Los letreros de las calles yacen en el suelo después de que los vientos del huracán Harvey se intensificaran en Corpus Christi, Texas, EE. UU. 25 de agosto de 2017. REUTERS / Adrees Latif
Los letreros de las calles yacen en el suelo después de que los vientos del huracán Harvey se intensificaran en Corpus Christi, Texas, EE. UU. 25 de agosto de 2017. REUTERS / Adrees Latif

Hace 10 años, incluso hace 20, ya había evidencia fuerte de que el mundo tenía un problema con el calentamiento global. Entonces, ya sabíamos que exacerbaría el clima extremo y las olas de calor y que elevaría los niveles del océano. Sin embargo, casi la mitad de los estadounidenses no se lo tomaba en serio. Ahora sí, según las encuestas, y lo que cambió no fue la cantidad de evidencia, sino un movimiento en las fuerzas políticas y la forma en que los científicos aprendieron a defender sus argumentos.

La semana pasada, un informe sobre el daño acumulado a los océanos y los casquetes glaciares del mundo, por ejemplo, obtuvo una gran atención de los medios, aunque el mensaje no fue muy diferente al de informes previos del IPCC. Ahora se conocen algunos detalles más: el informe proyecta que para 2050, las que solían ser inundaciones de una vez cada 1.000 años probablemente ocurrirán cada año, asegura el investigador climático de la Universidad de Princeton, Michael Oppenheimer, uno de los autores del informe.

Lo que ha cambiado considerablemente es la forma en que los estadounidenses reaccionan a estas noticias, tomando en serio las proyecciones y reconociendo que no solo afectan a los osos polares, sino también a ellos.

Cientos de miles marcharon por Nueva York el 20 de Septiembre para demandar que su gobierno tome acción por el cambio climático. (AFP)
Cientos de miles marcharon por Nueva York el 20 de Septiembre para demandar que su gobierno tome acción por el cambio climático. (AFP)

Una clave para la nueva actitud de los estadounidenses surge cuando se revisa datos de encuestas realizadas a lo largo de los años, asegura el profesor de Yale Anthony Leiserowitz, quien estudia la opinión pública sobre el cambio climático. Lo que muestran los datos es una pronunciada caída de 14% en la aceptación del publico del cambio climático causado por el ser humano entre 2008 y 2009.

Leiserowitz asegura haber examinado todos los tipos de causas posibles, especialmente la recesión y una oleada de inviernos con mucha nieve. Pero en últimas concluyó que la caída estuvo relacionada con el ascenso del Tea Party. Antes de 2008, el candidato republicano a la presidencia John McCain dio una alta prioridad al clima, asegura, pero cuando perdió las elecciones contra Barack Obama, el Tea Party ganó energía e impulso.

Muchos estadounidenses fueron persuadidos por lo que Leiserowitz llama “señales de la élite política”; una forma elegante de decir que las personas siguen a sus líderes. Si los líderes republicanos dicen que el cambio climático es exagerado y que los científicos no son de fiar, las personas los siguen. Los datos de las encuestas muestran que los Republicanos han considerado el cambio climático como un asunto de baja prioridad consistentemente, mientras que para los demócratas está mucho más arriba.

Otra táctica de la derecha política fue crear un escándalo falso que se conoció como “Climategate”, cuyo fin fue generar dudas sobre los científicos y distraer de su mensaje. A finales de 2009, un grupo de hackers robó miles de correos electrónicos privados de grupos climáticos de la Universidad East Anglia en el Reino Unido y de la Universidad Penn State en EE.UU. No encontraron nada evidentemente incriminatorio, pero sacando ciertas palabras de contexto, como los “trucos” usados por alguien para graficar, los críticos lograron dar la impresión de que los científicos hicieron algo mal y no se debía confiar en ellos. Varias investigaciones exoneraron a todos, excepto a los hackers, que nunca fueron atrapados.

Este escándalo que nunca fue estuvo vinculado con una tendencia a acusar a los científicos y a los divulgadores de ciencia de ser deshonestos al hablar de desastres naturales. Los comentaristas criticaron a Al Gore por sugerir en su película de 2016 que el huracán Katrina habría podido tener algo que ver con el calentamiento global. Incluso el Wall Street Journal cayó en esta injusta difamación de la ciencia y en el mito de que existía un “Climategate”.

