Topo Chico: el penal más sangriento de México cerró sus puertas, pero dejó en la memoria colectiva historias de masacres y venganzas

Motines, riñas y masacres, el historial sangriento del Centro Preventivo de Reinserción Social, en el que estuvieron presos Miguel Nazar Haro, ex titular de la Dirección Federal de Seguridad; el banquero Jorge Lankenau Rocha y el ex gobernador Rodrigo Medina

Durante 76 años, el centro penitenciario de "Topo Chico" fue el escenario de múltiples episodios de violencia, sangre y muerte (Foto: Archivo)
Durante 76 años, el centro penitenciario de "Topo Chico" fue el escenario de múltiples episodios de violencia, sangre y muerte (Foto: Archivo)

Terminó la historia del Centro Preventivo de Reinserción Social (Ceprereso) “Topo Chico”. A lo largo de 76 años fue el escenario de múltiples episodios de violencia, sangre y muerte.

Fue una zona de guerra, un territorio en disputa para Los Zetas y los miembros de El Cártel del Golfo; fue un albergue de la Santa Muerte, un lugar para rituales y cultos diabólicos; fue una cárcel estatal para prisioneros de alto perfil, desde funcionarios públicos de negro historial policiaco, hasta encumbrados banqueros y asesinos que inspiraron películas icónicas como “El Silencio de Los Inocentes”.

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El Ceprereso de Topo Chico -ubicado en la ciudad de Monterrey, Nuevo León- abrió sus puertas como prisión estatal en 1943. Durante siete décadas concentró la población penitenciaria de la Baja California, Ciudad de México, el Estado de México, Jalisco, Nuevo León, Puebla y Sonora.

El último censo de la Comisión Nacional de Seguridad, correspondiente a 2015, estimó que había 3.965 reos en un lugar planificado para 3.885. Por lo tanto, la sobrepoblación ascendía a 200 internos. No sería la primera ni la única prisión, en México, con problemas de hacinamiento y sus dificultades eran mayores: extorsiones, secuestros, enfrentamientos, riñas y la mayor masacre de reos, registrada en un penal mexicano.

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El historial de violencia

En marzo de 1980, los reclusos identificados como Rodrigo Alcalá López, “El huevo”, y Carlos López Atencio, “El Cubano”, consiguieron desarmar a un celador y más tarde mataron al director del reclusorio Alfonso Domene Flor Millán y a su chofer. Otros internos se sumaron a la revuelta y fingieron que el director del reclusorio estaba secuestrado y vivo, para negociar su libertad.

Incluso, privaron de su libertad a las tres secretarias de Alfonso Domene; cuando las liberaron, ellas relataron a las autoridades que el director ya había muerto. Entonces intervinieron el penal y abatieron a 4 reclusos, todos ellos habían participado en la revuelta.

 Tiene el penal de Topo Chico un historial de violencia y muerte (Foto: AFP)
Tiene el penal de Topo Chico un historial de violencia y muerte (Foto: AFP)

En noviembre de 2015, Juan Pedro Saldívar ‘El Z-27’ fue trasladado del Centro de Readaptación Social (Cereso) de Matamoros al penal de Topo Chico y quiso arrebatarle a Jorge Iván Hernández Cantú ‘El Credo’, el dominio de las actividades ilegales que se realizaban al interior de la cárcel.

El 10 de febrero de 2016 ocurrió la peor masacre dentro de una cárcel mexicana. Integrantes del Cártel del Golfo y Los Zetas se disputaban el control del penal. El choque entre los simpatizantes de ‘El Credo’ y de ‘El Z-27’ dejó un saldo de 12 heridos graves y 49 muertos, cinco de ellos calcinados.

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En junio de 2016, los mismos grupos criminales seguían enfrentados y hubo otro choque entre ellos, el pretexto fue el traslado de varios reos al Cereso de Apodaca. En ese intento de motín perdieron la vida tres reclusos y otros 19 fueron gravemente lesionados.

El 14 de enero de 2018, una riña entre nuevos internos y presos de Topo Chico dejó un saldo de 2 muertos.

El 27 de marzo de 2018 se registró otro motín con un saldo de 16 prisioneros heridos y 1 muerto. Horas antes del enfrentamiento, 500 presos de alta peligrosidad habían sido trasladados a otros centros penitenciarios. Aún así, hubo una fuerte riña en la que se escucharon detonaciones de armas de fuego.

Reclusos de alto perfil

Hombres del poder económico, ídolos deportivos y políticos de alto rango recorrieron los pasillos y celdas del penal “Topo Chico”. Infobae publicó el 7 de octubre de 2018 una historia cinematográfica, el origen de Hannibal Lecter, el protagonista de la cinta “El Silencio De Los Inocentes”.

