
El algodón que domina la producción mundial tiene sus raíces en la península de Yucatán, en México. Un estudio publicado en PNAS reconstruyó la historia genética de Gossypium hirsutum, conocido como algodón de tierras altas, y ubicó el inicio de su domesticación en el noroeste de esa región hace más de cinco milenios.
La investigación, difundida por Mississippi State University, secuenció casi 400 plantas silvestres y domesticadas de Florida, el Caribe y México. Con ese material, el equipo pudo rastrear el origen del acervo genético que dio lugar a los cultivares modernos y detectar poblaciones silvestres que conservan una diversidad valiosa para el futuro del cultivo.
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El hallazgo no solo aporta una respuesta histórica. También identifica reservorios genéticos que podrían ser útiles para desarrollar variedades más resistentes frente a enfermedades, cambios ambientales y otras amenazas agrícolas.
Dan Peterson, jefe del Departamento de Bioquímica, Nutrición y Promoción de la Salud de Mississippi State University e investigador de la Estación Experimental Agrícola y Forestal de Mississippi, sostuvo: “Confirmamos y ampliamos lo que investigadores anteriores descubrieron tras años de trabajo minucioso”.
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Cómo reconstruyeron el origen del algodón
El origen de la domesticación del algodón se estudia desde hace décadas. Trabajos previos ya habían señalado al norte de Yucatán por la diversidad de plantas emparentadas, los registros arqueológicos y la presencia de formas silvestres vinculadas al cultivo actual.
El nuevo estudio reforzó esa hipótesis mediante secuenciación genómica. Según PNAS, los investigadores reunieron un marco comparativo de 392 muestras y analizaron plantas silvestres, domesticadas y poblaciones relacionadas de distintas regiones.
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La universidad resumió ese esfuerzo como la secuenciación de casi 400 plantas procedentes de Florida, el Caribe y México. El muestreo incluyó una fuerte representación del norte de Yucatán y de la costa suroeste de Florida, además de materiales previos del Caribe y de algodones cultivados.
Peterson comparó el avance técnico con resolver un rompecabezas de mucha mayor complejidad. “Es la diferencia entre resolver un rompecabezas de 100 piezas y otro de un millón”, dijo.
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Por su parte, Tony Arick, director interino del Instituto de Genómica, Biocomputación y Biotecnología de Mississippi State University, explicó que las técnicas actuales permiten leer fragmentos más largos de ADN, lo que facilita reconstruir la historia evolutiva de una planta.
“Cuanto más larga es la cadena de ADN, mejor y más fácil resulta cartografiarla. Con la analogía del rompecabezas, es mucho más sencillo ver el panorama general cuando faltan menos piezas”, señaló Arick.
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Por qué Yucatán aparece como punto de partida
Los datos genéticos ubicaron al noroeste de Yucatán como el centro principal de origen del algodón de tierras altas domesticado. Según el artículo científico, esa región conserva la mayor diversidad genética entre las poblaciones silvestres analizadas.
Esa diversidad es una pista importante. Cuando una región conserva muchas variantes genéticas, suele indicar que allí la especie tuvo una historia más antigua y estable, con menos pérdidas de diversidad a lo largo del tiempo.
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En cambio, las poblaciones del Caribe y de Florida también conservan diversidad propia, pero más fragmentada y con señales de aislamiento. El estudio sugiere que esas regiones participaron en la expansión posterior del algodón, pero no aparecen como el núcleo original del acervo genético moderno.
Los registros arqueológicos citados por PNAS también respaldan esa ubicación: sitúan el inicio de la domesticación de Gossypium hirsutum hace unos 5.500 años en el norte de la península.
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Qué cambió durante la domesticación
La transformación del algodón no ocurrió de un día para otro. El estudio cuestiona la idea de que unos pocos genes principales expliquen por completo el paso de plantas silvestres a cultivares modernos.
En cambio, los autores proponen una domesticación gradual, basada en la acumulación de muchos cambios de efecto relativamente menor.

Ese proceso acompañó la transición desde plantas perennes, con fibras más cortas y marrones, hacia algodones anualizados de alto rendimiento, con fibras largas, fuertes y blancas, características centrales para la industria textil moderna.
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El estudio también señala que la expansión temprana del cultivo por Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica estuvo influida por la selección humana, los fenómenos climáticos, los movimientos de las plantas y el intercambio genético con otras especies de algodón.
Por qué importa para el algodón actual
La domesticación y el mejoramiento moderno permitieron obtener variedades más productivas y con rasgos deseables. Pero ese proceso también redujo parte de la diversidad genética original.
Peterson advirtió que esa pérdida puede tener consecuencias para la agricultura. “Cuando los mejoradores seleccionan plantas por rasgos deseables, crean variedades de algodón muy especializadas, pero también reducen la diversidad genética”, afirmó.
El problema es que una base genética más estrecha puede dejar al cultivo con menos herramientas frente a nuevas enfermedades o cambios ambientales.
“A medida que la diversidad disminuye, también baja la capacidad de la planta para resistir nuevas amenazas. Los genes de protección pueden perderse durante el mejoramiento, lo que deja al algodón moderno expuesto a enfermedades emergentes”, señaló Peterson.
El valor de las poblaciones silvestres
Para los investigadores, las poblaciones silvestres son una reserva clave. Aunque no tengan las características productivas del algodón moderno, pueden conservar variantes genéticas útiles para resistencia a enfermedades, adaptación ambiental u otros rasgos importantes.
“Por eso las poblaciones silvestres de algodón son vitales. Su amplia diversidad genética sigue evolucionando bajo presiones ambientales naturales y aporta rasgos valiosos para futuros programas de mejoramiento”, sostuvo Peterson.

El hallazgo, entonces, no solo ubica el origen del algodón moderno en Yucatán. También muestra que comprender la historia genética del cultivo puede ayudar a proteger su futuro.
En un escenario de amenazas agrícolas crecientes, desde enfermedades emergentes hasta condiciones climáticas cambiantes, los parientes silvestres del algodón podrían convertirse en una fuente estratégica para desarrollar variedades más resilientes.
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