
Un amplio estudio internacional evidenció que la transformación de los paisajes —a causa de la expansión agrícola, la urbanización y el desarrollo industrial— está reduciendo notablemente la capacidad de los ecosistemas para responder y recuperarse frente a perturbaciones ambientales.
Publicado en Nature y liderado por el equipo de la Universidad de Cambridge junto con el Imperial College London, el análisis abarcó datos de 3.696 especies de aves recolectados en 1.281 sitios distribuidos globalmente, desde bosques tropicales hasta zonas polares.
El concepto de redundancia funcional se refiere a la presencia de varias especies que desarrollan roles similares dentro de un mismo ecosistema. Esta superposición actúa como un seguro: si alguna desaparece, otras pueden suplir sus funciones, lo que ayuda a mantener la estabilidad y la recuperación del sistema natural.
PUBLICIDAD
Según la investigación, la redundancia funcional es clave para la resiliencia ecológica, ya que posibilita que los ecosistemas soporten la pérdida de especies sin una caída inmediata de los servicios que prestan.

El trabajo demuestra que, en condiciones naturales, funciones como la polinización, la dispersión de semillas y el control de plagas son ejercidas por varias especies distintas. Sin embargo, la intervención humana sobre los hábitats tiende a eliminar especies especializadas, mientras que favorece la permanencia de unas pocas generalistas resistentes a las perturbaciones.
Esta transición reduce la diversidad funcional y, sobre todo, la redundancia, dejando a los ecosistemas expuestos ante eventuales crisis ambientales. A través de simulaciones de extinción, el equipo de investigación analizó cómo las modificaciones del entorno influyen en la capacidad de las comunidades de aves para afrontar nuevas pérdidas de biodiversidad.
PUBLICIDAD
De acuerdo con la Universidad de Cambridge, los resultados muestran que, aunque en ciertos casos la riqueza y diversidad funcional parecen no modificarse notablemente tras el cambio de uso de la tierra, la disminución de la redundancia funcional implica que muchas funciones ecológicas carecen de respaldo suficiente.
Thomas Weeks, autor principal del Imperial College London, expuso: “Nuestros análisis desafían la idea de que los ecosistemas degradados siguen funcionando igual, al mostrar que los humanos eliminan toda la holgura del sistema, dejando a los ecosistemas vulnerables a cualquier crisis ambiental futura”.

El estudio comprobó que, en paisajes intensamente modificados, como áreas agrícolas o urbanas, la redundancia funcional desciende significativamente, lo que provoca que la pérdida de funciones ecológicas se acelere si se producen extinciones adicionales.
PUBLICIDAD
El análisis pormenorizado reveló que los efectos negativos del cambio de uso de la tierra no se distribuyen de forma homogénea entre los diferentes hábitats y grupos de aves. El estudio observa que ciertos grupos, como las aves generalistas y granívoras, mantienen o incrementan su redundancia y diversidad funcional en ambientes transformados.
En contraste, los frugívoros e insectívoros —esenciales para la dispersión de semillas y el control de plagas— muestran descensos marcados en ambos indicadores. Esta especialización los hace particularmente vulnerables a las alteraciones del hábitat provocadas por la actividad humana.
La simplificación de las comunidades biológicas tiene impactos directos sobre los procesos ecológicos que sostienen la vida y los servicios ecosistémicos. Entre las consecuencias identificadas se encuentran la reducción de la regeneración forestal, el menor almacenamiento de carbono y la proliferación de plagas agrícolas.
PUBLICIDAD