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El doctor Alfredo Ballí Treviño mató y descuartizó al joven estudiante de medicina, Jesús Castillo Rangel. Aparentemente, mantenían una relación amorosa y una discusión terminó trágicamente.

“Ballí Treviño sometió a su amante, le aplicó una inyección de pentotal sódico, con un bisturí le cortó la garganta, lo desangró, lo descuartizó y colocó su cuerpo partido en una caja de cartón”. Con el paquete bajo el brazo se trasladó en su auto hacia un terreno baldío del municipio de Guadalupe, donde enterró los restos de Jesús Castillo.

La prensa de la época publicó profusamente la historia de “El hombre lobo de Nuevo León”, “El médico asesino”, “El monstruo de la Talleres” y “El vampiro Ballí”. Fue el último preso condenado a la pena de muerte en México, pero también inspiró a Thomas Harris, el periodista estadounidense que escribió la novela “El Silencio De Los Inocentes”.

El ex banquero Jorge Lankenau salio libre del penal de Topo Chico, el 25 de diciembre de 2005, después de ocho años de prisión (Foto: Archivo)
El ex banquero Jorge Lankenau salio libre del penal de Topo Chico, el 25 de diciembre de 2005, después de ocho años de prisión (Foto: Archivo)

Jorge Lankenau Rocha fue un banquero y poderoso empresario mexicano, quien fue arrestado en noviembre de 1997 por cargos de fraude y evasión de impuestos. Era dueño de ABA Seguros y patrocinó a los equipos de fútbol Rayados de Monterrey, Tigres de Nuevo León, Chivas de Guadalajara y a la Selección Mexicana de fútbol. Inicialmente estuvo bajo arresto domiciliario en Monterrey. Entró a la prisión de Topo Chico el 17 de noviembre de 1997,donde permaneció durante 8 años. El 25 de diciembre de 2005 fue liberado tras el pago de MXN 53 millones.

Miguel Nazar Haro, ex titular de la Dirección Federal de Seguridad también estuvo preso en el centro penitenciario “Topo Chico”, acusado de haber intervenido en la captura y desaparición del militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre Jesús Piedra Ibarra, hijo de Rosario Ibarra de Piedra, en 1975.

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Nazar Haro es conocido como el creador de la Brigada Blanca, un grupo paramilitar responsable de la identificación, captura, desaparición, tortura y muerte de militantes de la izquierda política. Fue liberado por su edad para terminar sus últimos días en casa.

Rodrigo Medina, ex gobernador de Nuevo León estuvo por alrededor de 19 horas en el Penal de Topo Chico acusado de peculado y daño al patrimonio estatal. El amparo de un juez federal le permitió recuperar su libertad.

José de Jesús Arellano Alcocer, conocido como “el Cabrito” Arellano, fue acusado de violar a su propia sobrina. El destacado mediocampista de Las Chivas de Guadalajara y Los Rayados del Monterrey ingresó al centro penitenciario el 4 de mayo de 2019; había permanecido 2 años prófugo, pero tras ser detenido casi inmediatamente fue puesto en libertad “por falta de pruebas”. La Fiscalía de Nuevo León no logró acreditar el delito de abuso sexual en agravio de una de sus sobrinas, así que apenas permaneció 5 días en el penal de “Topo Chico”.

 Reclusos rendían culto a la Santa Muerte (Foto: Gobierno de Nuevo León)
Reclusos rendían culto a la Santa Muerte (Foto: Gobierno de Nuevo León)

Culto satánico

La masacre de “Topo Chico”, que tuvo lugar el 10 de febrero de 2016, reveló que las autoridades penitenciarias no tenían el control del penal; eran los propios reclusos quienes se disputaban territorios, ganancias y privilegios, propios de sus actividades delictivas.

La complicidad de algunos funcionarios del sistema carcelario también fue evidenciada. Sólo con ese apoyo “oficial”, los jefes criminales vivían entre lujosos jacuzzi, sillones, pantallas de televisión de alta tecnología, mosaicos en los pisos, un bar con cocina y hasta sistemas de aire acondicionado

La revista Proceso documentó recientemente un reportaje sobre el Penal de “Topo Chico”. en el que encontraron “cientos de altares de la Santa Muerte, que incluían figuras de tamaño real, cuadros y vestuarios”, como un culto satánico que profesaban varios de los reclusos.

“Al fondo del penal, en la esquina norponiente, cerca del área siquiátrica, había una especie de bodega apartada, que era la sala de esparcimiento del zeta y sus soldados. Había bar y mesa de billar. También había mesas para futbolito y sofás para estar cómodamente instalados. Enfrente, tenía un altar de la Santa Muerte en una capilla de concreto. El interior está delicadamente delineado y aunque ya está vacía, todavía sigue en pie”, señala la pieza periodística del periodista Luciano Campos.


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