
Una seguidilla de días nublados convirtió a Buenos Aires en una ciudad donde el sol parece ausente. La percepción no es solo una sensación: detrás de la persistente nubosidad que marcó el invierno de 2026 en la capital argentina, se encuentra la influencia de un fenómeno climático global y una serie de factores atmosféricos que explican el paisaje gris.
Según explicó la meteoróloga de Meteored Cindy Fernández en diálogo con Infobae, las estadísticas y los registros del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) muestran que estos días forman parte de un patrón asociado a un invierno con El Niño activo.
¿Cuántos días nublados son habituales en Buenos Aires durante el invierno?

El invierno porteño suele dividirse entre jornadas soleadas y otras bajo una densa cobertura de nubes. De acuerdo con los datos del SMN, en promedio, es esperable que cerca de 40 de los 90 días invernales presenten cielos completamente nublados sobre Buenos Aires. “Lo normal es tener casi 40 días de los 90 que dura el invierno con el cielo nublado. Eso es lo que dicen las estadísticas”, precisó Fernández. El resto de los días se reparte entre unos 25 soleados y cerca de 25 a 30 con nubosidad variable.
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El conteo específico de este año acompaña esa tendencia. “Desde el 1 de junio hasta ahora, hemos tenido 27 días con una cobertura nubosa de siete u ocho sobre ocho posibles, lo que significa cielo totalmente cubierto sin rastro de sol”, detalló la especialista. Según los registros consultados por Infobae, “casi no hubo días despejados. Todos los días tuvieron bastante nubosidad, sobre todo en comparación con inviernos anteriores”.
El SMN confirmó que junio presentó entre 12 y 16 días nublados, julio entre 16 y 20, y en agosto ya suman 10 jornadas bajo nubes en los primeros 18 días del mes. Fernández aclaró que “la sensación de que el invierno fue especialmente gris se refuerza porque no tuvimos casi días completamente despejados”.
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El Niño y la reorganización de la atmósfera

La clave para entender la persistencia de las nubes está en el impacto del fenómeno El Niño. Según explicó Fernández a Infobae, “esto es clásico y típico de los inviernos con El Niño”. El fenómeno, en fase activa desde abril, modifica la circulación atmosférica sobre Sudamérica y, en particular, sobre la franja central de Argentina.
Durante los inviernos con El Niño, según la meteoróloga, “se generan bajas presiones sobre la costa de Chile central, a la altura de Cuyo, mientras que las altas presiones se posicionan más al sur y al norte. La alta presión del sur se intensifica bastante”. Esta configuración favorece que los sistemas de baja presión, junto con el flujo de humedad tropical, se canalicen hacia el país por los Andes centrales. “Los ríos atmosféricos transportan mucha humedad desde zonas tropicales y la depositan en la región central de Argentina”, detalló Fernández.
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El resultado es una combinación de frentes fríos intensos y una gran cantidad de humedad, lo que genera “una situación constante de nubes y precipitaciones”. La especialista agregó: “Lo clásico que sucede en un invierno con El Niño son fríos extremos al sur, nevadas persistentes en la cordillera central y, en el centro del país, inviernos húmedos y con mucha nubosidad”.
La información coincide con el análisis de Christian Garavaglia, meteorólogo de Meteored, quien explicó que “la cobertura nubosa sobre Argentina durante los últimos meses mostró un aumento notorio de los cielos cubiertos”. Según Garavaglia, “no se trata simplemente de una impresión subjetiva. La cantidad de horas con cielo cubierto puede modificar por completo la percepción que tenemos de la estación”.
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Impacto en Buenos Aires: datos y pronóstico