De este modo, la desaparición de especies especializadas y la homogeneización de las comunidades de aves restringen la capacidad de los ecosistemas para recuperarse y mantener servicios básicos, aun cuando el número total de especies permanezca estable.
La reducción de la redundancia funcional impacta directamente los servicios ecosistémicos clave. La Universidad de Cambridge advierte que, con menos especies que cumplan funciones semejantes, los sistemas naturales quedan sin respaldo ante nuevas perturbaciones, comprometiendo la polinización, la dispersión de semillas, el control de plagas y el almacenamiento de carbono.
El profesor David Edwards, coautor del estudio, subrayó: “Varias especies de aves desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de los ecosistemas de los que dependemos; sin embargo, estamos dañando la calidad del hábitat y, por ende, la capacidad de las especies para cumplir sus funciones esenciales”.
PUBLICIDAD
El estudio introduce una perspectiva novedosa para evaluar la fragilidad ecológica, basada en la medición de la redundancia funcional y la vulnerabilidad de las comunidades de aves. Este marco contribuye a identificar los riesgos asociados a la pérdida de funciones ecológicas y a orientar las políticas de conservación hacia la restauración de la diversidad funcional, no solo la conservación del número de especies.

Joseph Tobias, coautor del Imperial College London, enfatizó la urgencia de gestionar y preservar la diversidad funcional para garantizar servicios esenciales para la vida humana y la sostenibilidad económica. El equipo sugiere priorizar la conservación de hábitats seminaturales y la restauración de vegetación secundaria, capaces de mantener niveles de redundancia funcional comparables a los de ecosistemas primarios.
PUBLICIDAD
Este enfoque implica considerar la calidad ecológica de los hábitats y sus niveles de funcionalidad, más allá de las métricas convencionales de riqueza de especies. Además, el estudio advierte que el acelerado ritmo del cambio de uso de la tierra a escala global obliga a replantear las estrategias de conservación. No basta con evitar la extinción de especies; es imprescindible garantizar la diversidad de funciones ecológicas y el respaldo que ofrecen las comunidades biológicas.
La preservación de la redundancia funcional emerge como un elemento esencial para asegurar la estabilidad ecológica y la sostenibilidad de la vida y la economía futuras, ya que un sistema con respaldo funcional responde mejor ante crisis y mantiene su productividad y capacidad de recuperación frente a los desafíos ambientales.
PUBLICIDAD
Los autores concluyen que garantizar ecosistemas resilientes requiere políticas integrales y acciones de restauración ecológica que permitan mantener no solo la cantidad, sino también la variedad y la robustez de las funciones ecológicas. Una gestión activa de la estructura y la composición de las comunidades es fundamental para que los ecosistemas sigan proporcionando servicios básicos a la sociedad, como la producción de alimentos, la regulación del clima y la protección frente a eventos extremos.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El raor perlado: el pez que cambia de sexo para sobrevivir y la pesca está poniendo en peligro
Un estudio detectó casi 300 diferencias en marcas químicas del ADN entre ejemplares de reservas marinas y zonas de captura intensiva en el Mediterráneo, donde hasta el 60% de la población desaparece en apenas dos días

El Niño se intensificará en agosto con eventos inusuales, advirtió la ONU: cómo impactará en la Argentina
La Organización Meteorológica Mundial anticipa que las temperaturas superarán la media en amplias zonas del planeta y cambios en las precipitaciones, con una combinación oceánica que aumenta la posibilidad de sequías, crecidas y fuegos forestales en varias regiones

El informe del SICA ubica a El Salvador entre los litorales más afectados por el calentamiento del mar
El documento regional reportó que, en la última semana de julio de 2026, el Pacífico centroamericano rozó los 32 °C, hasta 4 °C sobre el promedio estacional, con señales de estrés térmico coralino

Hallan la causa de una antigua extinción masiva en los océanos: el misterio de 113 millones de años
Un grupo de investigadores logró identificar el factor responsable de una desaparición de especies marinas que transformó la vida en la Tierra durante el Cretácico Inferior

Carne, lácteos y ultraprocesados: por qué la dieta de los adolescentes es la más dañina para el clima en todo el mundo
Un estudio de la Universidad de Birmingham publicado en Nature Food analizó las dietas de 149 países y descubrió que el envejecimiento demográfico es el principal factor del alza en las emisiones alimentarias globales entre los adultos mayores


