
El Polo Norte experimentó un aumento inusual de temperaturas en pleno invierno, con valores más de 20 °C por encima del promedio histórico. Durante los primeros días de febrero de 2025, se registraron valores cercanos a 0 °C en áreas donde normalmente se espera un frío extremo. Este evento climático, documentado por agencias meteorológicas y científicas internacionales, confirma la aceleración del calentamiento global y la fragilidad del ecosistema polar.
El Global Climate Highlights 2024 del Copernicus Climate Change Service reportó que el año pasado fue el más cálido del que se tiene conocimiento en todo el planeta, con una temperatura media de 15,10 °C, lo que representa 1,6 °C por encima de los niveles preindustriales y 0,72 °C por arriba de las cifras promedio en 1991-2020. Este incremento tuvo un impacto directo en el Ártico, que en 2024 mostró una anomalía de +1,34 °C, ubicándose como el cuarto año más cálido en la región.
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Temperaturas inusuales y el impacto en el deshielo
El evento de febrero de 2025 generó un incremento de temperaturas que alcanzó más de 20 °C por encima del promedio habitual, lo que llevó a los valores térmicos a niveles cercanos al punto de fusión del hielo marino. Según modelos meteorológicos europeos y estadounidenses, en el archipiélago de Svalbard (Noruega) las cifras ya estaban 18 °C por arriba el 1º del mes, lo que aumentó aún más al día siguiente.

El investigador Mika Rantanen, del Instituto Meteorológico de Finlandia, subrayó la magnitud del acontecimiento en diálogo con el diario británico The Guardian: “Probablemente no sea el más extremo jamás registrado, pero está en el límite superior de lo que puede ocurrir en el Ártico”.
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La consecuencia de esta situación fue evidente en la cobertura de la capa congelada en el mar. Una boya de monitoreo en la zona detectó valores de hasta 0,5 °C, lo que sugiere que el derretimiento ya comenzó en algunos sectores donde el agua debería mantenerse sólida en esta época del año.
El informe de Copernicus también señala que el hielo marino en el Ártico se mantuvo cerca del promedio de 1991-2020 hasta junio de 2024, pero en la segunda mitad del año cayó significativamente por debajo de los valores históricos. En septiembre, cuando el hielo alcanza su mínimo anual, la extensión fue la quinta más baja desde que se tienen datos satelitales.
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Para el climatólogo Dirk Notz, de la Universidad de Hamburgo, quien también habló con The Guardian, la tendencia es clara: “No hay negociación posible con este hecho: el hielo desaparecerá cada vez más mientras las temperaturas sigan aumentando”.
Causas del evento extremo y tendencias a futuro

Los expertos coinciden en que este evento es el resultado de la combinación entre el calentamiento global y condiciones atmosféricas específicas. Julien Nicolas, del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, explicó en un testimonio que las temperaturas anómalas recientes estuvieron vinculadas a un sistema de baja presión sobre Islandia, que redirigió corrientes de aire cálido hacia el Polo Norte.
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El documento de Copernicus también destaca que en 2024 el valor promedio de la superficie oceánica alcanzó 20,87 °C, otro récord histórico. Este efecto en el océano intensificó la cantidad de energía térmica disponible en la atmósfera, lo que podría contribuir actualmente a sucesos extremos como el registrado en el Ártico.
El fenómeno de febrero tiene un antecedente similar en 2018, aunque los científicos advierten que aún es necesario analizar con más detalle la recurrencia de estos eventos en el contexto del cambio climático. Lo que está claro es que el Polo Norte se calienta casi cuatro veces más rápido que el resto del planeta, lo que hace que episodios como este sean cada vez más comunes.
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Las proyecciones indican que la zona podría perder su cubierta de hielo marino estival dentro de las próximas dos décadas, incluso si se aplican medidas drásticas para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto no solo afectará a esa región, sino que tendrá repercusiones en todo el mundo, ya que alterará patrones del clima, intensificará tormentas y afectará el equilibrio de los ecosistemas. Los expertos advierten que sin reducciones significativas en la contaminación, este tipo de episodios serán cada vez más frecuentes y con impactos aún más severos en la estabilidad climática global.
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