Gracias a Ronny, un perro antinarcóticos, la Policía halló 304 kilos de cocaína camuflados en cajas con limones

Sucedió en Barranquilla. El cargamento tenía como destino los Países Bajos, donde se comercializaría en 13 millones de dólares.

Con la ayuda de Ronny, la Policía Antinarcóticos halló cargamento de cocaína camuflado en cajas de limones. Foto: Policía Antinarcóticos.
Con la ayuda de Ronny, la Policía Antinarcóticos halló cargamento de cocaína camuflado en cajas de limones. Foto: Policía Antinarcóticos.

Hay perros que más que mascotas, son héroes. Tal es el caso de Ronny, un canino de la Dirección Antinarcóticos de la Policía que halló cocaína en 5.000 cajas de limones con destino a Europea, la mañana de este 16 de febrero.

Sucedió en la Sociedad Portuaria de Barranquilla, en medio de una actividad de control de tránsito adelantada por las autoridades de la capital del Atlántico. Cuando los uniformados estaban inspeccionando las bodegas de refrigeración de una reconocida compañía exportadora de fruta, ‘Ronny’ los alertó.

De acuerdo con la Policía, “ante las señales del canino, procedieron a realizar el registro exhaustivo a una aparente carga de fruta”, topándose con que en las cajas donde estaban los limones había, además, “un elemento plástico con una sustancia sólida de color beige”.

Las sospechas de ‘Ronny’ y de los oficiales fueron ciertas, se trataba de clorhidrato de cocaína. Así lo comprobaron luego de realizar una Prueba de Identificación Preliminar Homologada (P.I.P.H).

Dentro de las cajas, la cocaína estaba empacada al vacío en 6.322 láminas rectangulares, cuyo peso era 304 kilogramos. En los Países Bajos, a donde llegaría entre limones, sería comercializada en 706.000 dosis, explicaron las autoridades.

Aunque la Fiscalía y la Policía Antinarcóticos no han determinado quiénes fueron los productores del clorhidrato de cocaína, lo que sí estimaron es que implicó un golpe económico de 13 millones de dólares, el valor conjunto de las dosis en el mercado.

‘Rambo’, otro de los perros insignia de la Policía en Barranquilla

El subintendente Alexander López, guía de Rambo le enseña su pelota favorita al canino. Junio 2019. Foto: Mery Granados / El Heraldo
El subintendente Alexander López, guía de Rambo le enseña su pelota favorita al canino. Junio 2019. Foto: Mery Granados / El Heraldo

‘Ronny’ no ha sido el único canino que ha tomado protagonismo por poner en jaque a las estructuras dedicas al narcotráfico. Como él, han habido otros perros, uno de ellos llamado ‘Rambo’, que durante años fue considerado el miembro estrella del Cuerpo Especial de la Policía Metropolitana de Barranquilla.

Desde 2011, ‘Rambo’ hizo parte de Los Carabineros y recibió seis condecoraciones por los hallazgos de cargamentos con sustancias narcóticas. Y en junio de 2019, como en otras ocasiones, este pastor belga malinois, se robó la atención de los medios de comunicación al encontrar un cargamento 500 kilogramos de marihuana.

En ese entonces, el subintendente Jhon López, el guía a cargo de ‘Rambo’, le explicó a El Tiempo que, contrario al imaginario que existe en la sociedad, las autoridades no dejan que los perros antinarcóticos “se vuelvan dependientes de las drogas ya que, si esta le hace tanto daño a una persona; imagine a un animal con un cuerpo tan pequeño”.

El entrenamiento antinarcóticos de los perros comienza desde sus ocho meses, edad donde son llevados del Criadero Mancilla (Bogotá) a la Escuela de Adiestramiento Canino (EAC) Álvaro Rojas Ahumada, ubicada en Facatativá (Cundinamarca). Allí, se les enseña desde el curso básico, para que el perro ejecute acciones sencillas, hasta el especializado, para que encuentre, entre otras, narcóticos.

López explicó que uno de los métodos en la EAC es sumergir durante dos semanas una toalla en agua con algún tipo de narcótico, para luego moldearla con forma de hueso y que los canes la busquen, como si se tratara de un juego. Este procedimiento, con ciertas variantes, se implementa durante seis meses, con el fin de que el perro desarrolle la facultad de identificar el aroma.

A las cuatro meses, por ejemplo, algunos canes de la Policía están en la capacidad de identificar marihuana.

El entrenamiento, sin embargo, no solo es cuestión de cuatro, seis o 12 meses. Se trata de una labor constante. A diario, los perros tienen que cumplir con un circuito básico y, en algunas ocasiones, con sustancias similares a la coca escondidas, según López.

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