
Un equipo internacional de especialistas identificó consecuencias genéticas asociadas al aislamiento de los elefantes africanos en distintas regiones del continente, según informó el portal especializado en ciencia Phys.org. El estudio, considerado el mayor análisis genómico realizado hasta la fecha sobre esta especie, destacó que la preservación de las rutas de desplazamiento fue un factor relevante para la continuidad poblacional.
El análisis, publicado en la revista científica Nature Communications, subrayó que la fragmentación del hábitat, es decir, la división de áreas naturales en partes más pequeñas y aisladas por actividades humanas como la agricultura o la urbanización, amenaza no solo la supervivencia de las poblaciones más expuestas, sino también la diversidad genética acumulada durante millones de años gracias al libre movimiento entre hábitats remotos.
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Los resultados del estudio revelaron que más del 85 % de la variación genética total proviene de las diferencias históricas entre ambas especies. Alfred Roca, profesor de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign y coautor principal, explicó que estas diferencias se remontan a una trayectoria evolutiva divergente de cuatro millones de años, y recomendó evitar la hibridación inducida entre especies por medio de traslocaciones.
Los investigadores advirtieron que la presencia de genes de elefante de bosque en poblaciones de sabana no implicó necesariamente una ventaja adaptativa, por lo que propusieron restringir las reubicaciones a distancias regionales limitadas.
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Impacto regional y patrones de consanguinidad
El trabajo consideró 232 genomas completos de elefantes forestales y de sabana obtenidos en 17 países africanos e integró muestras biológicas recolectadas durante más de tres décadas, secuenciadas mediante el programa iConserve de Illumina, una iniciativa tecnológica para conservación genética.
El estudio mostró que los riesgos se concentraron en el nordeste africano, donde pequeños grupos de elefantes se encontraron aislados a más de 400 kilómetros de sus congéneres, cercados por asentamientos humanos y zonas agrícolas.
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En esos casos, el equipo detectó altos niveles de consanguinidad —la reproducción entre individuos emparentados, lo que puede aumentar los riesgos genéticos—, baja diversidad genética y una acumulación de mutaciones perjudiciales, condiciones que incrementaron la vulnerabilidad frente a enfermedades y cambios ambientales.
En África occidental se observó una problemática similar, matizada por el histórico comercio de marfil y la alta densidad poblacional, factores que redujeron y fragmentaron las comunidades de elefantes durante siglos.
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Por contraste, los elefantes de sabana de África centro-occidental no presentaron la misma pérdida de variabilidad genética. En esa región, la presencia de genes de elefante de bosque —adquiridos por hibridación natural (cruce entre especies que ocurre sin intervención humana)— compensó parcialmente los efectos del aislamiento y los cuellos de botella anteriores, aunque los autores señalaron que los límites y el comportamiento de la hibridación ancestral aún no se comprendieron completamente.
Conectividad ecológica y conservación
La pregunta de conservación se centró en la conectividad ecológica. Charles Masembe y Vincent Muwanika, profesores de la Universidad Makerere en Uganda y coautores del estudio, indicaron: “Nuestros hallazgos aportan información fundamental sobre la salud genética y la conectividad de las poblaciones de elefantes en África”. Este conocimiento es esencial para diseñar estrategias de conservación más eficaces, que incluyan el manejo del hábitat, la protección de corredores y decisiones informadas sobre traslocación.
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El análisis de los mapas genéticos reveló que la libre circulación de los elefantes fue uno de los principales motores de su robustez genética a lo largo de la historia natural, señaló Patrícia Pečnerová, profesora asociada en la Universidad de Copenhague y Lund University y autora principal del estudio.
En la actualidad, el mejor ejemplo de conectividad y salud genética se encontró en el área transfronteriza de conservación Kavango-Zambeze (región KAZA), que abarca 520.000 km² en cinco países del sur de África. Allí, las poblaciones mantuvieron una riqueza genética elevada gracias a la continuidad de los corredores ecológicos.
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La situación difirió en otras zonas donde la fragmentación del hábitat por agricultura, infraestructura y presión demográfica bloqueó las rutas de dispersión y fomentó el aislamiento.
Chris Thouless, director de conservación de la organización Save the Elephants y de Elephant Crisis Fund, comentó que “las pruebas de consanguinidad en poblaciones aisladas y reducidas de elefantes de sabana resultan preocupantes”, especialmente al considerar que los datos analizados corresponden a un período anterior al auge reciente de la caza furtiva de marfil.
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Herramientas genómicas y perspectivas a futuro
La investigación resaltó que el futuro de la especie depende de la protección simultánea de los animales y de los paisajes que permitieron su conexión. Sin estos corredores, incluso las comunidades en áreas protegidas pudieron degradarse genéticamente.
El equipo, junto con la organización conservacionista y la institución zoológica dedicada a la conservación San Diego Zoo Wildlife Alliance, trabajó en el desarrollo de herramientas de ADN aplicables en campo para monitorizar poblaciones silvestres y rastrear el origen del marfil incautado, lo que introduce inteligencia forense en la lucha contra el tráfico ilegal.
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Por primera vez, el conjunto de datos de referencia estuvo disponible públicamente para estudios y acciones de conservación futuros. Los autores del estudio concluyeron que “al integrar la genómica en la educación y la planificación de la conservación, es posible proteger mejor a las poblaciones de elefantes para las próximas generaciones, garantizando su función ecológica y su supervivencia en ambientes en rápida transformación”.
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