
Con el nombramiento de la pediatra Nadine Burke Harris como directora general de Salud Pública, California creó un cargo para ocuparse de algo que en los Estados Unidos no es tan común como en otros países desarrollados: la prevención. El sistema médico estadounidense es de excelencia, sobre todo en los grandes centros urbanos, para tratar los problemas. Por primera vez, el rico estado del oeste se ocupará de las causas ambientales y sociales que llevan a que la gente se enferme. Y que empiezan en la niñez.
"Hoy empezamos a entender que la exposición a altas dosis de adversidad, en particular en la infancia, activa vías metabólicas que liberan más hormonas del estrés, capaces de afectar el desarrollo del cerebro, el del sistema inmunológico, el de los sistemas hormonales y hasta el modo en que se transcribe nuestro ADN", dijo Burke Harris, sobre el eje de su tarea de prevención. "Estos cambios de largo plazo son lo que hoy se conocen como estrés tóxico".

El nuevo gobernador, Gavin Newsom, creó la Dirección de Salud Pública para atender "las señales tempranas y los factores determinantes en la infancia" asociados a los problemas de salud. Por eso eligió a la fundadora del Centro para el Bienestar Juvenil, de San Francisco: es una experta en niños expuestos a estrés tóxico y traumas. La pediatra espera impulsar "un sistema que promueva la salud en lugar de tratar la enfermedad".
En diálogo con Quartz, Burke Harris habló de una expresión clave, las experiencias adversas en la infancia (ACE), que se emplea desde hace dos décadas tras un estudio pionero del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y Kaiser Permanente. El estudio clasificó 10 categorías de ACEs:

• El abuso físico
• El abuso emocional
• El abuso sexual
• El abandono físico
• El abandono emocional
• Un hogar donde el padre o la madre sufren una enfermedad mental
• Un hogar donde el padre o la madre sufren la dependencia de sustancias
• La separación del padre o la madre por su encarcelamiento
• El divorcio
• La violencia doméstica.
El estudio del CDC halló "dos cosas de importancia crítica", dijo la médica estadounidense de origen jamaiquino. "Una: las ACEs son increíblemente comunes. Dos tercios de la población ha vivido al menos una, y una de cada ocho personas ha vivido cuatro o más. La segunda es que existe lo que llamamos una relación dosis-respuesta entre las ACEs y las consecuencias negativas en la salud".

Así, por ejemplo, una persona que sufrió cuatro o más experiencias adversas en la infancia tiene más del doble de riesgo de cáncer, más del doble de riesgo de episodio cerebrovascular y tres veces el riesgo de enfermedad pulmonar crónica.
El hecho de que las ACEs sean tan comunes hace necesario que a todos los niños se los analice, rutinariamente, por ellas. Y en el caso de los adultos, la clave está en echar abajo un mito muy arraigado: "Que si se ha sufrido adversidad en la infancia, no hay nada que hacer al respecto", dijo la experta.

Hay recursos contra el trauma y el estrés tóxico, y no hace falta tecnología de la NASA para acceder a ellos: "Sueño, ejercicio, nutrición, práctica de la atención plena o meditación, cuidado de la salud mental y relaciones sanas", enumeró.
"La ciencia muestra es que el cuidado con dedicación mejora los resultados, mejora el desarrollo cerebral, mejora la función inmunológica, mejora la regulación epigenética. Todas estas cosas marcan diferencias. Por eso la detección y la intervención tempranas son tan importantes", dijo Burke Harris.

Para hacerlo, su presupuesto incluye fondos para visitas a los hogares y planes especiales para niños de minorías étnicas, que considera una inversión para el futuro: "Cuando hablamos de mejor salud, también hablamos de menor costo de atención sanitaria". Recordó, como ejemplo, el caso de una niña de 3 años que habría sido erróneamente tratada por dificultades de crecimiento si no se hubiera detectado que sufría siete de las 10 ACEs. Seis meses de psicoterapia familiar hicieron que su cuerpo dejara de inundarse de hormonas del estrés que interferían con su desarrollo.
La autora de The Deepest Well (un libro sobre cómo curar los efectos de largo plazo de las experiencias adversas en la infancia) insistió en que "nunca es tarde para comenzar a sanarse".

No por eso conviene esperar, al contrario: las personas que cuidan a los niños —en general, la familia inmediata— son los antídotos más importantes contra el estrés tóxico. "Biológicamente tenemos la capacidad de calmar la respuesta al estrés de nuestros hijos", dijo a Quartz. "Pero para hacerlo, tenemos que tener nuestra propia respuesta al estrés en buenas condiciones. Y eso significa que a veces tenemos que trabajar sobre nosotros mismos".
Tanto para los niños como para los adultos, el consejo es el mismo, repitió: "Sueño, ejercicio, nutrición, atención plena, salud mental y relaciones sanas". Eso permite que una familia "rompa el círculo generacional de ACEs y estrés tóxico". Por eso, recordó, "cuidarse a uno mismo no implica ser egoísta".
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