The Tepetatles: la banda de rock que reunió a Carlos Monsiváis, Alfonso Arau y José Luis Cuevas

Los denominados Beatles mexicanos dejaron para la eternidad una nueva forma de hacer rocanrol con sátira, protesta y mucha diversión

Los Tepetatles: José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis, Alfonso Arau, Vicente Rojo y Julián Bert (Foto: Héctor García / Cortesía del Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis)
Los Tepetatles: José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis, Alfonso Arau, Vicente Rojo y Julián Bert (Foto: Héctor García / Cortesía del Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis)

Por los días en que Gabriel García Márquez decidió encerrarse para comenzar con su novela de realismo mágico, Cien Años De Soledad, un joven mimo y un critico literario se dieron cita en Zona Rosa, Ciudad de México, sin saber que cambiarían la historia del rock n’ roll nacional a ritmo de The Tepetatles.

Se trató de Alfonso Arau, afamado director, actor y bailarín, y el genialísimo Carlos Monsiváis, periodista, escritor, lector y ávido compositor de letras rocanroleras, quienes ideaban un espectáculo que incluía todas las características transgresoras que los hicieron grandes.

Fue el señor Ernesto Alonso, dueño del exclusivo cabaret Quid, quien les pidió ayuda para crear el más grande show nocturno que jamás se halla visto en la historia del entretenimiento en México.

El director de la cinta Como agua para chocolate llamó a Los Rebeldes del Rock, Marco Polo Tena, Marco Antonio Lizama y José Luis Martínez, al habilidoso pianista Julián Bert para crear lo que a la postre sería conocido como “Triunfo y aplastamiento del mundo moderno con gran riesgo de Arau y mucho ruido”. Una banda de rock.

Se rumora que Chava Flores, el cronista más grande de la vida capitalina, fue requerido, pero “el hecho mismo de que fuese en un cabaret de ciertos vuelos” lo alejó del proyecto, aseguró Monsiváis para El Universal.

Carlos Monsiváis se encargó de las satíricas letras de The Tepetatles

Foto: EFE/Mario Guzmán/Archivo
Carlos Monsiváis se encargó de las satíricas letras de The Tepetatles Foto: EFE/Mario Guzmán/Archivo

Los multipremiados pintores, dibujantes, escultores e ilustradores José Luis Cuevas y Vicente Rojo se encargaron de la escenografía y el diseño visual en general.

Francisco Aguilar metió su cuchara en el vestuario y Héctor Ortega dirigió la transmisión del evento para la televisión: primera cobertura con circuito cerrado de cámaras a cargo de la compañía Telecomunicación y Equipos.

El Señor Telenovela no dio crédito al despapaye que llegó a su bar. La puesta en escena consistió en tocar música poco convencional, “de la chaviza” con elegantes trajes grises, largas pelucas y una guitarra con dos mástiles tocada a tres manos por el frontman.

Encima, se reveló que como alias adoptaron The Tepetatles, considerado como una franca burla a la banda de John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison.

Nada más alejado de aquellas aseveraciones, el proyecto de Alfonso Arau, tal vez sin quererlo ni planearlo, intervino la creciente cultura pop y le inyectaron elementos nacionales para crear algo completamente novedoso.

Los Tepetatles: Julián Bert, Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Alfonso Arau y Vicente Rojo (Foto: Cortesía del Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis)
Los Tepetatles: Julián Bert, Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Alfonso Arau y Vicente Rojo (Foto: Cortesía del Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis)

Siguiente paso, la inmortalidad de The Beatles

El fracaso, entre comillas, no desanimó a la banda. Más bien los orilló a dejar huella de aquello que la ciudadanía de entonces no supo apreciar, con la esperanza de que las futuras generaciones lo abrazaran con orgullo.

Auspiciados por el sello discográfico nacional, autónomo e independiente POP ART, los cinco músicos iniciaron la producción de un disco que se estrenó bajo el título de Arau A Go Go.

El número exacto de copias editadas en la primera y única edición se desconoce, pero en poco tiempo fueron vendidos para convertir aquel vinil de 78 RPM en una pieza de culto atesorada por los coleccionistas.

En la portada colorada se puede apreciar dos veces el rostro de Alfonso Arau: en la primera ilustración del cantante, iluminada de blanco, se le mira feliz; en la segunda, de color negro, está en el medio de un estruendoso grito: “one, two, tres, cuatro”.

Los Tepetatles: Julián Bert, Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Alfonso Arau y Vicente Rojo (Foto: Héctor García / Cortesía del Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis)
Los Tepetatles: Julián Bert, Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Alfonso Arau y Vicente Rojo (Foto: Héctor García / Cortesía del Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis)

El sonido experimental del quinteto encuentra sus influencias en el jazz, el soul, el A go-go e incluso en valses o flamencos combinados, además, aderezado con la poesía, la literatura, la diversión, la sátira, el humor y la picardía de Monsiváis en las letras.

Ese espíritu detrás de The Tepetatles, se explicó a detalle en la primera canción del disco: “Que nadie nos pida respeto al vecino, que nuestro alarido resulte asesino. Que ante nuestro grito Los Beatles parezcan monjas encerradas que en silencio rezan”.

Aparecen a lo largo del disco, referencias al albur mexicano, al torero Manuel Benítez “El Cordobés”; al poeta Manuel Acuña, a la llamada “Zona Rosa”, lugar donde los intelectuales se juntaban a dialogar lo suyo, y un largo etcétera.

Hay dentro del disco rock n roll desenfrenado, pero también una serie de invenciones bautizadas, por ejemplo, como “a go go prehispánico”, la antesala a futuros géneros en la onda del “Guacarock” de Botellita de Jeréz, donde precisamente toca el hijo de Alfonso, Sergio Arau.

Sergio Arau, El Mastuerzo y Vega-Gil, integrantes de Botellita de Jerez, continuaron con el legado de The Tepetatles (Foto:cuartoscuro.com)
Sergio Arau, El Mastuerzo y Vega-Gil, integrantes de Botellita de Jerez, continuaron con el legado de The Tepetatles (Foto:cuartoscuro.com)

Hay incluso un poco de crítica social en el tema “Tlalocman” donde ya se apreciaba la baja calidad de vida del obrero u oficinista; o en “El peatón estaba muerto y el semáforo lloraba”, donde hablan del uso del influyentismo para salir impune hasta de crímenes como el homicidio imprudencial (un atropellamiento).

Mucho se ha hablado de que Arau y compañía nacieron como banda de rock en el lugar o momento equivocados, pero desde entonces y a lo largo de los años, han sido no solo referentes, también influencias e ídolos de las nuevas generaciones que no dejarán morir su ejemplo.

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