La pintura más cruda del vestuario de Italia tras la derrota por penales contra Argentina en el Mundial del 90: “No se escuchó una palabra más hasta el hotel”

Giuseppe Giannini, ídolo de la Roma, fue titular en aquel duelo en Nápoles y resultó reemplazado por Roberto Biaggio. En un entrevista con Infobae detalla la estrategia psicológica empleada por Maradona y describe la tensión vivida en los remates desde los 12 pasos, en los que Goycochea se erigió como figura

La felicidad de Maradona tras eliminar a Italia (Ricardo Alfieri)
La felicidad de Maradona tras eliminar a Italia (Ricardo Alfieri)

Próximo a cumplir 55 años, Giuseppe Giannini sigue siendo uno de los grandes ídolos de los tifosi romanos, junto con los más modernos Gianfranco Totti o Danielle de Rossi. En la Roma jugó entre 1981 y 1996, fue su capitán y campeón de la Serie A en la temporada 1982/83 y ganó tres Copas de Italia, hasta que se fue a terminar su carrera al Sturm Graz de Austria. Pero en su gran carrera en el fútbol italiano, que incluyó un importante paso por la selección azzurra, vivió una inesperada experiencia en el Mundial de Italia de 1990 como local.

—¿Qué conclusiones saca de aquel torneo?

—Sin dudas, jugar ese Mundial fue muy importante para mí, pero sé que lamentablemente quedará por siempre resaltada la derrota en semifinales ante Argentina, porque esa es la última imagen que queda en la gente y la foto que recorrió el mundo. Y en ese sentido, no fue positivo, porque para nosotros, el tercer puesto final fue poco para lo que nos habíamos planteado. Piense que nosotros fuimos eliminados en semifinales, como locales, con un solo gol en contra, e invictos. Eso es algo poco habitual y representó una enorme desilusión.

—Antes de empezar el Mundial, ¿no cabía otra alternativa que el título?

—Teníamos muchísima ilusión, porque pudieron reunirse varios jugadores de calidad que trabajamos muy bien con nuestro entrenador, Azeglio Vicini, como Roberto Mancini, Roberto Baggio, Andrea Carnevale, Salvatore Schillaci, Gianluca Vialli, y grandes defensores, buenos jugadores en todos los puestos, que sumados a la tradición de nuestro fútbol y a la condición de local, nos hizo pensar que podíamos ganar ese Mundial, y tan errados no estábamos, porque llegamos a la semifinal invictos y sin goles en nuestro arco. Eso es todo un indicador.

—Usted marcó un gol ante Estados Unidos, en la fase de grupos.

—Sí, un lindo recuerdo, porque además, ese partido se jugó en el estadio Olímpico de Roma, que era mi casa. Yo jugaba allí todos los partidos como local con la Roma, así que la satisfacción fue doble, pero al final no sirvió para nada.

—¿Y cómo explica la derrota ante Argentina?

—Es que cuando se juega un solo partido y uno pasa o queda eliminado, todo puede pasar, y creo que el gol de (Claudio) Caniggia alteró todo. Veníamos bien en el primer tiempo, incluso estábamos ganando, pero ese gol cambió las cosas y ya en el segundo tiempo no éramos los mismos.

—Antes de ese partido, cuando se enteró de que enfrentarían a Italia en Nápoles, Diego Maradona dijo aquello de que “los italianos se olvidan todo el año de los napolitanos y ahora pretenden que apoyen a su selección”. ¿Cómo tomaron ustedes aquellas declaraciones, que generaron un alto impacto mediático en la sociedad italiana?

—Cuando Maradona dijo eso, nosotros teníamos en claro que se trataba de una estrategia que, por supuesto, no era positiva para nosotros ni para los napolitanos, pero estábamos absolutamente concentrados en el partido y tratábamos de que eso no influyera en nuestro juego.

—¿Cómo puede definir el clima de ese partido en el estadio San Paolo?

—Era muy difícil jugar allí contra Maradona, y lo sabíamos de antemano. Tener a Maradona, un ídolo de los napolitanos, enfrente era estar preparados para saber que el partido se nos podía complicar, pero con todo respeto hacia Maradona y sus compañeros, nosotros sentíamos que teníamos un nivel superior a ellos. Nos mató el gol de Caniggia cuando estábamos en ventaja.

—Usted fue reemplazado en el segundo tiempo por Roberto Baggio y no pudo estar en el momento de la definición por penales. ¿Le quedó alguna duda o algún resquemor por no haber tenido la chance de formar parte de esa tanda?

—Efectivamente, yo era uno de los candidatos a patear un penal de haber estado en el campo de juego, pero hay que reconocer que fui sustituido por otro muy buen pateador de penales, como Baggio, que era un especialista. Lamentablemente para nosotros, fallaron (Roberto) Donadoni y (Aldo) Serena, y nos eliminaron.

