
Los vientos extremos previstos para este otoño en el Reino Unido, impulsados por el fenómeno de El Niño, podrían provocar una mortalidad masiva de árboles ya debilitados por meses de calor récord y sequía prolongada, según advierten expertos forestales. El verano de 2026 dejó vastas franjas del campo inglés con tierra reseca y árboles que perdieron sus hojas de forma anticipada para sobrevivir a las temperaturas.
La situación preocupa a los especialistas porque las condiciones de este año son inéditas. Una ola de calor en primavera llevó los termómetros a 35℃ en mayo, el más caluroso jamás registrado.
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Kevin Martin, jefe de colecciones arbóreas de Kew Gardens —el jardín botánico real del Reino Unido y uno de los principales centros de investigación vegetal del mundo—, resumió la magnitud del problema. “Toda la temporada de crecimiento este año estuvo bajo estrés. Nunca antes vivimos un impacto ambiental como este”, declaró al diario británico The Guardian.
Los árboles perdieron flexibilidad y quedaron expuestos a las tormentas de otoño

Para sobrevivir al calor extremo, los árboles no crecieron con normalidad y se volvieron menos flexibles y más quebradizos. Esa fragilidad estructural los deja vulnerables ante los vientos intensos que se anticipan. “Si vemos los vientos extremos que se predicen este año por El Niño, vamos a ver potencialmente grandes impactos sobre los árboles”, advirtió Martin.
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La Oficina Meteorológica del Reino Unido (Met Office) confirmó que el evento de El Niño que se desarrolla sobre el océano Pacífico será probablemente el más intenso en más de un siglo, con lluvias copiosas y tormentas previstas para el otoño. El fenómeno, de origen natural, se vio agravado por el calentamiento global.
Entre las consecuencias más graves figura la muerte radicular: cuando a una sequía prolongada le siguen lluvias intensas, la estructura del suelo se desestabiliza y los árboles pueden perder su anclaje. “Podríamos empezar a ver algunos árboles que fallen en la placa de raíces. Estoy muy preocupado por este otoño”, señaló Martin.
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Kew podría superar las 400 bajas que dejó la ola de calor de 2022

Tras el episodio de calor de 2022, Kew perdió más de 400 árboles por la sequía. Martin estima que el impacto de este año será mayor. “De lo que puedo ver en el paisaje aquí en Kew, vamos a ver mucha más mortalidad que en 2022, porque muchos árboles que apenas sobrevivieron ese año no van a lograrlo este”, afirmó.
El alcance real del daño no será conocido hasta dentro de dos o tres años, dado que los efectos de las sequías extremas en los árboles se manifiestan de forma diferida. Los ejemplares más antiguos son los más vulnerables: especialistas alertaron que las centenarias encinas inglesas están muriendo por el calor y la aridez.
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Martin también advirtió que ciertas especies podrían desaparecer de algunos paisajes de forma definitiva. “Podríamos perder el abedul plateado, la haya común y el roble de los paisajes donde estamos acostumbrados a verlos”, dijo.
El cambio climático transforma los veranos extremos en una amenaza permanente

Simon Richmond, técnico de la Asociación de Arboricultura (Arboricultural Association), reconoció que los árboles son organismos resistentes, capaces de adaptarse a episodios puntuales de clima extremo. Sin embargo, subrayó que “el peligro al que nos enfrentamos ahora es la probabilidad de que, con el cambio climático, este sea un patrón prolongado”.
En paralelo, Marcus Lindner, científico principal del Instituto Forestal Europeo, alertó que varios años consecutivos de condiciones extremas pueden llevar a ciertas especies al límite. “Las especies que normalmente toleran la sequía están adaptadas a un cierto nivel de estrés hídrico, pero si tenemos sequías continuas y repetidas, en algún momento ya no podrán soportarlo”, explicó al mismo medio.
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