
Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha vivido bajo la sombra del riesgo. Cada decisión tomada en el pasado —desde la caza de grandes mamíferos en el Pleistoceno hasta la revolución industrial y la creación del capitalismo financiero— ha sido una apuesta con consecuencias inciertas. Según New Scientist, nuestra capacidad para asumir riesgos nos permitió evolucionar, expandirnos y dominar el planeta.
En The Gambling Animal, los economistas experimentales Glenn Harrison y Don Ross proponen una lectura innovadora de la evolución humana: nuestra historia es la de una racha ganadora de apuestas arriesgadas, pero sin garantía de éxito futuro. A través del estudio del comportamiento de los elefantes africanos y su comparación con el humano, los autores sugieren que nuestra inclinación a gestionar el riesgo de manera colectiva podría ser el talón de Aquiles que nos lleve a la autodestrucción, en especial ante desafíos como el cambio climático.
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Elefantes y humanos: dos estrategias de supervivencia ante la incertidumbre
La historia natural ha mostrado cómo diferentes especies desarrollaron soluciones diversas para enfrentar la incertidumbre. En su estación de investigación en las llanuras sudafricanas, Harrison y Ross llevaron a cabo experimentos con elefantes africanos para analizar cómo toman decisiones frente a opciones inciertas, similares a las que se presentan en concursos televisivos.
El hallazgo principal es que, a diferencia de los humanos, los elefantes no deciden de manera individual, sino que deliberan en grupo antes de tomar una elección. Este comportamiento sugiere que su gestión del riesgo es más racional y colectiva, basada en el consenso y la memoria de la manada.
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¿Por qué este contraste es relevante? Hace aproximadamente 700.000 años, tanto los humanos como los elefantes experimentaron un desarrollo significativo de sus cerebros en respuesta a la creciente imprevisibilidad climática del Pleistoceno. Sin embargo, sus caminos evolutivos fueron distintos:
- Los humanos expandieron su lóbulo frontal, permitiéndoles imaginar futuros escenarios, innovar y especular sobre lo que podría suceder.
- Los elefantes agrandaron su cerebelo, fortaleciendo su capacidad de memoria y aprendizaje a largo plazo.
Durante gran parte de la historia evolutiva, los elefantes fueron más exitosos que los homínidos. Sin embargo, la habilidad humana para crear herramientas y desarrollar estrategias de caza sofisticadas permitió a nuestros ancestros superar a los elefantes y a muchas otras especies en la competencia por los recursos.
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El riesgo: ¿la mayor fortaleza o la mayor amenaza de la humanidad?

Harrison y Ross argumentan que los humanos, a nivel individual, somos moderadamente adversos al riesgo. Es decir, cuando se nos presenta una elección riesgosa, solemos optar por la opción más segura. Sin embargo, lo que nos distingue de otras especies es nuestra capacidad para desarrollar instituciones que asumen riesgos de manera colectiva y a gran escala.
Un claro ejemplo de esta tendencia es la creación de la responsabilidad limitada, una innovación financiera introducida en Nueva York en 1811, que permitió a los inversionistas reducir su exposición a pérdidas. Este concepto facilitó el crecimiento explosivo de la economía global al permitir a las empresas asumir riesgos sin que sus propietarios tuvieran que responder con su patrimonio personal.
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Sin embargo, la capacidad humana para compartir y redistribuir el riesgo también ha generado consecuencias desastrosas. La crisis financiera de 2008 es un ejemplo emblemático: los bancos y fondos de inversión apostaron en exceso al asumir que los mercados siempre se estabilizarían, sin prever los efectos colaterales de un colapso en cadena.
Pero, para New Scientist, el ejemplo más alarmante de nuestra gestión colectiva del riesgo es el cambio climático.

La crisis climática: la apuesta más peligrosa de la humanidad
Harrison y Ross advierten que nuestra forma de gestionar el riesgo es una estrategia extremadamente peligrosa cuando se trata del clima. A diferencia de otros desafíos históricos, el calentamiento global es una crisis en la que las decisiones colectivas actuales determinarán la viabilidad de la vida en la Tierra en el futuro.
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A nivel individual, muchas personas son conscientes del problema y temen sus consecuencias. Sin embargo, nuestras instituciones —gobiernos, mercados financieros, empresas multinacionales— han tomado decisiones altamente arriesgadas:
- La dependencia de los combustibles fósiles sigue siendo el pilar central de la economía global, a pesar de los riesgos evidentes.
- La deforestación y la explotación de ecosistemas continúan a un ritmo acelerado, poniendo en peligro la biodiversidad.
- Se han superado límites planetarios claves, como la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y la acidificación de los océanos.
¿Podemos pensar como los elefantes y evitar el desastre?
Ante este panorama, Harrison y Ross sugieren que la humanidad podría aprender de los elefantes y adoptar una gestión del riesgo basada en la memoria y la deliberación racional, en lugar de en la especulación.
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Si los elefantes sobreviven en entornos hostiles es porque confían en su conocimiento acumulado y en la experiencia de la manada, en lugar de basarse en hipótesis optimistas sobre el futuro.
Los humanos, en cambio, hemos desarrollado una inclinación por imaginar escenarios en los que los problemas se resuelven con tecnología y progreso, sin internalizar el costo de nuestras acciones pasadas.
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