Julia Navarro
Julia Navarro

El Alvear Palace es uno de los hoteles más lujosos de Buenos Aires. Verlo desde afuera ya genera esta intuición: el estilo neoclásico de su arquitectura, los coches negros afuera, hombres entrajados vigilando la seguridad, las banderas colgadas de todos los países y ese dorado mezclándose con el rojo como si estuviéramos frente a un edificio de la monarquía absolutista. Luego, adentro, los sospechas no sólo se confirman, sino que se acentúan. Un lobby gigante donde todo parece ser de oro, un ascensor espejado, un largo pasillo hasta la habitación estilo Luis XVI. Allí, sentada sobre un sillón de cuero, silenciosa, con su cuerpo menudo, las piernas cruzadas y mirada compasiva, está Julia Navarro.

Llegó a Buenos Aires a presentar Tú no matarás, como lo hace con cada novela que publica. Así como este es su séptimo libro de ficción —su obra lleva varios millones de ejemplares vendidos y traducidos a más de treinta idiomas—, también esta es su séptima visita a la capital argentina. "No me atrevo a decir que conozco a Buenos Aires", dice y abre esta conversación con Infobae Cultura, para luego destacar que "es una ciudad muy europea", lo cual aniquila cualquier sensación de extranjería. "No siento que he cruzado el Atlántico o estar en un mundo distinto al que vivo", confiesa y ahora, a partir de este instante, se sentirá como en su casa.

Sobre la mesa de vidrio, dos copas con agua, su libro —un artefacto de tapa dura y 989 páginas— y un grabador diminuto captura su voz, sus palabras, su ideas. "Los lectores en Argentina son muy exigentes. Es un país que tiene un nivel cultural importante, un gusto por la lectura y una tradición por la cultura, y eso se nota", agrega. Tú no matarás es una novela que avanza, que va hacia adelante, que tiene el terrible efecto de la adicción. La historia ocurre en España, en los años cuarenta, tras los duros coletazos de la Guerra Civil, donde tres personajes —Fernando, Catalina y Eulogio— deciden escapar de ese mundo que no deja de oprimir.

“Tú no matarás” (Plaza Janés, 2018)
“Tú no matarás” (Plaza Janés, 2018)

"Todos mis libros transcurren en el siglo XX, y al siglo XX me lo sé. Está ahí, está antes de ayer, todos los hemos estudiado y todos los hemos vivido. Salvo lo que tienen entre uno y 19 años, todos somos del siglo pasado", dice esta autora madrileña nacida en Madrid en 1953 que, tras 35 años de periodismo, decidió dedicarse a la literatura. Rápidamente, el mercado encasilló su obra —porque lo que hace el mercado es básicamente eso: encasillar— en la novela histórica. En cualquier librería, ese es el género mediante el cual se encuentran sus novelas. Sin embargo, ella reniega de eso. Y lo explica así:

—No sé por qué a la gente le parece que el siglo XX ha transcurrido hace muchísimo tiempo. Yo no hago novela histórica porque no cuento la historia. Hago novela de personajes. Cuento, en todo caso, el efecto de la historia en las pequeñas historias. Todos somos hijos del tiempo que nos toca vivir. Yo no cuento la historia de España, yo cuento la historia de unos personajes que estaban ahí. Yo sé qué pasaba en los años cuarenta, quién gobernaba, cuál era la situación económica, social y política. En cuanto a la documentación histórica, bueno, hay detalles. Cuando estaba escribiendo la novela, uno de los protagonistas llega a la casa a comer con su madre, y ahí me pregunté: ¿qué se comía en la España de posguerra, recién terminada la Guerra Civil? O sino, ¿cuánto ganaba un abogado? Eso no lo sé, no lo sabía. Esos son los pequeños detalles para los que me valí de documentación histórica.

—Otra etiqueta: bestseller.

