
El libro electrónico, mejor conocido como “ebook”, fue una revolución oportuna para los lectores, ya que brindó una opción más para llevar los libros a cualquier lado, eliminando los grandes formatos e incluso protegiéndolos del ambiente.
Una de las características que impulsó el uso del libro electrónico fue la posibilidad de subrayar y hacer anotaciones, pues ya muchos de los aparatos digitales tienen esa opción e incluso se pueden enviar las correcciones por correo y así tener la lista de las cosas que se anotaron y la página señalada.
Nada de esto hubiera sido posible sin la curiosidad y el talento de Ángela Ruiz Robles, quien fue maestra, escritora e inventora española.
El desarrollo de su vocación la llevó a ser maestra de mecanografía y contabilidad mercantil (1915) y muchos años dedicó a la docencia, pero a partir de los años treinta empezó a trabajar en la edición y reedición de libros que publicó dedicada a la ortografía y taquigrafía.
Según el medio gallego álbum de mulleres menciona que publicó 16 libros y tres de ellos son: Compendio de ortografía castellana, Ortografía castellana y Taquigrafía martiniana abreviada moderna.
Para 1944 sus proyectos empezaron a ser más conocidos, pues desarrollaba Atlas científicos y gramaticales con el fin de dar a conocer el estudio de la gramática, sintaxis, morfología, ortografía y fonética.
Un invento que cambiaría el mundo

Para 1949 terminó una de las propuestas para la enciclopedia mecánica, patentada el día siete de diciembre de 1949. El número de la patente es 190.698. Este invento lo realizó para poder llevar el conocimiento a muchos lados y que pudiera ser fácil su uso.
En 1962 se lanzó un prototipo de la enciclopedia mecánica de sus “libros mecánicos” y de la “enciclopédica mecánica” con el fin de favorecer la comprensión de las asignaturas, “ahorrar peso y volumen a los estudiantes para una más sencilla portabilidad de los materiales escolares y mejorar la lectura de los textos en condiciones de escasa luminosidad o discapacidad visual de los propios alumnos, aspectos estos que resultaban principales para un maestra preocupada sobremanera por la salud y bienestar de los estudiantes”, menciona el Museo Nacional de Ciencia y tecnología de España.
Para su primera patente imaginó incluir las materias objeto de estudio en “sencillos soportes mecánicos con formas de objetos cotidianos, animales, etc., que resultaran familiares a los estudiantes, haciendo uso de materiales ligeros (como el papel o la cartulina), con pulsadores automáticos, pilas, tintas luminiscentes, materiales con propiedades ópticas de aumento”.
Ángela estaba convencida que la tecnología debería de facilitar la enseñanza en diferentes asignaturas, donde podría presentar los contenidos innovadores y de manera diferentes de lo que son los libros en su formato tradicional.

En la Enciclopedia Mecánica, su segunda patente, los contenidos de cada asignatura se desarrollan a lo largo de tiras de papel dispuestas en rollos intercambiables. Esto con el fin de que los alumnos tengan acceso con todas las materias de estudio en un solo lugar, recordando a las enciclopedias escolares de que se usaban anteriormente.
El parque de Artillería del Ferrol (A Coruña) construyó un modelo de la Enciclopedia Mecánica en bronce, zinc y madera. Sus dimensiones fueron de 24cm (alto) x 22cm (ancho) y 6cm (fondo), con un peso de 4724 gr.
En su evolución tuvo distintos cambios, como el color con la que se cubrió el maletín de chapa de acero por medio de una pletina y lo único que no se construyó en el prototipo fue que, en la parte posterior, colocar unas pestañas que permitieran articular un bastidor para su lectura en posición inclinada.
Al final, la enciclopedia no pudo ser una realidad comercial. Sus dos patentes con registro 190698 y 276346 fueron muy ambiciosos para la época, ya que se llegó a hacer un prototipo en colaboración con el Instituto Técnico de Especialistas en Mecánica Aplicada, S.A. (ITEMA, S.A.), en el cual se contemplaba la posibilidad de producir grandes series de su Enciclopedia mecánica (10 mil unidades) en materiales plásticos, nylon, y aceros de diversas cualidades, que posibilitara su adquisición a un precio unitario final de entre 50 y 75 pesetas.
Sin embargo, no se llegó a fabricar. Ángela Ruíz mantuvo las cuotas de su patente al corriente hasta 1975, año de su muerte. Con ello nunca perdió la esperanza de llevar la Enciclopedia Mecánica a estudiantes para facilitar el aprendizaje de los estudiantes.
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