"Simplemente horrenda: un desacierto tortuoso de principio a fin", decretó The New York Times. Luego, ante la ominosa calificación de "0%" de calidad en Rotten Tomatoes, el sitio que combina las mejores reseñas sobre cine publicadas en internet, hasta el director de la película, Mathew Cullen, tuvo que confesar que coincidía con las críticas. "Un fiasco de un calibre que ocurre en Hollywood una o dos veces por década", dijo The Guardian al otro lado del Atlántico, en Gran Bretaña. Así, antes de que Campos de Londres hubiera superado un solo día en el prometedor circuito de 613 salas comerciales en los Estados Unidos, donde se estrenó el mes pasado, la recaudación y la crítica la habían aniquilado. Y lo habían hecho de manera tal que hasta Martin Amis, el autor de Campos de Londres, la novela en la que se basa la película y en cuyo guion colaboró, se sintió obligado a aclarar que tampoco él esperaba que su historia llegara a ser "popular" en la gran pantalla.

¿Pero qué fue lo que salió tan terriblemente mal? ¿Cómo uno de los grandes libros de finales del siglo XX, laureado como "un cruce entre La hoguera de las vanidades con El arcoíris de gravedad" por quienes ahora devastan la película, originó este desastre? Las explicaciones más sensatas hablan acerca de una historia confusa, personajes unidimensionales e inconvenientes insalvables en la edición.

Amber Heard, protagonista del film
Amber Heard, protagonista del film

Pero la "maldición" de la película Campos de Londres empezó antes de que respirara (y se asfixiara) en los cines. A pesar de un elenco con estrellas nominadas al premio Oscar como Billy Bob Thornton o la presencia apabullante de Amber Heard en el papel de la femme fatale Nicola Six, "promiscua por principio, como un signo de emancipación", y aún con la modelo Cara Delevingne y un cameo de Johnny Depp (el exmarido de Amber Heard, al que ella denunció por "abuso físico" durante un escandaloso juicio de divorcio), los verdaderos problemas empezaron alrededor de la silla del director.

Pero antes de conocer cómo una película pensada originalmente para David Cronenberg terminó en manos del autor de los videos musicales de Katy Perry y los Black Eyed Peas, es importante recordar la historia de Campos de Londres. Para empezar, el libro es el punto central de una trilogía que el novelista, cuentista y ensayista británico Martin Amis inauguró en 1984 con Dinero (el origen de otras dos fallidas series de televisión), llevó luego a su máximo nivel con Campos de Londres (1989) y cerró con La información (1995). Hasta hoy, Campos de Londres es la más extensa y ambiciosa novela de Amis: un cuadro perturbador de las paranoias que nutrieron el tramo final del último milenio en Europa, entre las amenazas de una guerra nuclear definitiva entre los Estados Unidos presididos entonces por Ronald Reagan y la agónica Unión Soviética, y la inquietante atmósfera económica del liberalismo neoconservador liderado en esa época por Margaret Thatcher.

Martin Amis y Sir Kingsley Amis, en1978 (Dmitri Kasterine National Portrait Gallery)
Martin Amis y Sir Kingsley Amis, en1978 (Dmitri Kasterine National Portrait Gallery)

Auténtico maestro de la sátira, un estilo que su padre, el escritor Kingsley Amis, ayudó a renovar a mediados del siglo XX, Martin Amis construyó esta novela a través de tres personajes. Por un lado, Keith Talent (interpretado ahora por Jim Sturgess), un ladrón fracasado de clase baja, dominante y promiscuo, y por otro lado Guy Clinch (interpretado por Theo James, uno de los protagonistas de la saga Divergente), un aristócrata ocioso, monógamo y dominado por su esposa. Ambos están unidos por la incontrolable fascinación que enciende en sus vidas la sofisticada y sensual Nicola Six, "un agujero negro al que nada se le puede escapar", como ella misma se describe.