—En la definición por penales en los cuartos de final, ante Yugoslavia, en Florencia, Sergio Goycochea ya había atajado penales. ¿Eso no les generó nada en particular antes del partido? ¿Había alguna indicación particular sobre eso?

—Así es, Goycochea había demostrado ante Yugoslavia que era un especialista en atajar penales, pero no podría decirle que hayamos tenido una estrategia particular. La cuestión es que fallamos y eso puede deberse también a su mérito. Ahora ya es tarde.

Giuseppe Giannini, ídolo de la Roma
Giuseppe Giannini, ídolo de la Roma

—Usted lo vibró desde afuera. ¿Cómo se vivían esos momentos?

—La tensión estaba, es innegable. Era una gran responsabilidad para los jugadores por el hecho de estar ahí y que todo dependiera de esos penales. Recuerdo que había una tensión especial. Cada penal depende de la personalidad de cada uno.

—Tras ese partido, se dijo que Maradona y Caniggia pagarían muy caro en la liga italiana siguiente el haber eliminado a Italia de su Mundial y de haber hecho perder mucho dinero a la organización.

—No es cierto eso. No tuvieron problemas, al menos algo organizado, que yo sepa. Maradona es un ídolo incuestionable en Nápoles.

—Cuando Goycochea le atajó el penal decisivo a Serena, ustedes se quedaron muchos minutos sentados en el césped del San Paolo y parecía que no se podían levantar, y todo había terminado hacía muchos minutos. ¿Cómo siguió todo después? ¿Cómo se levantaron para jugar ante Inglaterra por el tercer puesto?

—Recuerdo que en el vestuario nadie habló nada, ni una palabra. Tampoco en el micro hacia el hotel. Fue una desilusión enorme, y algo muy negativo para nosotros.

—Usted fue una gran figura de la Roma, uno de sus capitanes más reconocidos durante muchos años, y justo se fue cuando llegó como director técnico Carlos Bianchi. ¿Pudo tener alguna experiencia con él?

—No. Justo cuando él llegó, yo me marché al Sturm Graz de Austria, así que no llegamos a coincidir, pero duró poco.

—En Italia se dice que no lo quería a Totti. ¿Usted sabe algo?

—No sé lo que pasó entre Bianchi y Totti.

—En Roma se dice que usted marcó una época allí como jugador…

—Bueno, tuve mi tiempo, como lo tuvieron Totti, De Rossi, Bartolomei, Bruno Conti, todos romanos con los que los tifosi se identificaron.

—De Rossi tuvo la chance de jugar en la Argentina vistiendo la camiseta de Boca. ¿Alguna vez pensó o tuvo la oportunidad de jugar en un equipo argentino o sudamericano?

—No… Hicimos partidos con la Roma, durante una gira, en la Argentina, pero jamás se me cruzó por la cabeza una idea así. Tampoco sigo mucho la liga argentina, perdón.

—¿Qué actividad desarrolla Giannini ahora?

—Ninguna, estoy a la espera de alguna oferta. Antes estaba en el departamento de juveniles de la Federación Italiana.

—¿Cómo ve usted al fútbol italiano actual luego de una frustración por haber quedado eliminado del Mundial de Rusia 2018?

—Creo que ahora todo se normalizó. Una generación terminó y dio lugar a otra con la que viene trabajando bien Mancini. Ahora vamos a ver cómo resulta en la Eurocopa, que se postergó pero que iba a jugarse este año, y ya luego habrá que prepararse para el Mundial de Qatar 2022.

—Usted fue un reggista, como dicen en Italia, o un armador de juego, un “diez”, como decimos en la Argentina. Parece que ya no quedan en el mundo muchos jugadores de esas características.

—Es que ahora hay dos tipos de jugadores así, depende de dónde se coloquen en la cancha. Está el reggista, más adelante, por detrás de los delanteros, lo que nosotros llamamos “trescuartistas”, o está el armador por delante de la defensa, como jugaba Andrea Pirlo. Pero para decidir cómo jugar, depende del entrenador, del momento y de los otros componentes del equipo. No hay una única receta.

—Así como hubo ídolos como usted, Totti, De Rossi, ¿hay ahora en la Roma un jugador que pueda tener esa estatura de ídolo de los hinchas?

—Creo que (Lorenzo) Pellegrini, que está escalando jerarquías y se está convirtiendo en un jugador importante para el equipo y al que cada vez se valora más.

—¿Le gusta este fútbol que se juega ahora?

—Ahora se juega a más velocidad. Antes, el fútbol era más lento. Antes había más calidad y ahora, cada jugada dura muy poco y hay menos fantasía pero más marca, más presión y pocos espacios. Son tiempos distintos.

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