El fenómeno El Niño se consolidó a comienzos del invierno de 2026 y ya desde junio el SMN estimaba un 90% de probabilidades de una fase cálida, tendencia que se sostuvo durante julio y agosto. “Las condiciones asociadas a El Niño suelen favorecer un aumento de las precipitaciones y temperaturas superiores a lo normal en nuestra región”, explicó Garavaglia. En Buenos Aires, esto se traduce en más jornadas nubladas, menos radiación solar y una sensación térmica que acentúa el frío.
El área metropolitana atraviesa semanas con humedad elevada, temperaturas máximas que apenas superan los 14 ℃ y mínimas cercanas a los 10 ℃. Según el reporte diario de Meteored, “la tendencia de cielos grises persistirá para el martes y miércoles, con lloviznas o lluvias aisladas durante las primeras horas del día”.
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Las proyecciones para la primavera y el verano también están condicionadas por el fenómeno global. “Ahora lo más importante es que, a medida que entramos en la primavera y sobre todo el verano, los efectos de El Niño más notorios están relacionados con las precipitaciones”, anticipó Fernández. En este escenario, el este de Argentina —incluida Buenos Aires— podría registrar eventos de lluvias extremas y temporadas muy lluviosas.
El efecto de la falta de sol en la vida cotidiana

La sucesión de días grises tiene repercusiones que van más allá del termómetro. Según explicó Garavaglia en Meteored, “la exposición a la luz natural participa en la regulación de nuestro reloj biológico, que organiza los ciclos de sueño y vigilia”. La disminución de la luz solar impacta en mecanismos vinculados a la melatonina y la serotonina. “Cuando el invierno combina días cortos con una seguidilla de cielos nublados, la cantidad de luz ambiental disponible puede ser considerablemente menor”, sostuvo el meteorólogo.
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La investigación científica asocia estos cuadros con alteraciones en los ritmos circadianos y cambios en el estado de ánimo. “No significa que un cielo nublado provoque depresión, pero sí ayuda a entender por qué un período prolongado sin luz solar puede contribuir al cansancio, la somnolencia, los cambios en el sueño o una menor sensación de bienestar en algunas personas”, agregó Garavaglia.
La percepción de que el invierno de 2026 fue especialmente oscuro se apoya en los registros y en la experiencia cotidiana. “La aparición de un día soleado después de una larga seguidilla de nubosidad produce una reacción casi inmediata. Cambia el paisaje, cambia la temperatura percibida y, para muchos, cambia también el ánimo”, añadió el especialista.
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Qué se espera en los próximos meses para Buenos Aires

El invierno está cerca de su fin, pero la influencia de El Niño seguirá marcando el clima en Buenos Aires y otras regiones del país. Según explicó Fernández a Infobae, “en primavera, las condiciones de El Niño empiezan a cambiar un poco. Lo más importante es que favorece los eventos de lluvia, sobre todo en el este de Argentina”. El litoral y el norte de la provincia de Buenos Aires concentran la mayor probabilidad de lluvias intensas, aunque el área metropolitana también podría registrar precipitaciones superiores al promedio.
Los registros históricos del SMN muestran que octubre suele ser el mes con más lluvias en el AMBA: el promedio es de 120 milímetros, aunque se han registrado picos de hasta 367. “La combinación de un Súper El Niño, sumada a la influencia del cambio climático y a un mes de por sí lluvioso, podría desembocar en eventos extremos, aunque todavía es pronto para determinarlo”, advirtieron los meteorólogos.
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Con la llegada del verano, se espera que la fase más intensa de El Niño pierda fuerza gradualmente, aunque la probabilidad de lluvias continuará por encima de los valores normales. Fernández concluyó que “el principal riesgo de precipitaciones extremas está hacia el litoral argentino, pero Buenos Aires no queda exenta de estos episodios”.
El clima, más allá de la meteorología
El predominio de los cielos nublados en Buenos Aires durante 2026 responde a una conjunción de factores estadísticos y fenómenos globales. El invierno gris, lejos de ser una anomalía aislada, refleja la interacción entre El Niño, la circulación atmosférica y la geografía local. Los especialistas coinciden en que comprender estos procesos ayuda a anticipar sus efectos y a prepararse para las temporadas siguientes, en un contexto donde el clima sigue mostrando su capacidad de transformar la vida urbana.
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