El primer inconveniente para trasladar esta historia a la pantalla es que Nicola está por cumplir 35 años en las vísperas del nuevo milenio y alguien indescifrable, una fuerza casi metafísica, quiere asesinarla. Pero todo esto, además, es contado por Samsong Young (interpretado por Billy Bob Thornton), un escritor cuyas digresiones omniscientes avanzan durante 600 páginas a través de asuntos tan variados como los cuentos de Jorge Luis Borges —"¿conoces el relato titulado El Aleph? Es muy curioso: sobre la envidia literaria"— hasta el matrimonio, el sexo, la muerte, el miedo y el cuidado de los bebés. Ante este terrible fiasco, Amis dijo también que, a su entender, el cine es sobre los exteriores y la ficción sobre los interiores. "Dicho lo cual", aclaró, "pensé que la relación central entre Billy Bob Thornton y Amber Heard era conmovedora. Es el núcleo del libro, y lo mismo en la película".

Para evitar el catastrófico derretimiento de ese núcleo, la primera opción de los productores de Campos de Londres había sido el veterano director David Cronenberg, cuya capacidad para convertir en películas respetables novelas complejas como Crash, de J. G. Ballard, El almuerzo desnudo, de William S. Burroughs, o Cosmópolis, de Don DeLillo, es innegable. Vinculado al proyecto durante casi diez años, Cronenberg se alejó para que tomara su lugar el indio Shekhar Kapur, director de películas ganadoras del premio Oscar como Elizabeth y Elizabeth: la edad de oro, protagonizadas por Cate Blanchet.

Tras otra serie de ajustes a uno y otro lado de las cámaras, Campos de Londres quedó lista para estrenarse en el Festival Internacional de Cine de Toronto en 2015, dirigida finalmente por el debutante Mathew Cullen, cuya experiencia es muy distinta a la de sus predecesores. Además de dirigir videos musicales de Katy Perry y Taylor Swift, Cullen tiene el récord mundial de memes incluidos en el video de Pork and Beans, del grupo Weezer, una auténtica reelaboración cultural de aquellas "nuevas imágenes" y "autorreflexiones" por las cuales la obra literaria de Amis había adquirido los rasgos de lo que hace casi cuarenta años se definía como "posmodernismo". ¿Pero qué pasó entre 2015 y 2018? Cullen demandó a los productores por el control sobre la edición final, los productores demandaron a Amber Heard por 10 millones de dólares por no cumplir con sus desnudos en cámara y Heard demandó a los productores por contratar a una doble de cuerpo para añadirle a la película más desnudez.

Lo que hasta entonces había sido una relación bastante tangencial de Amis con la gran industria del cine, basada en su experiencia como guionista de la olvidada (y olvidable) Saturn 3, una película de ciencia ficción protagonizada en 1980 por Kirk Douglas, Farrah Fawcett y Harvey Keitel, se convirtió así en algo parecido a sus clásicas sátiras. En septiembre de este año, sin embargo, todas las batallas legales fueron resueltas y Campos de Londres pudo llegar a los cines en octubre, tres años después de haberse completado y con tres ediciones distintas. "Todo lo que sé es que los actores estaban bastante en contra de la edición de los productores", explicó Amis, quien, por otro lado, no cree que exista nada "que no se pueda filmar si hay suficiente imaginación".

Pero tal vez ese sea un modo más elegante que realista de resolver el viejo problema de la "transposición cinematográfica" en Hollywood. ¿De qué manera se adaptan las palabras a las imágenes, y cómo puede medirse lo que se pierde y se gana en el camino? Uno de los casos más conocidos es el de Stephen King con El resplandor, que Stanley Kubrick transformó en un hito visual que, sin embargo, casi nada tiene que ver con la novela.

Algo más pesimista, el escritor Cormac McCarthy sigue convencido de que no se trata de imaginación sino de coraje. Aunque la adaptación de su novela Sin lugar para los débiles se convirtió en ganadora del premio Oscar como Mejor Película, McCarthy sigue convencido de que Meridiano de sangre, una de sus mejores novelas, jamás va a filmarse por culpa de sus terribles escenas de violencia. La película Campos de Londres, por su lado, lo tuvo todo: parejas escandalosas, actores talentosos, modelos hermosas, escenas de desnudez, batallas judiciales y el aura de uno de los mejores prosistas del idioma inglés. Un limbo en el que, de todas maneras, parece condenada a perderse para siempre.

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