
Sobre una llanura solitaria frente al mar Arábigo (forma parte del océano Índico), una pequeña planta crece marcando el comienzo de una lucha por la vida de un ser viviente que no existe en ningún otro lugar. El árbol de sangre de dragón, que solo crece en la isla yemení de Socotra (geográficamente parte de África y geopolíticamente parte de Asia), enfrenta una amenaza existencial debido a la combinación letal del cambio climático, la proliferación de cabras invasoras y la prolongada guerra civil en Yemen.
Según informó EuroNews, la desaparición de este árbol no solo significaría la pérdida de un símbolo natural, sino también el colapso de un ecosistema y la ruina de la principal fuente de ingresos para los habitantes de la isla.
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El árbol de sangre de dragón: emblema ecológico y cultural de Socotra
Socotra, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se distingue por su biodiversidad excepcional: de las 825 especies de plantas que alberga, más de un tercio son endémicas, es decir, no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.
Entre ellas, el árbol de sangre de dragón (Dracaena cinnabari) destaca por su silueta de copa en forma de seta y la savia de color rojo intenso que le da nombre. Esta especie fascinó a científicos y viajeros durante siglos, y su presencia ha sido comparada con paisajes de otro mundo.
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La importancia del árbol de sangre de dragón va mucho más allá de lo estético. Sus copas actúan como recolectores naturales de niebla y lluvia, canalizando el agua hacia el suelo y permitiendo que otras plantas sobrevivan en el árido clima de la isla. “Cuando se pierden los árboles, se pierde todo: el suelo, el agua, todo el ecosistema”, advirtió Kay Van Damme, biólogo conservacionista belga que trabaja en Socotra desde 1999, en declaraciones recogidas por EuroNews.

El atractivo de estos bosques singulares convirtió al árbol de sangre de dragón en el principal motor del turismo en Socotra. Cada año, cerca de 5.000 visitantes llegan a la isla, muchos de ellos atraídos por la visión de estos ejemplares únicos.
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El turismo, gestionado por guías y familias locales, representa la base económica de la comunidad. “Con los ingresos que recibimos, vivimos mejor que los del continente”, afirmó Mubarak Kopi, responsable de turismo de Socotra, según EuroNews.
Amenazas crecientes: ciclones, cabras invasoras y cambio climático
El árbol de sangre de dragón enfrenta una serie de amenazas que pusieron en jaque su supervivencia. Una de las más devastadoras es el aumento en la frecuencia e intensidad de los ciclones que azotan la isla, fenómeno vinculado al cambio climático. Un estudio publicado en 2017 en la revista Nature Climate Change, citado por EuroNews, documentó un incremento drástico de estos eventos en el mar Arábigo en las últimas décadas.
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En 2015, Socotra sufrió el impacto de dos ciclones consecutivos de intensidad sin precedentes, que arrancaron de raíz miles de árboles centenarios, algunos con más de 500 años de antigüedad.
La destrucción continuó en 2018 con otro ciclón severo. Por su parte, Hiroyuki Murakami, científico del clima de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y autor principal del estudio, explicó a EuroNews: “Los modelos climáticos de todo el mundo proyectan sólidamente unas condiciones más favorables para los ciclones tropicales”.
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A esta amenaza se suma el impacto de las cabras invasoras, introducidas en la isla y responsables de la desaparición de los árboles jóvenes. A diferencia de especies como los pinos o robles, que pueden crecer entre 60 y 90 centímetros al año, el árbol de sangre de dragón apenas avanza 2 o 3 centímetros anuales.
Esta lentitud lo hace especialmente vulnerable: las cabras devoran los brotes antes de que puedan desarrollarse, impidiendo la regeneración natural de la especie fuera de los acantilados más inaccesibles.
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En la misma línea, Alan Forrest, científico especializado en biodiversidad del Centro de Plantas de Oriente Medio del Real Jardín Botánico de Edimburgo, señaló a EuroNews: “La mayoría de los bosques estudiados están sobremaduros: no hay árboles jóvenes ni plántulas. Así que los árboles viejos caen y mueren, y no hay mucha regeneración”.
Conservación local: viveros y resistencia comunitaria
Ante la falta de regeneración natural, la supervivencia del árbol de sangre de dragón depende en gran medida de los viveros gestionados por familias locales. Sena Keybani, cuya familia dirige uno de estos viveros, describió a EuroNews el vínculo emocional que une a los habitantes de Socotra con estos árboles: “Verlos morir es como perder a uno de tus bebés”.
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Estos viveros, protegidos por vallas improvisadas de madera y alambre, son espacios críticos donde los árboles jóvenes pueden crecer a salvo de las cabras. Forrest explicó que en estos recintos “la reproducción y la estructura de edad de la vegetación son mucho mejores, y por tanto, será más resistente al cambio climático”.
Sin embargo, los recursos disponibles para la conservación son limitados. Las vallas que protegen los viveros suelen durar solo unos pocos años antes de que el viento y la lluvia las destruyan.
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Sami Mubarak, guía de ecoturismo en la isla, subrayó la urgencia de contar con infraestructuras más sólidas: “La financiación de viveros más sólidos con postes de cemento sería muy útil”, declaró al medio europeo.
El impacto de la guerra civil en Yemen: obstáculos para la conservación y la economía
La guerra civil en Yemen, en curso por una década, ha afectado significativamente la conservación y la economía de Socotra. El conflicto entre el gobierno yemení y los rebeldes hutíes ha desviado la atención estatal hacia la crisis humanitaria, relegando la protección del árbol de sangre de dragón a la comunidad local, que carece de recursos necesarios.
Según el medio mencionado, Abdulrahman Al-Eryani, asesor de Gulf State Analytics, destacó que la prioridad del gobierno es garantizar servicios básicos sobre las cuestiones climáticas.

Sami Mubarak ha lamentado la falta de apoyo institucional, afirmando que los pequeños proyectos medioambientales no son suficientes. La inestabilidad también ha reducido el turismo, fuente esencial de ingresos, aumentando la vulnerabilidad económica de los isleños.
Kay Van Damme, biólogo conservacionista, advirtió que sin intervención, estos árboles y muchas especies podrían desaparecer en pocos siglos.
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