
El calentamiento global y la creciente frecuencia de sequías crean condiciones en las que la concentración de antibióticos en el ambiente favorecen la supervivencia y proliferación de bacterias resistentes, un fenómeno que amenaza con multiplicar las infecciones difíciles de tratar a escala mundial, informó la revista de divulgación científica Science News.
Esta conclusión emerge de dos investigaciones, publicadas en las revistas Nature y Nature Microbiology, que aportan pruebas sobre cómo el cambio climático, al elevar temperaturas y reducir la disponibilidad de agua en suelos agrícolas y naturales, intensifica la resistencia bacteriana, una cuestión central de salud pública.
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En el análisis de datos hospitalarios provenientes de 116 países, se detectó que las infecciones causadas por bacterias resistentes a antibióticos aparecen con mayor frecuencia en las regiones más secas, informó el equipo liderado por la microbióloga Xiaoyu Shan, de Caltech, el Instituto de Tecnología de California. Este hallazgo sugiere un vínculo ambiental directo entre las condiciones de aridez y la presencia de patógenos que desafían los tratamientos convencionales.

Calor y genes resistentes
La resistencia antibiótica se ha asociado históricamente a la mala administración de fármacos, como la suspensión prematura de un tratamiento o su prescripción incorrecta en enfermedades virales. Muchos de estos compuestos tienen su origen en microbios del suelo, que los emplean como arma en la competencia por recursos. El hecho de que el ambiente contribuya a este fenómeno añade una complejidad al problema.
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Durante 11 años —de 2009 a 2020—, el equipo del microbiólogo Jizhong “Joe” Zhou, en la Universidad de Oklahoma, utilizó lámparas de infrarrojos para mantener parcelas de pastizales a 3°C por encima del entorno natural. El análisis genético de los suelos mostró que los genes asociados a la resistencia a los antibióticos eran 25% más abundantes en las comunidades microbianas de los terrenos calentados respecto de las áreas no alteradas.
De acuerdo con Zhou, la resistencia no surgió necesariamente por exposición directa a antibióticos, sino como consecuencia de la adaptación bacteriana a ambientes más cálidos.
En estas condiciones elevadas, los microbios no solo desarrollaron mecanismos de defensa, sino que los organismos previamente resistentes tuvieron mayor oportunidad de prosperar. El intercambio de genes entre bacterias parece haber facilitado la difusión de la resistencia a lo largo de toda la población microbiana del suelo.
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Sequía y concentración de antibióticos
El agotamiento de agua no solo reseca el suelo; también aumenta la concentración de compuestos antibióticos y modifica las dinámicas microbianas. El equipo observó que, durante periodos de sequía extrema en cultivos de California, bosques suizos y humedales chinos, la producción de antibióticos por los propios microbios del suelo aumentaba frente a condiciones normales de humedad.
Los experimentos en laboratorio confirmaron que la escasez de agua concentra estos antibióticos en el suelo, lo que extermina a las bacterias sensibles y permite prosperar a las resistentes. Dianne Newman, coautora del estudio, utilizó una analogía para ilustrar el proceso: “Si pones azúcar en una solución y dejas que se evapore, el azúcar se concentra hasta formar caramelo. La sequía no produce caramelo, pero obliga a los antibióticos y microbios a vivir más juntos”.
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Este hacinamiento favorece el intercambio de genes entre microorganismos y aumenta la posibilidad de que cepas resistentes lleguen hasta las personas. El análisis hospitalario identificado demostró que la resistencia bacteriana es mayor en zonas secas, una observación congruente con los patrones ambientales descritos.
Ambientes áridos y salud pública
El papel del polvo y la movilidad microbiana también cobra relevancia en estos entornos. Shan señaló que los ambientes áridos son “polvorientos” y que las corrientes de aire pueden transportar microbios resistentes a lo largo del paisaje, lo que aumenta la exposición humana a agentes patógenos difíciles de eliminar.
El epidemiólogo y economista Ramanan Laxminarayan, de la organización de investigación internacional One Health Trust, precisó que establecer un vínculo causal definitivo entre la presencia de genes de resistencia en el suelo y las infecciones humanas sigue aún resulta complejo, pues intervienen factores como la disponibilidad deficiente de servicios de salud en las zonas más desérticas, lo que puede retrasar la atención médica.
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No obstante, Laxminarayan subrayó que los avances de estos estudios demuestran que la lucha contra la resistencia a los antibióticos requiere una vigilancia activa del entorno natural: “Estamos a merced del medio ambiente. No podemos resolver todos los problemas de salud pública trabajando solo en los hospitales. Tendremos que mirar también al ambiente”.

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