El bailarín que salió de un barrio popular en Medellín y hoy triunfa en el ballet de Europa

El colombiano es el nuevo solista del Hamburg Ballet, en Alemania.

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David Rodríguez Muñoz.
Foto: Instagram.

“Soñar, creer, sentir y vivir agradecido por el reconocimiento a mi trabajo, agradecido por todas las personas que creen en mí, por mis amigues, familia, amores y también por los que no creen. Amor y buenas energías para todes”. Eso fue lo que dijo David Rodríguez Muñoz en sus redes sociales luego de que le dieran la noticia de su vida: Será el nuevo bailarín solista del Hamburg Ballet, en Alemania.

El joven bailarín colombiano inició su camino de la mano de su madre, en el barrio Los Mangos, al oriente de Medellín, cuando ella dictaba clases de baile a mujeres de la tercera edad. David veía a Olga Lucía y pronto comenzó a imitarla, a bailar con ella y sus alumnas.

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Fue un niño diferente desde siempre y a día de hoy se considera un extraterrestre. “Soy gay, queer, trato de ser empático, estoy orgulloso de mis raíces, de mi cultura, me gusta sonreír siempre. Todo eso se va regando y afecta mi movimiento. Como uno piensa es como se mueve”, le contó a El Colombiano en una entrevista.

Rodríguez Muñoz nació el 13 de mayo de 1996. Lo llamaron Marianito durante un mes. Su mamá dijo que así le había puesto, pero era David, que se pasó los años bailando, formando parte de los grupos Huellas Folclóricas y el Ballet Folklórico de Antioquia. Se terminó de formar en el Ballet Metropolitano y desde allí se hizo conocido en Estados Unidos, Brasil y Argentina, entre otros países.

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En 2016, al terminar sus estudios, salió de su casa con destino a Brasil, en donde estuvo dos semanas. Luego viajó a Miami, en donde perfeccionó sus movimiento, como parte del Miami City Ballet School. Mientras buscaba empleo, probó suerte en Europa, por recomendación de una maestra española. Viajó a los Países Bajos, pero no encontró destino. Presentó pruebas en distintas compañías del mundo y finalmente fue aceptado en el Hamburg Ballet de John Neumeier, que hoy tiene a Xue Lin como nuevo director. Empezó con un contrato de aspitante y luego fue promovido al cuerpo principal de baile.

David Rodríguez Muñoz.
Foto: Camilo Suárez (El Colombiano).

Hoy, es uno de los bailarines más reconocidos de su compañía. Recorre el mundo haciendo lo que más le apasiona. No tiene afán alguno por ser el mejor, pues cree que todo llega en su debido momento. Es consciente de que la vida cambia en cualquier instante y por eso disfruta el día a día.

En conversación con El Colombiano, Rodríguez Muñoz cuenta que ser solista es un reconocimiento a la individualidad de la persona, a su forma de moverse, de convivir con los demás. También, precisa, es una decisión del director y de sus requerimientos. “Es algo que cuesta mucho, porque estas compañías son muy numerosas. Es una confluencia de suerte, de tiempo, de necesidad”.

No ha sido fácil. Llegar hasta allá, dice el bailarín, ha requerido de esfuerzo, carácter, individualidad artística y mucho sacrificio: está lejos de casa, se ha perdido cumpleaños, de estar con su familia. Y, no obstante, ha valido la pena porque ha encontrado apoyo, ha aprendido. Se trata, cuenta, de florecer. “Siempre he estado en muchos lugares que me ha dado el movimiento”.

La danza fue un mecanismo para sobrevivir, porque “en Colombia es difícil para alguien que quiere bailar y ser diferente. La danza me escogió”. Pasó por la música, por la natación, fue porrista. Estuvo en todo, pero se quedó bailando.

Entonces repite que ha sido un trabajo de muchos, y recuerda de donde viene, su barrio, su gente. Esa es la manera de tener los pies conectados y ser consciente de la responsabilidad. En el post escribió: “De la comuna 8 para el mundo”.

David Rodríguez tiene 26 años. Es un alienígena. Le gusta ser un alienígena, ser diferente. En Hamburgo vive en La casa de los brownies, donde comparte con otros latinos, queer, de color marrón. La danza trasciende, es las personas con las que se encuentra, los caminos, los lugares a los que llega. Es apropiarse de lo que es y de lo que llegue a ser, en futuro.

Después de ser solista sigue ser principal, y aunque él expresa que ese no es su sueño, es el rango final en una carrera de bailarín. Por ahora, soy un bailarín feliz, dice.

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