
Las abejas, esenciales para la polinización de cultivos y plantas silvestres, enfrentan presiones ambientales que ponen en riesgo tanto la biodiversidad como la seguridad alimentaria.
Un estudio reciente de Monash University señala que el aumento de la temperatura modifica el comportamiento de la abeja melífera europea (productora de miel) con mayor intensidad que los efectos de la urbanización. En cambio, las nativas australianas mantienen sus respuestas habituales frente al calor.
Diferencias en la respuesta de las abejas ante amenazas ambientales
La investigación, publicada en el Journal of Insect Physiology, analizó cómo distintas condiciones influyen en la atracción a la luz en especies de abejas provenientes de zonas urbanas y naturales de Melbourne y sus alrededores.
El equipo, liderado por la Dra. Scarlett Howard, de la Escuela de Ciencias Biológicas de Monash University, realizó experimentos con Apis mellifera y abejas nativas del género Lasioglossum, midiendo la velocidad con la que se acercaban a fuentes luminosas bajo diferentes temperaturas y tipos de hábitat.
Las pruebas expusieron a los insectos a luz ultravioleta —relevante desde el punto de vista ecológico— y a luz artificial blanca. Los ensayos se realizaron a 28 °C y 32 °C, utilizando ejemplares tanto de ambientes urbanos como naturales.

Los resultados revelaron un dato clave: solo la abeja melífera europea redujo su atracción a la luz bajo calor intenso, con una respuesta más lenta a mayor temperatura. En cambio, las abejas nativas australianas mantuvieron su comportamiento sin alteraciones.
Tampoco se detectaron diferencias relevantes según la procedencia urbana o natural, y ambos tipos de iluminación generaron respuestas similares.
La atracción a la luz cumple un rol importante en la orientación y en la búsqueda de recursos. Las abejas utilizan referencias luminosas para desplazarse, reconocer flores y regresar a sus nidos. Cuando este comportamiento se altera, puede disminuir la eficiencia con la que localizan alimento y coordinan sus actividades dentro de la colonia.
En el caso de la abeja melífera europea, una reacción más lenta frente a estímulos luminosos bajo temperaturas elevadas podría reducir su capacidad de adaptación durante olas de calor cada vez más frecuentes.

Los investigadores señalaron que el estrés térmico puede interferir en los procesos neurológicos y sensoriales de los insectos, afectando su capacidad de respuesta. Aunque el experimento se centró en la atracción a la luz, los científicos advierten que cambios similares podrían manifestarse en otras conductas clave, como la navegación, la comunicación entre individuos y la eficiencia en la recolección de néctar y polen.
Implicancias para la polinización y la conservación
La Dra. Howard explicó que este fenómeno “pone de manifiesto la complejidad de la interacción entre múltiples factores ambientales en los polinizadores”.
Asimismo, subrayó que comprender cómo responden las abejas es fundamental, ya que su comportamiento sostiene la polinización, indispensable para el equilibrio de los ecosistemas y la producción de alimentos.
El estudio advierte sobre la necesidad de profundizar el análisis del impacto conjunto del calentamiento global y la expansión urbana en las especies polinizadoras. En el caso de la abeja melífera europea, estos cambios conductuales podrían reducir la eficiencia de la polinización, con posibles efectos en la producción agrícola y la estabilidad ambiental.

Los autores destacan la importancia de ampliar la investigación sobre polinizadores, integrando factores locales y globales, y considerando variables como la temperatura, el tipo de iluminación y el grado de urbanización.
De este modo, podrán diseñarse estrategias de conservación que beneficien tanto a la abeja melífera europea como a la diversidad de abejas nativas en entornos agrícolas y urbanos.
En un contexto de calentamiento global sostenido, estos hallazgos adquieren relevancia para la planificación ambiental y urbana. Las ciudades concentran temperaturas más elevadas debido al efecto de “isla de calor”, lo que podría amplificar el impacto observado en ciertas especies.
Identificar qué polinizadores muestran mayor sensibilidad permite anticipar desequilibrios en los servicios ecosistémicos y orientar mejor las estrategias de manejo ambiental.

Los especialistas remarcan que la resiliencia observada en las abejas nativas podría aportar pistas para diseñar estrategias de conservación más eficaces, promoviendo la diversidad de especies y la protección de hábitats naturales.
A largo plazo, integrar este tipo de información en políticas públicas, gestión de espacios verdes y planificación productiva será clave para sostener la biodiversidad y garantizar la estabilidad de los sistemas alimentarios.
A pesar de estos avances, el equipo de Monash University reconoce que queda mucho por descubrir sobre el impacto de nuevas presiones ambientales en el comportamiento de los polinizadores y su influencia en los ecosistemas y la producción agrícola.
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