
Jorge Sainz es un médico nacido en México que ha pasado más de la mitad de sus 47 años en los Estados Unidos, donde se nacionalizó. El sábado, cuando un hombre publicó un manifiesto racista y a continuación masacró a tiros a 20 personas en El Paso, el pediatra auxilió a las víctimas en Del Sol Medical Center.
"Vine aquí por esperanza, y me convertí en médico para darla a mi vez", dijo a The New Yorker. Hace 15 años que vive en esa ciudad de Texas, porque tiene "lo mejor de los dos mundos" que separa la geografía política. Vio el lado sombrío de ese espacio el 3 de agosto, cuando escuchó en los altoparlantes: "Cualquier médico disponible, por favor acercarse a la sala de emergencias".
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Pensó que llegarían niños, comentó al periodista Charles Bethea. Por allí pasan muchos migrantes, entre ellos menores solos, "muy respetuosos y decididos". Le recuerdan a él: "Mi familia vino a este país buscando empezar de nuevo, también".
Pero llegaron 11 personas baleadas en el Walmart del Mall Cielo Vista.
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"Todo el mundo gritaba", recordó. "Veo entrar corriendo al cirujano principal de emergencias. Ya había evaluado a algunos pacientes, y los estaban llevando al quirófano para dejar espacio a los siguientes, los menos graves, que esperaban en el pasillo".

En esa confusión Sainz entró a la sala. "Una cosa es el trauma civil y otra el militar, las cosas que pasan en la guerra. El 90% muere en la escena, acaso el 10% sobrevive. Esto se acercaba al trauma militar. Este tipo no disparaba un arma calibre 22 o un rifle pequeño. Vi carne arrancada", detalló al semanario histórico de Nueva York.
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"Yo soy un pediatra, ¿verdad? Bien: durante un rato, un cirujano maxilofacial —un muy buen dentista, básicamente— y yo dirigimos la cosa, para coordinar el cuidado en la sala de emergencia. Los pocos cirujanos que teníamos ya estaban en el quirófano".

La mañana de Sainz había comenzado tranquila, en su consultorio de Pinino Pediatrics, y de allí había salido a cubrir la ronda de visitas a los recién nacidos en Del Sol. Vio una moto y varios vehículos de la policía; también un helicóptero. Pensó en una persecución de película.
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Sin embargo, apenas había comenzado a revisar a los bebés en el cuarto piso, escuchó la voz en el altoparlante que urgía a todos los médicos. De camino a la sala de emergencias escuchó ya rumores sobre la balacera.

"Era un objetivo muy rico", describió a The New Yorker el supermercado donde se concentró el atacante, que además de los muertos dejó 26 heridos. "Una zona muy populosa con mucha, mucha gente del otro lado de la frontera, en especial en el Walmart. En especial el sábado a la mañana. Muchas veces no se escucha una sola palabra en inglés allí".
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De las once de las víctimas, "en un momento traté a tres al mismo tiempo". Más tarde, al mirar un video, las reconocería caídas en el piso del Walmart.
"Las tres hablaban español. Las tres eran estadounidenses. Las tres estaban en estado crítico", describió a Bethea.
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"La mujer tenía 35 años y sangraba mucho. Un hombre también tenía 35 y había sido baleado en la pierna y tenía una lesión pélvica. Otro hombre tenía 55 y le habían disparado en el abdomen, y la bala le salió por una nalga. Todos se podían comunicar de alguna manera, pero también sangraban profusamente". Necesitaron transfusiones. "Si uno espera, se mueren: uno calcula aproximadamente cuánta sangre han perdido y los signos vitales, y empieza a transfundirlos. El hombre de 35 habría sido el primero en morir, probablemente, sin la sangre".
Sainz les habló en español. Les dijo que estaban heridos y que ya los estaban tratando, que iban a estar bien. "Por favor díganos si tiene dolor o cualquier otra cosa que quiera que sepamos". Cada tanto volvía a verlos, sólo para alentarlos: "Todavía estamos haciendo cosas. Todo marcha como debe ser". Los pacientes asentían y susurraban su agradecimiento.
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En un momento, entre gritos y cajas con productos de sangre y camillas que llevaban a los pacientes al tomógrafo, escucharon el rumor de que había un atacante armado en el otro hospital que recibió a las víctimas. "Pensé: 'Esto está más organizado que de costumbre'", dijo. Preventivamente, la policía cerró la clínica.
Luego de cuatro horas la situación se había normalizado, gracias al trabajo del personal y los refuerzos que llegaron. Entonces Sainz pensó en las paradojas de la historia: cuando Texas era Tejas, y la gente cruzaba para ser tejana. "Y aquí estamos ahora, diciendo lo mismo. Y alguien siente que tiene derecho a quitarle la vida a otro porque no tiene un aspecto texano según él. Bueno, somos todos iguales. Todos iguales, y todos vulnerables".
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