—Odio las etiquetas. Me parecen horribles. El bestseller no existe, eso es una enorme majadería. En mi caso, uno escribe una novela y nadie sabe qué va a pasar con ella. ¿Alguien puede garantizar que va a vender libros? ¿Alguien puede ser tan imbecil de pensar que si coje estos ingredientes y los mezcla va a vender libros? Es una enorme majadería. En definitiva bestseller lo único que significa es un libro que se vende mucho, por lo menos en el mundo anglosajón. En el mundo hispano se le da otra acepción: como si de verdad uno pudiera sentarse y decir 'voy a escribir un libro y vender mucho'. Cada vez que escribo un libro es como si fuera el primero. Tengo la sensación de que me la juego. Tengo la sensación de que empiezo de cero.

—¿Piensa en el lector cuando escribe?

—No, yo no pienso en nada, solo en la historia, en los personajes. Yo estoy ensimismada en lo que quiero contar. No, no pienso en el lector hasta el día en que la novela llega a las librerías. A partir de ahí sí.

Julia Navarro
Julia Navarro

Esta novela surge como todas su literatura: a partir de una idea que necesita ser reflexionada mediante la escritura. "Yo quería hablar del peso de la conciencia", dice e inmediatamente se interrumpe. Una idea acaba de aparecer en su cabeza. Entonces junta las manos y  continúa con más seriedad: "Yo hago novelas de personajes. ¿Por qué? Porque creo que el último gran misterio que hay en la Tierra es el ser humano. Hemos navegado por todos los mares, hemos atravesado todos los desiertos, hemos conocido los grandes hielos, hemos ido a las selvas. Yo creo que no hay rincón del planeta donde el hombre no haya estado, pero el ser humano sigue siendo un gran misterio. A mí lo que me interesa es navegar dentro de la condición humana", comenta. Hace algunos años, en la mente de Julia Navarro se alborotaban estos pensamientos. Con su escritura logró esquematizarlos y dividirlos en dos novelas: "una fue Historia de un canalla, mi libro anterior, y la otra fue Tú no matarás. Empecé a escribirlas en paralelo y Tú no matarás terminó en un cajón, hasta que la rescaté".

Julia Navarro
Julia Navarro

—Otra etiqueta, prometo que es la última: feminista.

—Es la única que me dejo poner. Es una etiqueta que llevo con orgullo. A mí me enseñaron a ser feminista en casa, mi abuela y mi madre, que me inculcaron desde pequeña que tenía que ser independiente. Me decían: 'Tienes que estudiar porque tienes que ser independiente. Solo serás dueña de tu propia vida si no dependes de nadie'. Eso está esculpido en piedra en mi educación. Me enseñaron que tenía que tener las riendas de mi propia vida. No es tan fácil. Además, yo creo que hay que hacer una reflexión más de fondo: no se puede ser demócrata sin ser feminista. Democracia significa es una sociedad que está basada en la igualdad de todos sus miembros. No es una democracia si la mitad de la población no tiene las mismas oportunidades y las mismas condiciones de igualdad. Yo creo que cualquiera que de verdad sea demócrata tiene que ser feminista.

—¿Cómo ve los movimientos feministas de hoy?

—Me parece muy importante lo que ocurre. Estamos asistiendo a una nueva oleada de feminismo encabezado por mujeres jóvenes que están preparándose para que no haya ningún retroceso en los derechos ya adquiridos, y para adquirir ese salto definitivo que es la igualdad en la sociedad. Yo soy feminista, pero no quiero ser un hombre. Yo soy diferente a los hombres, pero mis diferencias biológicas no pueden hacer que yo tenga menos derechos y menos oportunidades. Hay que cambiar la mirada de la sociedad, que es una mirada masculina y patriarcal, por una mirada compartida. Yo no quiero un derecho más, pero no quiero un derecho menos.

Julia Navarro
Julia Navarro

Cuando era niña, muy niña, Julia Navarro miraba con fascinación los libros tenía en la casa. Aún no había empezado el colegio y ya sabía leer. Su abuela, que comprendía muy bien el inagotable poder de la imaginación en los más pequeños, la sentaba a su lado y le pedía que leyera en voz alta. Y Julia leía. Así pasó incontables tardes, leyendo y leyendo mientras su mente se extasiaba. "La literatura siempre ha tenido un lugar importante en mi vida", resume la autora aquellos recuerdos. Cuando llegó el momento de ordenar su cabeza adolescente y pensar a qué quería dedicarse, los libros no eran una opción. Tal vez porque veía en ellos un portal demasiado grande como para considerarlo un trabajo.

