Adriano recordó la final de la Copa América 2004 con burlas para Argentina y habló sobre la “hora de la fiesta” en su paso por Flamengo

El artillero brasileño habló de la rivalidad con la Albiceleste y rememoró su etapa de fiestas en el Mengão: “¡Todas las esposas conocían el trato! ‘¡Estaremos en casa a medianoche!”

Adriano marcó el 2-2 ante Argentina en la final de la Copa America 2004 (Foto: AFP)
Adriano marcó el 2-2 ante Argentina en la final de la Copa America 2004 (Foto: AFP)

Uno de los grandes personajes en la historia moderna del fútbol brasileño es Adriano Leite Ribeiro, cuya vida y trayectoria deportiva son una auténtica montaña rusa. El Emperador conoció el cielo y el infierno, tocó la gloria y cayó en la depresión, por lo que sus confesiones siempre generan impacto. Su carrera está plagada de grandes historias, como la final ante Argentina en la Copa América 2004 y sus días en Flamengo.

En un texto que ha publicado Adriano en The Players Tribune, donde hizo una carta a corazón abierto, el ex futbolista brasileño de 39 años rememoró la gran rivalidad que hubo entre Brasil y Argentina en la definición de Copa América 2004 que se disputó en Perú. Más precisamente sobre la final jugada el 25 de julio en el Estadio Nacional de Lima.

“Todos los brasileños recuerdan ese juego”, escribió el ex goleador, quien explicó que fue un partido de alto voltaje y que disfrutó mucho de ver perder a la Albiceleste que en aquel momento dirigía Marcelo Bielsa.

Final de la Copa América 2004: el partido consagratorio de Adriano

“Estamos perdiendo ante esos bastardos en los minutos finales. Empezaron a cagarnos, se burlaban de nosotros, intentaban hacernos perder la cabeza para perder más tiempo. ¡Luis Fabiano quería pegarle a todo el mundo! ¡Jajaja!. ‘¡Olvídate del juego! ¡Matemos a estos bastardos!’”, rememoró Adriano.

Aquella tarde, el Emperador marcó sobre el cierre del partido el gol que forzó la definición por penales, un momento que jamás olvidará: “El resto es un poema, hombre. Es una película. Es una canción. No sé qué es, pero no es la realidad. La pelota entró flotando en la área. Confusión. Cuerpos. Codos. ¡No podía ver una mierda! Si miras el video, de hecho levanto mi codo para golpear a alguien. Pero entonces, de repente, la pelota estaba a mis pies. Un regalo del cielo. Pensé, ¡oh! ¡Ven aquí, hermosa hija de puta! Te estaría mintiendo si dijera que sé hacia dónde apunto. La golpeé con la izquierda, tan fuerte como pude. Un beso del Gordo a los argentinos. Golpeó el fondo de la red y no puedo describir la sensación. Increíble.”

Un gol de Adriano Ribeiro le permitió a Brasil llegar a los penales en la final de la Copa America 2004 (Foto: AFP)
Un gol de Adriano Ribeiro le permitió a Brasil llegar a los penales en la final de la Copa America 2004 (Foto: AFP)

Esa anotación solamente significó el 2-2 pero, según cuenta Adriano, ya sabía que serían los ganadores del torneo. “Solamente habíamos empatado el juego, pero sabíamos lo que pasaría en los penaltis y así fue. Éramos los campeones. Y Argentina no lo fue. Ganar así a Argentina, para mi país, con mi familia mirando... probablemente fue el día más feliz de mi vida. El chico de las malditas favelas, hombre. ¿Cómo no pensar que Dios había bajado su mano del cielo para tocar mi vida? Y esa es una lección para todos. Porque no importa quién eres, puedes estar en la cima del mundo, puedes ser el Emperador”, relató.

Otra de las anécdotas más destacadas que contó Adriano en The Players Tribune corresponde a sus días en Flamengo, club al que regresó en 2009 tras sus gran paso por Italia, aunque en esa época ya había perdido el amor por el fútbol. Según contó, disfrutaba más de las fiestas que de los entrenamientos.

Adriano recordó sus épocas de fiesta en el Flamengo (Foto: EFE)
Adriano recordó sus épocas de fiesta en el Flamengo (Foto: EFE)

“Cuando volví a casa en Río para jugar en el Flamengo, ya no quería ser el Emperador. Quería ser Adriano. Quería volver a divertirme. Y hermano, nos divertimos. Te diré la verdad sobre ese equipo del Flamengo. A veces íbamos a los entrenamientos no por el fútbol, sino sólo por las bebidas de después. Tan pronto como nos despedían del entrenamiento, hora de la fiesta. ¡Todas las esposas conocían el trato! ‘¡Estaremos en casa a medianoche!’”, recordó.

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