Imagen de los efectos del huracán Michael a su paso por Panama City, en Florida (Bloomberg / Luke Sharrett)
Imagen de los efectos del huracán Michael a su paso por Panama City, en Florida (Bloomberg / Luke Sharrett)

Como estrategia política, desacreditar a quienes hablaban de los desastres naturales fue efectivo. Las inundaciones, los incendios y las tormentas son una forma poderosa de llevar a los hogares los peligros del cambio climático, con algo que las personas pueden ver en sus televisores.

También había algo de verdad en las críticas. En efecto es imposible atribuir un huracán en particular al calentamiento global. El problema es que las personas estaban haciendo la pregunta equivocada, asegura Leiserowitz. Por ejemplo, preguntaban si el calentamiento global causó el Huracán Katrina, cuando lo que debían preguntar era si el calentamiento global estaba teniendo un efecto en la intensidad y la frecuencia de los huracanes. Sí lo tiene.

Es algo así como preguntar si el cigarrillo fue la causa del cáncer de pulmón en una persona en particular, explica. A algunas personas que no fuman les da cáncer de pulmón, y a algunas personas que fuman nunca les da cáncer, pero, en general, existe evidencia estadística abrumadora de que fumar eleva el riesgo de cáncer en los individuos. De la misma manera, el cambio climático generado por los humanos está cambiando las condiciones. Hay más energía atrapada en el océano y en la atmósfera, y eso está dejando una huella en el clima, extrema o no.

Podría parecer contradictorio que las personas sean lo suficientemente ingenuas para caer en el “Climategate”, pero aún así lo suficientemente sofisticadas para entender un argumento estadístico como ese. No obstante, el fenómeno conocido como razonamiento motivado a menudo permite a las personas inteligentes creer cosas con base en evidencia selectiva.

La opinión pública comenzó a cambiar cuando los científicos volvieron a hablar de los desastres naturales nuevamente, con evidencia estadística abrumadora. Después de que el Huracán Harvey inundara Houston en 2017, por ejemplo, Keven Trenberth (uno de los investigadores falsamente implicado en el “Climategate”), presentó una explicación detallada de la manera compleja en que el calentamiento de los océanos y el cambio en los patrones de los vientos ha aumentado las probabilidades de un desastre como Harvey.

El horizonte de Houston se ve en el fondo como la ciudad quedo inundada por el Huracán Harvey en Texas, EE. UU. REUTERS/Adrees Latif
El horizonte de Houston se ve en el fondo como la ciudad quedo inundada por el Huracán Harvey en Texas, EE. UU. REUTERS/Adrees Latif

Creer en el problema no es suficiente para desencadenar la acción, pero es un primer paso crucial. Ahora, muchas personas piden acción, gracias en parte a la noción popular de que los próximos 11 años son críticos para minimizar los impactos del calentamiento global. Es un número agradable y manejable; una ventana lo suficientemente pequeña para ser desafiante, pero lo suficientemente amplia para parecer realizable. Existe una meta concreta de mantener el calentamiento por debajo de 1,5 grados centígrados. Además, hay propuestas de solución, como el Nuevo Pacto Verde, el cual, aunque tal vez no es perfectamente práctico, le da a las personas un objetivo con un nombre.

Hace una década, los científicos se quejaban de que los conservadores habían enredado a todo el mundo en un debate falso sobre si el calentamiento global generado por los humanos existe, cuando deberíamos haber estado discutiendo qué hacer al respecto. Pero aun si la aceptación hubiera llegado antes, es difícil motivar a las personas para que se preocupen si simplemente se les ataca con culpas y miedos.

Nada como esto ha ocurrido jamás; nunca ha habido un problema a esta escala que exija una acción global coordinada. El agujero en la capa de ozono fue un problema global, pero solo exigía sustitutos a unos cuantos químicos industriales, no un esfuerzo a gran escala para cambiar las fuertes energéticas en las que se basa la economía. Aun así, muchos jóvenes están motivados a hacer lo que sea necesario en los próximos 11 años. No hay nada como el poder de un plazo.

Por Faye Flam para Bloomberg News

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