
Una investigación internacional ha determinado que el aumento reciente del nivel del mar a escala global solo puede comprenderse cabalmente incluyendo el aporte del calentamiento de las profundidades oceánicas por debajo de los 2.000 metros.
El estudio, liderado por Anny Cazenave del Laboratorio de Estudios Geofísicos y Oceanográficos Espaciales (LEGOS) en Toulouse, y publicado en la revista Earth’s Future, concluye que, desde 2016, el balance global del nivel medio del mar exhibía una brecha inexplicada que ahora logra “cerrarse” al sumar este fenómeno a los registros oficiales.
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El análisis de Cazenave y su equipo documenta que la contribución de las profundidades oceánicas al ascenso del nivel del mar entre 2005 y 2022 fue de 0,4 milímetros por año, lo que equivale aproximadamente al 10% del aumento total observado en ese período. Esta estimación presenta un margen de incertidumbre cercano al 40%, según indica el artículo en Earth’s Future.
Los científicos sostienen que hasta antes de 2016 las fluctuaciones se podían explicar con los datos tradicionales, pero a partir de ese año comenzó a acumularse una discrepancia que no resultó justificada hasta la presente reevaluación.
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La profundidad media de los océanos del planeta, considerando su conjunto, es de 3.682 metros, de acuerdo con datos de la NOAA. Sin embargo, la mayoría de las mediciones directas sobre temperatura marina se restringían hasta los 2.000 metros.
Los científicos han logrado precisar que el reciente incremento del nivel del mar no corresponde únicamente a la fusión de hielos glaciales o al deshielo en Groenlandia y la Antártida, sino que, en una proporción significativa, responde a la expansión térmica causada por el calor acumulado en las regiones abisales. De esta manera, el fenómeno de aceleración del nivel del mar requiere ahora del rastreo y modelización de capas marinas mucho más profundas para su adecuada interpretación.
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Desde mediados de la década de 2000, una cooperación internacional sostiene una red de más de 4.000 boyas Argo que monitorean ininterrumpidamente las propiedades de los primeros 2.000 metros del océano: temperatura, salinidad y presión. Cada vez que emergen, envían su información a los satélites. Estos dispositivos han permitido evaluar, por ejemplo, que desde 2005 los primeros 2.000 metros del océano mundial han recibido 220 zettajulios de calor, lo que equivale a un incremento promedio de 0,077 °C, según los cálculos.

Sin embargo, existe una limitación tecnológica relevante. Las boyas Argo no pueden descender más allá de los 2.000 metros, por lo que quedan desprovistas de datos directos las profundidades en las que se identifica la nueva fuente de aumento del nivel del mar. Aunque existen proyectos como las Deep Argo, capaces de llegar entre 4.000 y 6.000 metros, hasta marzo de 2026 solo se habían desplegado unas pocas unidades, insuficientes para obtener una cifra global representativa del calentamiento profundo.
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Esta falta de observación directa en la zona abisal motivó la aplicación de técnicas de reanálisis climático. El equipo de Cazenave recurrió a modelos numéricos por computadora que reconstruyen variables no medidas en profundidad, a partir de multitud de datos históricos y observados, para inferir el comportamiento térmico en las capas más profundas del océano global.
El desarrollo del Reanálisis Global de IA Histórica del Cnr ISMAR (CIGAR), una herramienta presentada en 2024, resultó clave para compensar los vacíos de medición y completar así el presupuesto energético de los océanos.

Cómo se integró un mosaico global de fuentes y variables para cerrar el balance
Para conformar una reconstrucción integral, el grupo utilizó datos satelitales de altimetría Copernicus sobre el aumento del nivel del mar, cifras in situ de temperatura para la columna oceánica superficial y media (0-2.000 metros) de cinco conjuntos de datos independientes de Argo, y modelos sobre la variación de masa oceánica, elaborados a partir de la misión GRACE. A esto sumaron registros sobre el balance global de masa glaciar (proporcionados por Copernicus), estimaciones de cambios en el almacenamiento de agua terrestre, y el efecto de las represas sobre el ciclo del agua y el océano superficial.
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En lo relativo al reanálisis de las profundidades, la combinación de estimaciones modeladas e información indirecta permitió llenar los huecos de observación, especialmente en las regiones por debajo de los 2.000 metros. Es esta integración multidisciplinar la que facilita explicar la discrepancia detectada desde 2016 en los balances globales.
El artículo, coordinado por Cazenave y participado por expertos de Europa y China, sostiene que el calor acumulado en las profundidades oceánicas representa ahora 0,4 milímetros anuales del incremento del nivel del mar a escala global, valor que, a su vez, equivale aproximadamente a una décima parte del aumento total medido en los últimos años.
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Cazenave y sus colaboradores plantean que la inclusión del calentamiento profundo implica un cambio de rumbo en la vigilancia del aumento del nivel del mar y su atribución causal. Indican que hasta hace poco se entendía el ascenso principalmente como resultado de la combinación entre la fusión de masas de hielo —glaciares de montaña, Groenlandia y la Antártida— y la expansión térmica superficial.
El fenómeno de expansión térmica en las regiones abisales coloca ahora bajo escrutinio nuevos interrogantes científicos: ¿se trata de variabilidad climática interna, de una respuesta inducida por la acción humana, o de una combinación interdependiente de ambos factores?
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La respuesta a esta pregunta requiere herramientas predictivas más robustas. El equipo señala como opción la utilización de los modelos climáticos acoplados del programa CMIP, capaces de simular la interacción dinámica entre la atmósfera, el océano, la superficie terrestre y el hielo marino.
La investigación publicada en Earth’s Future concluye que el siguiente desafío será determinar la proporción del calentamiento abisal debida a causas antropogénicas frente a fluctuaciones inherentes al sistema planetario, con potenciales consecuencias para la política climática y la gestión costera en todo el mundo.
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