuentros deportivos también fueron aplazados. La Liga MX decidió posponer el partido entre Dorados y Atlante del Ascenso MX (segunda división), el cual estaba programado para disputarse el mismo jueves, día en el que sangrientos tiroteos se cobraron la vida de al menos una decena de personas. Un esperado juego de béisbol entre Tomateros de Culiacán y Sultanes de Monterrey también se aplazó.

Los cuerpos de cuatro presuntos sicarios abatidos en la zona de Tres Ríos fueron levantados hasta la mañana siguiente al ataque. Los vehículos usados en 19 narcobloqueos fueron retirados por grúas de tránsito hasta ese día, mientras cuadrillas se apresuraban a levantar los escombros que habían quedado tras el incendió de diversos camiones. En las calles se quedaron los boquetes de los balazos de grueso calibre que dispararon a diestra y siniestra los miembros del crimen organizado.

Marco Millán fue uno de sus habitantes que no pudo vivir con normalidad tras el ataque. “Los bomberos no salieron el viernes. Se tomó esa decisión”. “Algunos coches seguían humeando hasta que se apagaron solos”, narró para El País.

Así fue como una ciudad con 850.000 habitantes se vio obligada a esconderse y a esperar. Con disparos y explosiones cubriendo la ciudad, con personas muertas tiradas sobre el pavimento por 20 horas esperando a que los peritos los recogieran. Con el olor a gasolina penetrando en sus hogares a causa del confrontamiento del gobierno federal con el narcotráfico.

Una ciudad con más de 800.000 habitantes se vio obligada a esconderse en sus hogares el viernes pasado ante la ola de violencia que se vivió en Culiacán (Foto: Especial)
Una ciudad con más de 800.000 habitantes se vio obligada a esconderse en sus hogares el viernes pasado ante la ola de violencia que se vivió en Culiacán (Foto: Especial)

Fue el sábado cuando la gente empezó a salir a las calles de nueva cuenta. Sorprendidos y con miedo ante los hechos acontecidos, no hay otro tema en Sinaloa que no sea el ataque del Cártel del Pacífico contra la Guardia Nacional y el Ejército mexicano, y la forma en la que un grupo de criminales doblegó al gobierno y los obligó a liberar a Oviedo, hijo de “El Chapo”.

Es en este tema donde una vez más surge un paralelismo con Irak. Y es que el 17 de octubre un cártel probó, a ojos de la opinión pública, ser más fuerte que el gobierno de un país. La amenaza del Cártel de Sinaloa a las autoridades fue directa, sino dejaban en libertad a Ovidio Guzmán iban a hacer de Culiacán un campo de guerra, dejando en medio a los ciudadanos.

A esa amenaza se sumó la captura de miembros del Ejército por parte de los criminales. Al respecto, fuentes anónimas confirmaron a medios nacionales e internacionales que al menos seis soldados habían sido detenidos por hombres armados, quienes posteriormente enviaron dos videos a los comandos militares de Culiacán mostrando a los rehenes y a un soldado que había sido ejecutado por un disparo en la cabeza.

Las armas que tiene en su poder el Cártel de Sinaloa son igual de poderosas que las de cualquier ejército en el mundo. De ahí que el secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, asegurara durante una conferencia de prensa otorgada tras un día después del ataque, que “el grupo (del gobierno) no previó lo que sucedería. Se precipitó, no planeó los riesgos”.

Culiacán vivió uno de los días más infernales tras la detención de Ovidio Guzmán,
Culiacán vivió uno de los días más infernales tras la detención de Ovidio Guzmán, "El Ratón" (Foto: Cuartoscuro)

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, señaló también, a modo de justificación ante la liberación del hijo de Joaquín Guzmán Loera, que "el coste de seguir adelante se estimaba en más de 200 muertos, probablemente la mayoría civiles”. “No podemos aceptar el daño colateral”, añadió.

Mientras tanto, la capital de Sinaloa busca volver a la normalidad. El gobierno federal busca ayudar en esa tarea con el envío simbólico de 230 militares de élite, “con adiestramiento y armamento especiales” según informó la propia Secretaría de la Defensa. Pero su aterrizaje en la capital sinaloense no ha hecho más que reforzar esa opinión divida que ya hay entre los pobladores.

“Yo había oído que el soldado no se daba abasto. Al militar le tienen más respeto, es la defensa del pueblo, pues”, le dijo un ciudadano que labora como guardia de un restaurante en el estado a El País. Su opinión contrasta con la de otro ciudadano quien comentó al mismo medio que “los militares se portan muy mal con la gente y más esos que están más entrenados. En la sierra matan mucha gente y han maltratado familias aquí en el Estado. Yo creo que nada más vienen a alborotar a la gente”, dice Manuel, quien lavaba su auto en un comercio cercano a la zona del tiroteo.

La idea de que Culiacán se ha convertido en una zona de guerra habita en la mente de muchos mexicanos. El ex boxeador Jorge “El Travieso” Arce, oriundo de Los Mochis, Sinaloa, publicó un mensaje en Twitter en el que evidenciaba ese sentir. “Sr. Presidente, ¿dónde está usted ahorita? Véngase a Sinaloa a parar esta masacre, venga usted personalmente a decirles fuchi, guácala a los delincuentes a ver si se calman, porque parece que estamos en Irak. Hable con sus mamás y sus abuelas si es que las tienen. Tristeza”, escribió el jueves, aunque posteriormente se disculpó.

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