
El Salvador perdió 87,000 hectáreas de cobertura arbórea entre 2001 y 2025, según alertó la organización Mesa Permanente para la Gestión de Riesgos en El Salvador, una merma que la ONG vincula con la destrucción de zonas de recarga acuífera, el aumento de la temperatura local, la erosión de suelos, la pérdida de biodiversidad y un escenario de “vulnerabilidad extrema” que, de acuerdo con su comunicado, hará de 2026 un punto crítico para las comunidades más pobres y excluidas.
La aceleración reciente concentra una parte relevante de ese retroceso: 13.000 hectáreas se perdieron entre 2019 y 2025, según la misma organización. La MPGR situó ese dato dentro de una tendencia de deforestación creciente en un país donde cerca del 30 % del territorio nacional mantiene algún tipo de bosque o ecosistema vegetal.
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La advertencia fue difundida en un comunicado publicado en redes sociales con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, según EFE. Allí, la organización sostuvo que la pérdida de árboles “no es solo un dato” y enumeró efectos directos sobre el agua, el clima local, los suelos y los ecosistemas.
La ONG vincula la pérdida forestal con agua, calor, erosión y riesgo climático
La respuesta central al deterioro señalado por la MPGR es concreta: la reducción de la cobertura arbórea debilita la capacidad del territorio para retener agua, proteger suelos y amortiguar fenómenos extremos. Según la organización, esa combinación deja más expuestas a las comunidades salvadoreñas a inundaciones, deslaves, olas de calor y restricciones en el acceso al agua potable.
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La MPGR atribuyó el proceso al “avance desmedido de la frontera urbanística”, a la falta de ordenamiento territorial con enfoque de gestión de riesgos y a una aplicación débil de las normas ambientales. Según el comunicado citado por EFE, esa dinámica está dejando desprotegidas las cuencas hidrográficas más importantes del país.
El texto fuente también identifica la expansión urbana y de infraestructura como una de las presiones principales sobre los remanentes boscosos. Ese avance incluye complejos habitacionales, residenciales y comerciales que han fragmentado áreas verdes en zonas metropolitanas.
A esa presión se suma el avance de la frontera agrícola, que transforma bosques en tierras de cultivo o pastizales para ganadería. El mismo texto añade que organizaciones de la sociedad civil han cuestionado permisos de construcción y políticas permisivas que aceleran los cambios de uso de suelo en zonas vulnerables.
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Usulután concentra la mayor cobertura arbórea del país
Dentro de la distribución territorial, Usulután reúne la mayor cobertura arbórea de El Salvador, con alrededor de 100.000 hectáreas, según el texto fuente. También se mencionan como áreas relevantes regiones que albergan espacios protegidos como el Parque Nacional Montecristo y la Bahía de Jiquilisco.
El retroceso forestal afecta de forma directa la recarga de acuíferos subterráneos, porque la eliminación de árboles reduce la capacidad del suelo para infiltrar y almacenar agua. La misma fuente añade que la ausencia de raíces y vegetación incrementa la erosión y eleva el riesgo de inundaciones y deslaves durante tormentas tropicales, además de agravar las olas de calor.
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La pérdida de hábitat aparece como otra consecuencia inmediata. La fauna y la flora nativas sufren desplazamientos masivos, una presión que puede empujar a múltiples especies locales hacia el peligro de extinción.
La MPGR resumió esa convergencia de factores en una advertencia sobre el próximo año. “Este 2026 representa un punto crítico. Las comunidades salvadoreñas, especialmente aquellas en condiciones de pobreza y exclusión histórica, se enfrentan a un escenario de vulnerabilidad extrema, derivado de una alarmante combinación: la degradación acelerada de los, ya escasos, bienes naturales y los impactos del cambio climático”, afirmó la organización en el comunicado citado por EFE.
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El país mantiene programas de restauración
El Salvador mantiene un compromiso internacional para restaurar 1 millón de hectáreas de bosque hacia 2030 mediante técnicas de forestería y agricultura adaptada al clima, según el texto fuente. En esa línea, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y el Fondo de Inversión Ambiental de El Salvador ejecutan programas como el Fondo de Desarrollo Verde para recuperar zonas Ramsar, entre ellas manglares como el Complejo Jaltepeque.
La campaña nacional “Árboles para El Salvador”, orientada a reforestar miles de hectáreas afectadas por incendios forestales. La comunidad técnica, de acuerdo con esa misma información, advierte que los árboles jóvenes no reemplazan de inmediato los servicios ecosistémicos que presta un bosque maduro.
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