
La investigación sobre aves canoras que logran eliminar la cáscara de las semillas antes de ingerirlas determinó que esta destreza está relacionada con una mejor facultad para interpretar señales táctiles, y no con un desarrollo superior del control motor. Según informó Phys.org, el trabajo comparó los cerebros de 92 especies de paseriformes y detectó diferencias en diversas áreas, de acuerdo a la investigación de la Universidad de Alberta, la Universidad de Lethbridge y la Universidad Católica de Chile.
El trabajo, cuyos resultados se publicaron en The Royal Society Publishing, se centró en un comportamiento presente en algunas aves del orden Passeriformes, conocidas sobre todo por sus cantos. Varias de estas especies también muestran otra capacidad: retirar con facilidad la capa dura que recubre las semillas antes de ingerir su interior.
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Cómo las aves manipulan objetos

Cristián Gutiérrez-Ibáñez, coautor del trabajo, explicó que el equipo lleva tiempo interesado en cómo la conducta influye en la evolución de estos animales, con especial atención en los sistemas sensoriales.
El coautor también señaló que estas especies ofrecen un modelo útil para estudiar cómo los animales manipulan objetos sin manos, ya que en las aves las extremidades anteriores se transformaron en alas.
Los cerebros examinados formaban parte de una colección reunida durante años por Andrew Iwaniuk, uno de los autores del estudio. Gutiérrez-Ibáñez indicó a Phys.org que esas muestras fueron cortadas en secciones muy finas, montadas sobre portaobjetos de vidrio y teñidas para poder observar las distintas estructuras cerebrales.
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A partir de ese material, los investigadores midieron el volumen de regiones relacionadas con la recepción de información sensorial, en especial la vinculada al tacto proveniente del pico y la lengua, y también de áreas encargadas del control de los movimientos del área.

Para quitar la cáscara de una semilla, estos animales combinan señales sensoriales precisas con movimientos coordinados. El estudio puso la atención en regiones del cerebro implicadas tanto en el procesamiento de información táctil como en el control del movimiento.
En primer lugar, el equipo midió el tamaño del núcleo sensorial principal del nervio trigémino (PrV), una zona que procesa la información táctil que reciben a través del pico y la lengua, utilizados para manipular las semillas. También examinó el núcleo motor trigeminal y el núcleo motor facial, dos núcleos del tronco encefálico que controlan los músculos responsables de los movimientos.
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“Hemos descubierto que en las aves que utilizan el pico y la lengua para pelar la cáscara de las semillas (descascarillado), la zona del cerebro donde se representa la lengua está agrandada”, afirmó Gutiérrez-Ibáñez
El investigador comparó ese mecanismo con el papel de las yemas de los dedos en los primates, ya que esas zonas intervienen en la manipulación de objetos, concentran receptores táctiles y ocupan una representación amplia en el encéfalo.
Una diferencia sensorial

El estudio también identificó una ausencia de diferencias en otro aspecto. Las especies que quitan la cáscara del alimento no mostraron núcleos motores significativamente más grandes que los de las especies que no realizan esa acción. Ese dato refuerza la idea de que la clave de esta conducta no está en una especialización motora mayor.
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En cambio, los núcleos sensoriales del tronco encefálico, y en particular el PrV, sí aparecieron más desarrollados en las especies que pueden retirar la cubierta externa de las semillas. Ese contraste entre áreas sensoriales y motoras llevó a los autores a concluir que el procesamiento táctil desempeña un papel central en esta conducta alimentaria.
Los autores consideran que estos resultados podrían servir en el futuro para seguir la evolución y diversificación de las aves canoras. También abren la posibilidad de que otros equipos estudien cómo intervienen las regiones cerebrales dedicadas al procesamiento sensorial en comportamientos manuales o de manipulación muy precisos.
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“Ahora queremos estudiar la cantidad y distribución de receptores táctiles en las lenguas de estas diferentes aves cantoras”, según expresó Gutiérrez-Ibáñez. El equipo también quiere ampliar el análisis a otras especies con la misma conducta, entre ellas algunos tejedores africanos, pinzones sudamericanos y ciertos loros.
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