
La Justicia de Reino Unido ha declarado culpables de causar daños criminales a la pareja de activistas ecologistas del grupo Just Stop Oil que se pegaron las manos a un cuadro del pintor neerlandés Vincent van Gogh en una galería de arte de Londres.
Los dos acusados -una mujer de 24 años y un hombre de 22- causaron daños a la galería por valor de 2.000 libras (unos 2.300 euros) durante su ‘performance’ contra la obra Melocotonero en flor. Sin embargo, el cuadro, más antiguo que la propia pintura, ha sufrido daños irreparables.
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La jueza Neeta Minhas ha aseverado que el marco no podrá volver a su estado original después del ataque de los activistas, mientras que la pintura en sí presenta también daños aunque “sustanciales”, lo que no hace sin embargo que sea una cuestión “menor, insignificante, temporal o trivial”.
Por su parte, Francesca Cociani, abogada defensora de los activistas ha cuestionado si ahora, gracias al ataque llevado a cabo por sus defendidos, la obra de Van Gogh podría haber aumentado su valor.
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Por su parte, la restauradora de la galería, Karen Serres, ha respondido con un rotundo “no” a la pregunta de Cociani.
Varios grupos ecologistas han llevado a cabo en las últimas semanas reiterados ataques contra reconocidas obras de arte de pintores como el español Francisco de Goya, el austriaco Gustav Klimt o el propio Van Gogh.
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Su principal objetivo pasa por visibilizar el cambio climático y la necesidad de que los gobiernos internacionales adopten medidas para frenarlo.
Qué quieren los activistas climáticos
La generación del cambio climático afirma que los gobernantes hablan demasiado, no escuchan suficiente y actúan aún menos. Y están hartos. Pero últimamente, un puñado de activistas ha ido más allá de faltar a clase para atacar obras de arte o depósitos de combustibles fósiles y neumáticos en acciones muy publicitadas.
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Expertos y patrocinadores esperan que esas acciones más visibles vayan en aumento.
“Harán todo lo no violento que sea necesario. Están motivados”, dijo Margaret Klein Salamon, psicóloga clínica y directora del Climate Emergency Fund, que presta apoyo financiero a algunas de las protestas más sonoras. “Son muy apasionados. Parte de eso viene de la juventud, desde luego. Pero se ve potenciado por la realidad, por tener una especie de choque con la verdad”.
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Aunque muchos activistas jóvenes no sienten que se les esté escuchando, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, les reconoció el mérito de instar a los negociadores a hacer más. La científica de la Universidad de Maryland Dana Fisher, que estudia el movimiento ecologista y a los jóvenes activistas, recordó que han declarado ante el Congreso de Estados Unidos y hablado ante Naciones Unidas y en cumbres climáticas anteriores.
“Los jóvenes han tenido mucho más que decir que en cualquier otro momento de mi vida adulta”, dijo Fisher. “Creo que muchos de ellos sentían que como fueron invitados y recibieron esas oportunidades, eso significaba que todo el mundo iba a dar un giro y cambiar su política”.
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Los expertos que estudian a los jóvenes activistas climáticos dicen que si bien pertenecen a la generación mejor educada de la historia, muchos quieren tomarse un descanso en su educación para centrarse en las acciones climáticas. Otros, como Jevanic Henry, quieren combinar su vida profesional con el activismo climático. Él ha trabajado con gobiernos y organizaciones sin fines de lucro en cuestiones climáticas.

“Intento mantenerme tan optimista como puedo”, dijo Henry en una entrevista, aunque dijo que ese esfuerzo choca con el temor a que se produzca un colapso socioeconómico si no se toman medidas en todos los niveles.
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“Cada vez más gente va a estar molesta y frustrada y dispuesta a emprender acciones más agresivas”, dijo Fisher, de la Universidad de Maryland. “Y el problema es que en algún momento, eso puede volverse violento”.
Las nuevas tácticas, como arrojar sopa o puré de patatas a obras artísticas famosas -que tienen cristales que las protegen del daño- nacen de la frustración, dijo Klein Salamon, de Climate Emergency Fund.
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“Lo hemos intentado todo. Marchas y campañas de presión, escribir cartas, hacer llamadas”, dijo Klein Salamon. “Simplemente no estamos donde deberíamos”.
(Con información de EP y AP)
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