Ilustración: Felipe Giménez
Ilustración: Felipe Giménez

Me gusta que no estás loco por mí.
Me gusta que no estoy loca por ti.
Y que el pesado globo terráqueo
no se derrumbe bajo nuestros pies.
Me gusta que podamos ser divertidos
-licenciosos- sin jugar con las palabras,
sin sonrojarnos con esta ola sofocante
al rozar ligeramente nuestras mangas.

Me gusta además que estando frente a mí,
abraces tranquilamente a otra,
sin importarte que yo arda en el fuego
del infierno, por no besarme contigo.
Y que no pronuncies mi dulce nombre
en vano, cariño, ni de día ni de noche…
Y que nunca en el silencio de una iglesia
sonará para nosotros la marcha nupcial.

Te doy las gracias con el corazón en la mano:
Por amarme tanto -sin saberlo tú siquiera-.
Por la quietud de mis noches en calma.
Por lo escaso de nuestros encuentros.
Por los paseos que no -bajo la luna-.
Por el sol que nunca -sobre nuestras cabezas-.
Por no estar loco -¡ay!- por mí.
Por no estar loca -¡ay!- por ti.

Marina Tsvetaeva, 1915

Ilustración: Felipe Giménez
Ilustración: Felipe Giménez

Ayer
le dije te amo
a un amigo
no se lo dije
se lo escribí
en un mensaje
de texto
que no era para él
era para mi mujer
le quería decir
que estaba atrasado
y le puse te amo
y mi mujer se rió
cuando le mostré
el mensaje
y yo me reí
y mi amigo se rió
y ahora se me ocurrió
que nadie sabe nada
del amor
y la poesía tampoco
sabe nada
y esto era lo que quería
decir la otra noche
en la presentación
de una revista de poemas,
la poesía no sabe nada
nadie sabe nada
y que no es nada
no saber nada
eso me lo enseñó
mi mamá
cuando era chiquito,
no es nada, me decía,
no es nada.

Damián Ríos, 2017, en Hace mucho tiempo

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