"Yo quería ser bailarina de ballet —confiesa—, eso era lo que estudiaba. En un momento, cuando tenía 17, lo planteé en mi casa: 'Quiero ser bailarina'. 'No, no vas a ser bailarina', me dijeron. 'Está muy bien como hobbie, como complemento, pero…' En ese momento yo era obediente. Bueno, no iba a ser bailarina, entonces pensé en la Física, que me apasionaba, pero no tenía ninguno talento. La verdad es que aprobaba a duras penas. Me interesaba el misterio del universo, es algo que me apasionaba. Y la Física era una puerta que te ayuda a intentar, no digo entender, sino a intentar a entender qué narices es el mundo y el universo", cuenta.

La historia sigue con un diálogo entre ella y su maestra. Una conversación de mucha franqueza, recuerda. "'No es una materia en la que te vaya bien la Fïsica, sin embargo eres muy buena en Literatura, Historia, Arte…', me dijo. Eso me hizo reflexionar. ¡Me apasionaba la Física porque no entendía nada! Aún hoy me compro libros de Física, pero de divulgación, claro. Me sigue apasionando el misterio de la vida", comenta. Así fue que llegó, una vez terminado el colegio, el periodismo. Cadena SER, TVE, Telecinco, Canal Sur, Europa Press fueron algunos de los lugares donde ejerció. Una de las pocas mujeres en hacer periodismo político, pero también en un momento complejo: la transición de España hacia una Constitución. En 2004 publicó su primera novela, La Hermandad de la Sábana Santa, y desde entonces no paró.

Julia Navarro
Julia Navarro

Cuando Julia Navarro escribe el mundo se repliega sobre sí. Está tan ensimismada en la trama que va creando, en los personajes que se van moviendo como si fuesen marionetas vivas, que pierde noción del tiempo y del espacio. "Yo no pagino", dice cuando alguien le pregunta por la extensión de sus novelas. "Cuando escribo no sé por qué página voy", confiesa. Detrás de esto también hay una historia. Corrían los primeros años de este nuevo siglo y la idea de ser novelista la seducía, aunque sólo era eso: una idea bailando la danza de la seducción. Estaba escribiendo su primera novela y de pronto, sin saberlo, la computadora no la obedeció.

"Le di a un botón y perdí cincuenta páginas, y también desaparecieron los números. No sé qué pasó. La verdad es que las nuevas tecnologías y la informática me superan." Su hijo, muy pequeño, la ayudó y le rescató treinta páginas. "Los niños hoy vienen con una especie de microchip que hace que la informática no tenga secretos para ellos. Yo le preguntaba: '¿qué pasó?', y él me decía: 'déjame a mí, mamá'. 'Bueno, ya no me pagines ni nada. Déjalo así', le dije. Y ahora ya no quiero saber por qué página voy", cuenta en esta habitación del Alvear Palace, iluminada por la luz de la tarde.

—La última: ¿se podría vivir sin literatura?

—Mira… yo creo que desde el principio de los tiempos el hombre ha necesitado explicarse a sí mismo y lo que sucede alrededor, entonce han habido hombres que han creado historias para tratar de dar sentido a la vida, y han habido hombres que escuchaban esas historias. Yo creo que casi es parte de la naturaleza humana, desde las primeras historias orales hasta hoy que podemos leerlas en el smartphone. Entonces, para mí, abrir las páginas de un libro es salir de mi realidad y sumergirme en otras realidades, es conocer otros paisajes, otras maneras de pensar, otras maneras de soñar. Me parece tan fundamental el poder leer como el poder respirar, y cada uno busca en los libros lo que cree que necesita encontrar. La literatura puede tener un efecto sanador. Te permite marcharte de tu realidad para ir a otras realidades. Te permite reflexionar sobre asuntos que no jamás habías reflexionado. Yo creo que no se puede vivir sin la literatura. Uno se pierde algo importante si no tiene un libro. Por eso es tan importante la educación: que los niños, desde que pisan el colegio, se les intente inculcar el amor por la lectura.

 

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