
La dictadura comunista de Nicolas Ceaucescu en Rumania fue una de las peores del bloque soviético. Al yugo autoritario y el estancamiento de la economía se le sumó uno de los cultos a la personalidad más pronunciados de los regímenes socialistas.
Este culto a la personalidad puede apreciarse en Autobiografía de Nicolae Ceausescu, 2010, de Andrei Ujica, un documental construido a partir de materiales de propaganda de la época del régimen del dictador, exhibido en la edición del Bafici del 2011.
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El control obsesivo de cada resorte de la vida privada de los rumanos llevó a situaciones agobiantes y realmente insólitas, que terminaron con la revolución de 1989. En la Navidad de ese año, Nicolas Ceaucescu y su esposa Elena fueron sometidos a un juicio sumarísimo y fusilados. Las imágenes del evento fueron emitidas por la televisión para que la población se asegure que los días del dictador habían terminado.
Videogramas de una revolución, del realizador alemán Harun Farocki, de 1992, cuenta esa historia, registrada por las videocámaras de ciudadanos particulares. Una película extraordinaria que merece por sí sola su propia nota.
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Algunas de las historias más increíbles de la historia de Rumania tienen que ver con el control de la natalidad y el aborto. La interrupción voluntaria del embarazo se legalizó cuando se produjo la revolución socialista, en 1957. Ceaucescu alcanzó el poder en 1965 y dos años después, preocupado por el escaso crecimiento de la población, impuso fuertes limitaciones a los abortos legales.
Una de las mejores películas de la historia del cine que trata el tema del aborto ilegal es 4 meses, 3 semanas, 2 días, de 2007, escrita y dirigida por Cristian Mungiu, protagonista de la Nueva Ola Rumana, de la que hablaremos luego.
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Al mismo tiempo, impulsó un cambio cultural, propiciando familias numerosas y la idea de la mujer rumana como supermadre. La tasa de nacimientos se duplicó en poco tiempo. Este baby boom no capitalista, anclado en una sociedad atrasada y con serios problemas económicos generó que muchas familias entregaran a los recién nacidos a orfanatos, ya que no los podían mantener. Decenas de miles de rumanos, que hoy rondan los cuarenta años, crecieron en condiciones inaceptables como "huérfanos" aunque sus padres vivían.
Hoy se agrupan en una asociación, Federeii, que busca que las autoridades admitan el daño causado. El relato de sus vidas en manos del Estado, sometidos a maltratos físicos, abusos sexuales, malas condiciones de higiene y pésima alimentación es prácticamente intolerable. En YouTube se puede ver el desgarrador documental Children of the Decree que cuenta en detalle esta historia con testimonios personales.
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Pero los horrores del atraso no afectaban solamente a quienes residían en orfanatos. Las pésimas condiciones sanitarias y el grado de aislamiento que tenía Rumania durante la eclosión del virus del sida hizo estragos en la población joven. Miles de rumanos se contagiaron en las transfusiones de sangre, ya que no se realizaban los mínimos cuidados, como la reutilización de jeringas.
Según una nota del diario El País de 1990, "el virus del SIDA infecta a uno de cada tres niños entre uno y tres años ingresados en varios hospitales de las ciudades más importantes de Rumania y entre el 10 y el 15% de los internados en los principales orfanatos, "aunque no hay estadísticas precisas".
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Las madres de los niños infectados solían ser sanas, entonces la causa probable eran las transfusiones que se hacían a los pequeños que nacían con bajo peso y el uso de sangre de "gente obligada a donar", como los estibadores y marineros. Otro hallazgo escalofriante: el virus de la hepatitis B, que se contagia como el del SIDA, afectaba, "en 1988, al 40%, de los niños del orfanato más importante de Bucarest".
La terrible opresión cultural que se vivía en la Rumania de Ceaucescu encontró resistencias menos dramáticas. La película Chuck Norris versus el comunismo cuenta uno de esos episodios.
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En la década del 80, Rumania estaba totalmente aislada del mundo occidental. La revolución del VHS y el consumo de películas hogareñas no podían llegar normalmente a un país comunista y menos a la enclaustrada y retrasada Rumania. Lo que surgió es un mercado negro insólito. Las películas más comerciales de los Estados Unidos (simbolizadas por las de acción de Chuck Norris pero no solamente esas) circulaban clandestinamente, con decenas de personas reuniéndose en los hogares donde se disponía de un aparato de reproducción de VHS, a menudo con el cobro de una pequeña entrada.
Lo notable era que las películas estaban dobladAs al rumano… por una sola persona. Una mujer, Irina Nistor, fue contratada por quien probablemente fuera un funcionario del régimen para doblar todas las voces y darles la entonación que la actuación requería. Para los rumanos, Irina era la voz de Al Pacino, Chuck Norris, Michael Fox o Diane Keaton.
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Irina testimonia en el documental (aunque no se la ve, solo se la escucha) al igual que varios de los rumanos que vieron las películas y la escucharon a ella, llegando en algunos casos al enamoramiento y al erotismo. Chuck Norris versus el comunismo no es una gran película pero la historia que cuenta es extraordinaria, difícil de creer de no ser que la Rumania comunista fue un territorio tragicómico, digno de las peores pesadillas kafkianas.
En los 2000, ya lejos de la experiencia socialista, el país desarrolló una corriente cinematográfica novedosa, de corte realista, con un sentido del humor cáustico, en donde se reflejaban tanto los años vividos bajo Ceaucescu como sus consecuencias en la actualidad. Fue conocida como la Nueva Ola Rumana.
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Al ya mencionado director Cristian Mungiu, se le suma Cristi Puiu con algunas películas magistrales. La muerte del señor Lazarescu, de 2006, cuenta el deambular de un anciano enfermo por los infinitos laberintos de la burocracia del sistema de salud rumano.
En 2016 estrenó la extraordinaria Sieranevada, mostrando una comida familiar que no termina nunca de concretarse y que tiene algunas discusiones sobre el viejo régimen comunista que remedan nuestra "grieta".
En 12:08 Al este de Bucarest, de 2006, Corneliu Porumboiu muestra cómo se recuerda en un pequeño pueblo la revolución que terminó con la tiranía comunista y la vida del dictador.
*Todas estas películas recorrieron el mundo, fueron críticamente aclamadas y han sido estrenadas en gran parte del continente.
Chuck Norris versus el comunismo, 2016, de Ilinca Calugareanu, está disponible en Netflix.
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