Libros que sí: misterio en Cataluña, niños de la frontera, terror y dolor en París y Almodóvar en lenguaje inclusivo

Guía de lecturas para no perderse en el ancho mar de títulos nuevos y no tan nuevos. Una ayuda amistosa para lectores indecisos

Pocas cosas me gustan más que compartir lecturas y desparramar títulos ahí por donde voy. Se ve que, aunque tengo muchos defectos, no soy egoísta o al menos no lo soy con los libros que leo: ¡si hasta los presto!

(Ahora que lo pienso, a lo mejor la razón de tanta generosidad en los comentarios bibliográficos es que arrastro un complejo de bibliotecaria o un narcisismo tremendo por el que me empecino en consagrar lecturas. Debería verlo con el analista que no tengo. Listo, agendado).

Lo que sigue es entonces una nueva lista de títulos buenísimos y los consiguientes comentarios breves, acorde a los tiempos -sin tiempo- que corren.

FICCIÓN Y NO FICCIÓN DE CALIDAD EN UNA ERA DE XENOFOBIA

Desierto Sonoro, de Valeria Luiselli (Sigilo/Sexto Piso)

Una pareja parte desde Nueva York a Arizona en auto con sus hijos. Van rumbo a un viaje de trabajo y conocimiento que es, también, el viaje final de un proyecto amoroso y de vida en común, lo que marca el tono elegíaco que acaricia la trama la primera mitad de la novela. Son una familia ensamblada aunque todo indica que conviven sin que eso sea una marca de distancia a la hora del amor entre unos y otros.

Los protagonistas adultos -ella es mexicana, él estadounidense; la niña de 5 es hija de ella, el niño que cumplirá 10 durante el viaje es hijo de él- comparten un oficio, ambos son documentalistas sonoros. Para su cumpleaños el chico recibirá de regalo una polaroid, otro modo de registrar y documentar hallazgos y pérdidas. Ante una pregunta, la narradora buscará hacerle entender qué significa documentar algo: “Solo es una forma de añadir una capa más, una pátina, a todas las cosas que ya están sedimentadas en una comprensión colectiva del mundo”.

En el baúl del auto viajan con ellos siete cajas que contienen las herramientas de trabajo, apuntes, libros teóricos, fotos, diarios y también literatura de amplio espectro que acompaña los ciclos del viaje y que va -entre otros- de los Diarios tempranos de Susan Sontag, los Cantos de Ezra Pound o La tierra baldía de T. S. Eliot, pasando por Bolaño, La carretera de Mc Carthy y On the Road de Kerouac, hasta El señor de las moscas de William Golding y La cruzada de los niños de Marcel Schwob.

La road movie familiar se desplaza entre el auto y el alojamiento en los moteles más diversos, con especial acento en las preguntas de los chicos, su modo de hablar -la reconstrucción del habla infantil es de una ternura extraordinaria- y las distintas historias que surgen a partir de cada albergue. La música -los que hicimos viajes en auto con hijos chiquitos lo sabemos bien) tiene un lugar central: la presencia de Bowie con su Space Oddity (“Ground control to mayor Tom”) es absolutamente conmovedora.

La obsesión de él es el pasado indígena de los Estados Unidos, la figura de Gerónimo y los rastros de la cultura y la masacre. La obsesión de ella pasa por la información cotidiana en diarios, radio y TV sobre los migrantes en la frontera y, sobre todo, por los niños perdidos, aquellos chiquitos y chiquitas que llegan enviados por los mayores desde México o países centroamericanos con el propósito de salvar sus vidas y la mayoría de las veces terminan sufriendo lo indecible antes de acabar siendo deportados o muertos.

La estructura de la novela es deslumbrante; el cambio de narrador y, por consiguiente, de punto de vista (en la primera parte narra ella; en la segunda quien cuenta es el hijo de 10 y la suya es una narración dirigida a su hermana menor) es una sorpresa para el lector y una jugada de riesgo pero exitosa en la construcción literaria que se propuso la autora, una de las grandes narradoras del momento, celebrada en todo el mundo. Luiselli escribe endemoniadamente bien y consigue en apariencia sin esfuerzo (lo que suele demandar tremendo esfuerzo en realidad, lo sabemos) transmitir el catálogo de diferentes sentimientos que se van dando durante este viaje triste e inolvidable.

La novela, escrita originalmente en inglés y traducida por la propia autora y el escritor Daniel Saldaña, se publicó en Argentina a través del sello Sigilo, aunque antes fue publicada en español por Sexto Piso. La leí hace algunas semanas y poco después vi la película Historia de un matrimonio, por lo que no puedo dejar de asociarlas en la cadencia y la melancolía. Y es que posiblemente no haya algo más triste que el dolor de los más chicos y el derrumbe definitivo de los proyectos familiares.

Eso, apenas. (Acá debería ir emoji de carita triste)

.............................

Los niños perdidos, de Valeria Luiselli (Sexto Piso)

Este libro se publicó en 2016 y si bien en 2018 leí algunos fragmentos, recién ahora, luego de leer Desierto sonoro, volví por él, para buscar claves sobre la novela que me deslumbró.

