
La contaminación plástica constituye una amenaza global para el ambiente y la salud humana. Microplásticos en suelos, ríos, aire e incluso en órganos humanos evidencian la dimensión de este problema.
En este contexto, la carrera por desarrollar plásticos biodegradables toma impulso, con la Universidad Flinders, en el sur de Australia, posicionada como uno de los centros de innovación más activos en este campo, según información de la propia institución.
El uso masivo de plásticos de un solo uso, especialmente en envases alimentarios, motivó a equipos científicos de la Universidad Flinders a investigar materiales que puedan degradarse de manera segura. En colaboración con la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, en Colombia, el grupo dirigido por el profesor Youhong Tang diseñó películas biodegradables basadas en caseinato de calcio, almidón modificado y nanoclay de bentonita.
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Esta composición, reforzada con glicerol y alcohol polivinílico para aportar resistencia y flexibilidad, apunta a convertirse en una alternativa sostenible a los envases tradicionales.

Innovación científica en plásticos biodegradables
Un estudio publicado en la revista Polymers detalla que las películas creadas logran degradarse por completo en condiciones normales de suelo en unas trece semanas. Las pruebas de biodegradabilidad mostraron una desintegración constante, confirmando su potencial para reducir la acumulación de desechos plásticos. Los análisis microbiológicos certificaron que la cantidad de colonias bacterianas permaneció dentro de los parámetros permitidos para materiales biodegradables no antimicrobianos, lo que respalda su idoneidad para aplicaciones en contacto con alimentos.
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El profesor Tang, especialista en nanomateriales del College of Science and Engineering de la Universidad Flinders, destacó la importancia de evaluar las propiedades antibacterianas de estos materiales en fases posteriores: “Recomendamos realizar evaluaciones antibacterianas adicionales en las próximas fases de prueba y desarrollo”, señaló Youhong Tang, según la Universidad Flinders.
Nikolay Estiven Gomez Mesa, del Departamento de Ingeniería de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, explicó que el proyecto surgió de experimentos con caseinatos para fabricar nanofibras a base de leche, lo cual permitió descubrir su potencial para crear polímeros similares a los materiales convencionales de embalaje.
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Gomez Mesa indicó: “A partir de ahí, comenzamos a explorar formas de mejorar sus propiedades incorporando componentes naturales y abundantes como el almidón, así como un polímero biodegradable con notables características mecánicas. Esto también abrió la oportunidad de integrar nanoclays, como la bentonita, que pueden mejorar la resistencia y el desempeño como barrera de la película”. El propósito fue lograr una formulación de ingredientes económicos, biodegradables y respetuosos con el medioambiente, capaz de ofrecer una alternativa sostenible con propiedades mejoradas.
La profesora Alis Yovana Pataquiva-Mateus, también de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, resaltó la función de la ciencia para la industria, la sociedad y el entorno: “Todos podemos contribuir a reducir el uso de plásticos, y encontrar alternativas poliméricas biodegradables es una parte importante de cómo la ciencia puede ayudar a resolver los desafíos para la industria, los consumidores y el medio ambiente”, afirmó Alis Yovana Pataquiva-Mateus, según la universidad.
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Desafío global y perspectivas de futuro
El escenario mundial intensifica la urgencia de soluciones. De acuerdo con datos citados por la Universidad Flinders, la producción global de plásticos pasó de dos millones de toneladas en 1950 a 475 millones en 2022, cifra equivalente al peso de 250 millones de automóviles.
La OCDE proyecta que, sin cambios efectivos, la producción podría aumentar un 70% entre 2020 y 2040, superando los 700 millones de toneladas anuales. Aunque ciertos plásticos pueden reutilizarse, solo el 10% se recicla y cerca del 60% corresponde a artículos de un solo uso, sobre todo envases alimentarios. Además, los plásticos contienen miles de compuestos químicos, algunos tóxicos y cancerígenos, lo que incrementa los riesgos para la salud y el ambiente.
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Frente a este panorama, expertos de la Universidad Flinders subrayan la importancia de impulsar la economía circular y avanzar en la investigación de materiales biodegradables. Recomiendan que la sociedad y la industria exploren activamente estas opciones para disminuir la dependencia de los plásticos tradicionales y preservar los recursos naturales.
Dado que la mayoría de los plásticos de un solo uso proviene de envases alimentarios, el desarrollo y la adopción de opciones biodegradables como las propuestas por la Universidad Flinders pueden favorecer una transición hacia una economía más sostenible y responsable con el entorno.
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