
El reciente descubrimiento sobre la capacidad de los suelos montañosos para almacenar carbono desafía suposiciones anteriores y redefine la función de estos ecosistemas para enfrentar el cambio climático, según un estudio publicado en Science Advances.
Investigadores estadounidenses determinaron que los suelos de las zonas montañosas pueden almacenar hasta el doble de carbono de lo que se estimaba, lo que podría transformar las estrategias para la protección ambiental y la gestión territorial.
Nuevas evidencias apuntan a que los suelos de regiones montañosas, en especial aquellos formados por antiguos deslizamientos de tierra, contienen depósitos de carbono mucho mayores de lo que se pensaba. Este hallazgo implica que proteger y restaurar estas áreas puede resultar clave en el diseño de soluciones naturales para mitigar el calentamiento global, ya que su gigantesca capacidad de almacenamiento de carbono contribuye a reducir la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
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El equipo liderado por Brooke Hunter (Appalachian State University) y Josh Roering (Universidad de Oregón) analizó cerca de 10.000 deslizamientos de tierra en la cadena de la Costa de Oregón, algunos con una antigüedad de hasta 480.000 años.
Según Science Advances, se perforaron seis deslizamientos seleccionados para medir la densidad de carbono en el suelo, lo que permitió generar un modelo general para estimar las reservas de carbono de toda el área estudiada.
Capacidad de los suelos montañosos para almacenar carbono
Contrario a la creencia habitual, las superficies montañosas son reservorios de carbono con una capacidad notablemente superior a la estimada, según enfatizó Roering a Science Advances: “Estas zonas pueden ser sorprendentes reservorios de carbono orgánico del suelo”.
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La investigación demostró que los suelos originados por antiguos deslizamientos pueden superar los cinco metros de profundidad, en contraste con los modelos anteriores que consideraban únicamente 30 centímetros como referencia. Esta profundidad favorece una acumulación mucho mayor de carbono.
La presencia abundante de material fino, producto de miles de años de meteorización, incrementa la superficie de contacto en el suelo y potencia su capacidad para fijar carbono. Hunter explicó a Science Advances: “Cuando pensamos en el carbono terrestre, el suelo contiene más carbono que la vegetación y la atmósfera combinadas”.
Las zonas montañosas que presentan mayor antigüedad y profundidad almacenan más carbono debido a procesos de transformación mineral de larga duración. Esto posiciona estos suelos como aliados fundamentales para el equilibrio climático planetario.
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Implicaciones para la lucha contra el cambio climático
De acuerdo con Science Advances, estos resultados redefinen la comprensión global sobre el ciclo del carbono. Históricamente, las investigaciones daban prioridad a las áreas agrícolas llanas, consideradas más sencillas de medir y registrar en términos de erosión y deposición de suelo.
Sin embargo, el avance en la caracterización de paisajes montañosos permite identificar zonas prioritarias donde aplicar prácticas como el enriquecimiento mineral de suelos o la conservación de la cubierta forestal. Estas acciones forman parte de las llamadas soluciones naturales para el clima.

El almacenamiento de carbono en estos suelos resulta decisivo para reducir la presencia de gases de efecto invernadero en la atmósfera y facilitar estrategias más efectivas frente al calentamiento global. “En la gestión de suelos y soluciones naturales, no existe una solución milagrosa. Integrar estos modelos puede ayudar a determinar qué métodos son eficaces en cada sitio”, señaló Hunter.
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Obstáculos, metodologías y futuro de la investigación
Las dificultades para acceder y medir con precisión la profundidad del suelo en zonas montañosas habían impedido estudios detallados. Roering puntualizó: “Tenemos nuestro propio sistema de registro para entender cuánto tarda la roca en convertirse en suelo y cuánto tiempo permanece allí antes de llegar a los ríos y más allá”.
El equipo de especialistas utilizó el análisis geomorfológico y la recopilación de datos de campo integrados a modelos predictivos. “Nuestro estudio enfatiza la importancia de realizar mejores mapas geomorfológicos e integrar los datos de campo en modelos predictivos”, dijo Roering en declaraciones a Science Advances,
Desarrollar mejores técnicas y expandir la investigación en regiones complejas permitirá obtener cálculos más exactos de las reservas de carbono a escala mundial.
Impacto en la gestión y protección de suelos

El reconocimiento de las zonas montañosas como enormes reservorios de carbono cambia la perspectiva para la gestión de suelos y el despliegue de soluciones naturales orientadas al clima. Conforme sugiere Science Advances, proteger estas áreas, especialmente en lugares con antecedentes de deslizamientos y suelos profundos, resulta esencial para la mitigación climática.
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Evitar la erosión y mantener la vegetación son claves para preservar el carbono almacenado, lo que conduce a políticas y modelos de gestión más ajustados a las características de cada territorio.
Contar con información precisa sobre la distribución y volumen de carbono en suelos montañosos permite diseñar prácticas que prioricen la conservación de zonas críticas, generando beneficios locales y globales para el clima.
Conocer la ubicación de las áreas con mayor concentración de carbono permitirá orientar la gestión para asegurar que esas reservas continúen aportando al equilibrio atmosférico en el largo plazo.
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