Y es que este es el libro/origen de la gran novela escrita por la autora mexicana y de la que todos hablan/hablamos hoy.

Aquí, en forma de ensayo, Luiselli cuenta su experiencia como traductora en la corte migratoria de Nueva York, adonde llegan los chicos que consiguen entrar a Estados Unidos después de odiseas espantosas y que, aún luego de esa experiencia atroz, deben pelear para terminar con su estatus ilegal, algo que consiguen muy pocos.

De aquí sale la idea de “niños perdidos” y varias historias que se leen en Desierto sonoro, como la de las dos nenas que emprendieron el viaje con los vestiditos en los que la abuela les bordó del lado de adentro del cuello el número de teléfono de la mamá, que las esperaba en Estados Unidos y a las que les dijo que de ningún modo debían sacarse esos vestidos, que ahí estaba la cifra que iba a salvarlas... (“Nunca se quiten el vestido, ni para dormir, ni para bañarse, nunca”)

En este libro se lee también la propia historia de Luiselli como inmigrante que espera en vano la llegada de su Green Card, esa tarjeta que concentra la esperanza de tantos hombres y mujeres que viven temblando por la amenaza de expulsión.

En su libro, Luiselli explica en detalle por qué hay que hablar de la guerra del narco como de “guerra hemisférica”, por lo que incluye también a Estados Unidos, pese a que en ese país -y en otros, claro- buscan seguir pensándola como un fenómeno que se circunscribe a México.

"Las historias de los niños perdidos son la historia de una infancia perdida. Los niños perdidos son niños a quienes les quitaron el derecho a la niñez. Sus historias no tienen final", escribe la autora.

El prólogo es del gran Jon Lee Anderson.

....................................................

MEMORIAS DEL SUBSUELO

El colgajo, de Philippe Lançon (Anagrama)

A 5 años del demencial ataque a la redacción de la revista satírica francesa Charlie Hebdo, leí este relato en primera persona del atentado y la memoria en carne viva -nunca más literal el concepto- de cómo sigue el día a día y noche a noche de un sobreviviente del terror. Phillipe Lançon es periodista cultural, trabajó por años en Libération y en Charlie. La mañana del 7 de enero de 2015 fue con su bicicleta a la reunión semanal de la revista que durante mucho tiempo enseñó a los franceses a sentirse más libres y desprejuiciados y que, desde ese mismo día, cuando dos hermanos islamistas radicales fueron a terminar con la vida de sus hacedores, se convirtió en símbolo del oscurantismo fanático.

El relato de los hechos es escalofriante y conmovedor a la vez: una crónica periodística en primera persona, con detalles alucinados e inimaginables para cualquier lector. Pero esa crónica única y difícil de olvidar se reduce a apenas unas páginas. Lo que sigue y ocupa todo el libro es la lenta recuperación del autor en hospitales públicos y célebres como la Pitié-Salpêtrière y Les Invalides y el relato en detalle de cirugías mayores y menores a las que Lançon es sometido para ayudarlo a recuperar su mandíbula, desaparecida a los tiros la misma mañana que volvió a nacer, malherido, ensangrentado y ausente de todo, con 51 años, en la sala de reuniones de Charlie Hebdo, rodeado de los cadáveres de sus viejos compañeros y amigos.

Junto con este demoledor diario de convalecencia, está la memoria de su relación con médicos y asistentes, sus amores, sus afectos y sus lecturas. Y la historia de cómo fragmentos de Proust, de Kafka y de Thomas Mann, junto con la música de Bach, lo ayudaron a aceptar al nuevo Phillip, el hombre que renació -más serio, más cínico, más desconfiado, pero también más maduro- de los restos de un viejo mundo y un viejo orden.

Librazo. Para amantes de la buena prosa y la política internacional. Consiguió abducirme por tres días.

.......................................

UN POLICIAL MUY ENTRETENIDO

Terra Alta, de Javier Cercas (Planeta)

Hace muchos años -una eternidad y un día, para jugar con el título de aquella recordada película con Bruno Ganz- a Umberto Eco se le ocurrió escribir una novela que resultó un tremendo bestseller, algo que redundó en decepción para muchos de los que lo admiraban como ensayista y teórico. Por estos días me acordaba de aquella polémica prehistórica y no porque Terra Alta tenga el nivel de El nombre de la rosa sino porque pensaba que a veces los lectores más exigentes resultamos los principales impulsores del “una que sepamos todos”, lo que sucede cada vez que no aceptamos que nuestros autores favoritos pongan los pies fuera del plato de aquello por los que los conocemos y amamos.

Pues bien, Javier Cercas viene lidiando con esto desde antes de la publicación de su novela, a partir de haber ganado el Premio Planeta y de una discusión con muchos de sus fans que se continúa ahora, con el universo de sus lectores divididos entre los aquellos a quienes les gustó leer Terra Alta y aquellos otros para los que la novela policial resultó un fiasco. Pues bien, después de leer, sufrir y entretenerme con la historia de Melchor Marín, el treintañero policía, lector y detective que no logra dejar atrás la tragedia que lo persigue ahí donde vaya, sigo formando parte del club de admiradores del gran escritor español.

