
La tundra ártica se encuentra en un proceso de transformación que impacta la composición de su vegetación y, en consecuencia, afecta el equilibrio ecológico de todo el bioma. Los cambios se reflejan en la expansión de especies originarias de bosques boreales hacia tierras tradicionalmente dominadas por plantas adaptadas a condiciones extremas de frío y escasez de nutrientes.
Este proceso, conocido como borealización de la tundra, genera interrogantes sobre las implicancias para el clima y la biodiversidad del Ártico. Un estudio internacional publicado en Ecology Letters analiza por primera vez de forma sistemática la magnitud y las causas de este fenómeno.
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El trabajo se basa en observaciones realizadas a lo largo de cuatro décadas en 1.137 parcelas de 32 zonas del Ártico y revela una colonización y aumento de la abundancia de especies boreales en más de la mitad de las áreas estudiadas. La investigación permite comprender los alcances de este proceso de cambio y sugiere consecuencias tanto para el clima global como para la sostenibilidad de las economías locales.
Impacto de la transformación vegetal en el Ártico
La tundra y el bosque boreal representan dos biomas del hemisferio norte, definidos principalmente por sus condiciones ambientales y la composición de su vegetación. La tundra se caracteriza por suelos permanentemente congelados, una escasa cobertura de plantas con predominancia de musgos, líquenes y pequeñas hierbas, y la ausencia de árboles de gran tamaño.
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El bosque boreal, también llamado taiga, ocupa regiones inmediatamente más al sur, presenta suelos menos congelados y abundancia de árboles de hoja perenne como las coníferas, además de una mayor diversidad de arbustos y especies leñosas. La transición entre ambos biomas delimita un área ecológica sensible, donde pequeños cambios climáticos pueden facilitar la expansión de especies forestales sobre comunidades adaptadas a ambientes extremos.
El artículo documenta que el 52,6% de las parcelas experimentaron la colonización de especies boreales y el 42,9% un incremento en su abundancia. Si bien el fenómeno se presenta con gran variabilidad, los mayores niveles de borealización se detectan en Eurasia y regiones árticas de montaña, áreas donde la proximidad entre los bosques boreales y la tundra genera las condiciones favorables para la dispersión y el establecimiento de nuevas especies.
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El análisis identifica que el proceso se produce con más intensidad cerca del límite forestal, en zonas de clima cálido y húmedo y donde los cambios climáticos recientes fueron más moderados. De acuerdo con Anne Bjorkman, investigadora en ecología vegetal en la Universidad de Gotemburgo y coautora del estudio, “la borealización no ocurre necesariamente donde el calentamiento es mayor, sino donde las condiciones son más favorables para el establecimiento de las plantas”.
Los autores remarcan que el principal motor de este cambio reside en especies que ya están presentes en la franja de contacto entre el bosque boreal y la tundra, en línea con la historia evolutiva del ecosistema.
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Las especies de arbustos y graminoides (gramíneas) de porte bajo actúan como los principales colonizadores. En promedio, los ejemplares estrictamente boreales colonizan entre 2,8 y 3,2 veces menos que las que ya se encuentran tanto en el bosque como en la tundra, o aquellas que tienen una presencia amplia en ambos biomas. Entre las especies que lograron mayores aumentos de cobertura figuran el arbusto Salix arctophila y las hierbas Galium verum y Boykinia richardsonii.
El estudio resalta que la expansión de arbustos y otras especies similares a árboles provoca la retención de mayor cantidad de nieve durante el invierno y una mayor cobertura del suelo en verano. Estos cambios afectan la temperatura del suelo y pueden acelerar el deshielo del permafrost.
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A su vez, Robert Björk, investigador de ecosistemas árticos en la Universidad de Gotemburgo quien participó del trabajo, enfatizó los posibles efectos indirectos sobre fauna y pueblos indígenas: “Podría acelerar el derretimiento del permafrost o alterar la migración estacional de los renos. También podría afectar los medios de vida tradicionales de los pueblos indígenas del Ártico, que dependen de la caza, el pastoreo de renos y la recolección de plantas como parte de su subsistencia y práctica cultural”.
Metodología y alcance de la investigación científica
El estudio integra observaciones de composición vegetal recopiladas en el marco del International Tundra Experiment (ITEX+), un esfuerzo colaborativo para estandarizar y monitorear la dinámica de la tundra en todo el Ártico. Los investigadores seleccionaron áreas ubicadas dentro de los biomas de bosque boreal y tundra, lo que abarcó tanto zonas árticas como alpinas de montaña.
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Se analizaron 1.137 parcelas distribuidas en 32 áreas de estudio, con un promedio de 15 años entre las distintas campañas de muestreo. Los registros incluyeron 287 especies de plantas vasculares y priorizaron las identificadas taxonómicamente y con relevancia ecológica en la zona de transición entre tundra y bosque.
Para evaluar la borealización, los científicos aplicaron dos índices: el Índice de Colonización Boreal (BCI) y el Índice de Abundancia Boreal (BAI). El BCI mide la proporción de nuevas colonizaciones atribuidas a especies boreales, mientras que el BAI refleja el cambio en la cobertura de esos ejemplares respecto al total de vegetación en cada sitio, expresándolo como porcentaje anual. La metodología incluyó la validación estadística por comparación con modelos basados en simulaciones aleatorias.
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Consecuencias ecológicas y sociales de la expansión boreal
La borealización de la tundra describe un proceso progresivo, pero desigual, que podría redefinir los servicios ecosistémicos, la conservación de la biodiversidad y la vida humana en el círculo polar. Según los autores, “estos cambios en la composición pueden tener efectos en cascada sobre las interacciones ecosistema-atmósfera, las cadenas tróficas y los medios de vida de las comunidades indígenas y locales”.

El reemplazo de la vegetación propia de la tundra por especies de bosque puede modificar el ciclo de carbono global, ya que las nuevas plantas pueden acelerar el deshielo y liberar carbono atrapado en el permafrost desde hace milenios. A nivel económico y social, el estudio advierte que la desaparición de líquenes bajo la sombra de arbustos podría reducir el alimento disponible para los renos en las montañas, lo que afecta el acceso a recursos fundamentales para los pastores y modifica las rutas de migración de los animales.
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Señalan, además, que la tendencia se verifica especialmente en las montañas de Dalarna, Suecia, y que la expansión de especies como el sauce lanudo y el arándano rojo podría anticipar un aumento de la diversidad de mamíferos y cambios en la red trófica. El equipo científico destaca la necesidad de investigaciones futuras para determinar el ritmo y la magnitud de estas modificaciones y sus consecuencias para el funcionamiento de los ecosistemas y la resiliencia de las culturas locales.
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