
Los artistas Justin Timberlake, Justin Bieber, Avril Lavigne y Miranda Hart y la modelo Bella Hadid tienen algo en común: adquirieron la enfermedad de Lyme.
Se trata de una infección bacteriana transmitida por la picadura de la garrapata de patas negras, también llamada “garrapata del venado”.
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Ahora, investigadores de los Estados Unidos identificaron un grupo de moléculas del sistema inmune que podrían mejorar su diagnóstico y abrir camino para el desarrollo de tratamientos.
Estas moléculas, llamadas anticuerpos antilipídicos, que son proteínas que el cuerpo produce contra ciertas grasas, aparecen en la sangre antes que los marcadores que usan las pruebas actuales y desaparecen cuando la infección se elimina.

El hallazgo podría ser especialmente útil para el 10% al 20% de los pacientes que siguen con síntomas después del tratamiento, una condición conocida como síndrome de Lyme postratamiento. Fue publicado en la revista Infection and Immunity, de la Sociedad Estadounidense de Microbiología.
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El trabajo fue liderado por Peter Gwynne, profesor asistente de investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tufts, junto con Linden Hu, profesor de inmunología de la misma institución.
La primera investigadora es Muskan Shrestha, estudiante de doctorado en microbiología molecular en la Escuela de Posgrado en Ciencias Biomédicas de Tufts.
Los análisis no siempre detectan a tiempo

La bacteria Borrelia burgdorferi causa la enfermedad de Lyme. Se transmite a través de la picadura de la garrapata de patas negras. Sin tratamiento, puede causar artritis, problemas neurológicos y complicaciones cardíacas.
Las pruebas actuales detectan anticuerpos que el sistema inmune produce contra esa bacteria. El problema es que esos anticuerpos tardan semanas en aparecer y pueden permanecer en sangre años después de que la infección haya desaparecido.
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El objetivo de los científicos en los Estados Unidos fue evaluar si los anticuerpos antilipídicos, que son distintos a los que miden las pruebas convencionales, podían detectar la infección en etapas más tempranas y distinguir a los pacientes que aún tienen bacteria activa de los que ya se curaron.
El experimento que cambia la mirada sobre el Lyme

El equipo analizó muestras de sangre de 199 personas con diagnóstico de enfermedad de Lyme, incluidas algunas con síntomas persistentes meses o años después del tratamiento.
Esas muestras se compararon con las de voluntarios sanos y personas con enfermedades que pueden parecerse al síndrome de Lyme postratamiento: lupus, esclerosis múltiple, fibromialgia, COVID prolongado y síndrome de fatiga crónica.
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Los investigadores midieron los niveles de anticuerpos antilipídicos a lo largo del tiempo para ver cómo variaban según el estado clínico de cada paciente. Así identificaron tres anticuerpos antilipídicos presentes en niveles más altos durante la infección activa.
Dos de ellos —el anticuerpo antiácido fosfatídico (αPA) y el anticuerpo antifosfatidilserina (αPS)— estaban elevados al momento del diagnóstico, incluso en pacientes que todavía no habían dado positivo en las pruebas estándar.

Gwynne explicó el problema con las pruebas actuales: “El problema es que esos anticuerpos no tienen las características correctas para ser útiles en la clínica. Eso se debe a que esos anticuerpos pueden tardar semanas en aparecer y a menudo siguen siendo detectables años después de que las bacterias hayan desaparecido”.
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Los pacientes con síntomas persistentes después del tratamiento también tenían niveles elevados de αPS meses más tarde.
Esa elevación fue poco frecuente en personas con lupus, esclerosis múltiple, fibromialgia u otras enfermedades similares, lo que sugiere que el marcador podría servir para diferenciarlas del Lyme.
Los datos del estudio indican que una elevación transitoria de estos anticuerpos antilipídicos podría señalar una infección nueva de Lyme, mientras que la elevación persistente del αPS se asocia con síntomas continuos en algunos pacientes.
Promesas, límites y el próximo paso

Los investigadores señalaron que los resultados apuntan a un tipo diferente de disfunción del sistema inmune en los pacientes con síntomas prolongados.
Gwynne dijo: “Si se confirman con estudios adicionales como el ensayo clínico, esas diferencias podrían orientar a los investigadores hacia nuevas terapias para las personas con síntomas duraderos a pesar de haber recibido tratamiento por la enfermedad de Lyme”.
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Los propios investigadores advirtieron que los hallazgos no respaldan aún una nueva prueba clínica. Los grupos de comparación del estudio fueron relativamente pequeños, por lo que se necesitan estudios más amplios para determinar con qué precisión estos marcadores identifican la infección.

Para responder esas preguntas, Gwynne y Hu ya trabajan en un estudio multicéntrico de gran escala, liderado por la Universidad de Tufts, que sigue a pacientes hasta 15 meses después del diagnóstico.
Con las muestras de ese ensayo, el equipo evaluará si los anticuerpos antilipídicos pueden identificar infecciones tempranas y distinguir a quienes desarrollan síntomas prolongados.
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