Melchor es un joven bastante cerrado para las relaciones públicas, tuvo una infancia y una adolescencia durísimas, se hizo lector y policía en condiciones extraordinarias y fue trasladado desde Barcelona a un pueblo supuestamente tranquilo -que en la Guerra Civil fue escenario de la dramática batalla del Ebro- luego de haberse convertido en héroe durante los atentados de Cambrils y, por lo tanto, en posible objetivo del terrorismo islámico. Ya casado con Olga, una bibliotecaria algo mayor que él, y padre de una hijita pequeña que lleva el nombre de Cosette, en homenaje a la hija del protagonista de Los miserables, a Melchor le toca investigar un crimen atroz; a su manera, una verdadera masacre. Hay varios misterios en la novela, en la que por otra parte también tiene espacio el conflicto por el independentismo catalán. Diálogos fluidos, personajes bien construidos dentro de lo esquemático de una novela policial, pero no negra. Lo único propio de novela negra es, tal vez, el propio Melchor y la oscuridad de su alma. Pocas personas velan por su vida y procuran su felicidad; es más, podría decirse que solo una: el abogado Vivales, uno de los grandes personajes de esta historia con destino de Netflix.

Con títulos extraordinarios como Soldados de Salamina o El impostor, Javier Cercas es uno de los grandes renovadores de la novela en español, además de ser el autor de un libro único en su género como Anatomía de un instante, con el cual el autor también inscribió su nombre en el linaje de la mejor Non Fiction. Pues bien, Terra Alta no es en absoluto un libro inolvidable ni un giro copernicano del policial pero sí es una novela sumamente entretenida, una cualidad de la buena construcción literaria que a veces parece quedar de lado a la hora del análisis.

Dos objeciones que no alteran el “diagnóstico”. Una: la tapa de la novela es mala, triste, apagada, poco digna de un premio tan popular y de un autor de esta envergadura. La segunda es el final de la novela. Convincente si ponemos onda, es definitivamente abrupto y no mantiene la calidad del comienzo, cuando la novela te toma del cuello y te dice: no te vayas, lo vamos a pasar muy bien juntos.

¿La recomiendo igual ? Pero sí, gente, obvio.

.....................................

HUMOR NEGRO Y PARODIA EN UN MUNDO DE CHICAS

Vikinga bonsai, de Ana Ojeda (Eterna Cadencia)


Muchas veces el humor suele ser asociado a la diversión frívola o a un espacio humano alejado de toda pretensión de seriedad en el arte. Pues bien: error. Hay grandes novelas en las que el humor y la ironía ocupan un lugar central y en las que son el tono elegido para narrar grandes historias, a la vez que también pueden ser instrumentos para llevar adelante proyectos experimentales. Éste es el caso de Vikinga Bonsái, la original y celebrada novela de Ana Ojeda (ella misma ganadora de diversos premios literarios en el último tiempo por otros libros), que hace gran literatura a partir del disparate.

Si bien el detalle que generalmente trasciende de esta ficción es que se trata de la primera novela escrita en lenguaje inclusivo (y no, queridos lectores, eso no significa que está escrita toda con la e o con la x), esta elección que hace la escritora es apenas una de las sorpresas originales de la historia, que trata básicamente de un encuentro de varias mujeres amigas -con todas las variantes de la idea de amistad entre mujeres- en la casa en la que vive una de ellas, Vikinga Bonsái o Bombay con Maridito y un hijo adolescente, Pequeña Montaña, en el barrio porteño de Boedo. En Whatsapp las chicas forman un grupo, Apocalipsicadas...

Los nombres de estas mujeres y de otras mujeres que son mentadas en las conversaciones o tienen apariciones esporádicas son, en sí mismos, un catálogo de ideas desopilantes: Gregoria Portento, Dragona Fulgor, Orlanda Furia, Talmente Supernova... Con la figura del hashtag interviniendo los discursos de todas y los diálogos como aporte al delirio, la discusión feminista y el anhelo del fin del patriarcado se cuela firme pero en registro de parodia, lejos de toda solemnidad.

-Claro, él no puede accionar el lavarropas -murmurea para sí Dragona Fulgor, fijos los ojos en la pantalla del celu-, a ver si le agarra tendinitis.

Una mañana llega la invitación por celular y se juntan todas para una cena que cambiará sus vidas.

Una tragedia (que no provoca ni una lágrima aunque trastorna la vida de todes) las llevará a una convivencia inesperada con sus niños y niñas, amigos ellos también. Es entonces cuando las mujeres se convertirán en “conclubinas” y lo que hasta ese momento era para el lector una suerte de gran juego ingenioso con los nombres y las palabras se convierte en una secuencia demencial que cruza “Esperando la carroza”, de Alejandro Doria, con un sainete siglo XXI y con el cine más delirante y explosivo de Almodóvar.

Una novela diferente y ultra recomendable para lectores que buscan cosas nuevas y que no le temen ni a la risa ni al ridículo.

SEGUIR LEYENDO:




Últimas Noticias

MAS NOTICIAS