
La ciencia climática europea sumó en los últimos meses un hallazgo con consecuencias directas y globales. Una extensa “mancha fría” en el Atlántico Norte, situada entre Groenlandia e Islandia, fue identificada como uno de los factores que alimentan las olas de calor más severas que se vivieron en el continente europeo.
Un reciente estudio internacional detalló cómo una zona oceánica que se enfría, mientras el resto de los mares se calienta, desencadena alteraciones en las corrientes atmosféricas y modifica el régimen de temperaturas, lluvias y tormentas desde el norte de Europa hasta la Península Ibérica.
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El fenómeno, conocido como “cold blob”, fue objeto de análisis por equipos de oceanógrafos, meteorólogos y expertos en clima cuyos trabajos se publicaron en revistas científicas y medios de referencia internacional.
Como publicó Infobae, Europa enfrenta una temporada estival marcada por episodios de calor extremo, con temperaturas récord y alertas sanitarias en varios países. El fenómeno no responde únicamente a la acumulación de gases de efecto invernadero o al calentamiento global, sino que involucra procesos oceánicos menos visibles, pero decisivos.
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Según el estudio de Oltmanns et al. (2024), el agua de deshielo del Ártico, inyectada en el Atlántico Norte, se comporta como un predictor plurianual altamente fiable de veranos más cálidos y secos en Europa.
De acuerdo con los últimos modelos y observaciones, “la mancha fría del Atlántico podría estar alimentando las olas de calor extraordinarias en el continente europeo”.
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De Groenlandia a Europa: cómo una anomalía marina redibuja el mapa del calor extremo

El “cold blob” se ubica al sur de Groenlandia y de Islandia. En los mapas climáticos globales aparece como una zona azul marino intenso, rodeada por regiones en rojo y naranja que denotan el calentamiento de los mares.
Lo llamativo es el contraste: mientras la temperatura media global aumenta, allí la temperatura superficial del mar descendió hasta cerca de 1 ℃ respecto a las tendencias previstas. Este enclave, que se acentúa con los años, representa una excepción dentro del patrón de calentamiento sostenido del planeta.
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Los científicos vinculan el frío persistente de la región con dos factores clave. El primero es el debilitamiento de la Circulación de Retorno Meridional del Atlántico (AMOC), una corriente oceánica que transporta agua cálida desde los trópicos hacia el norte. Al desacelerarse la AMOC, llega menos calor a la zona y el enfriamiento se profundiza.
El segundo elemento es el derretimiento de Groenlandia, que libera agua dulce y fría, altera la densidad marina y contribuye al aislamiento térmico de la superficie.
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En términos técnicos, el fenómeno se resume en una cadena de eventos conocida como Mecanismo de Salinidad a Tormentas (SSM).
El proceso se inicia cuando el agua dulce y fría del deshielo se acumula en la superficie, formando una capa menos salina y poco profunda. Al llegar el invierno, esa capa se enfría más rápido, lo que refuerza el gradiente térmico entre el “cold blob” y las aguas circundantes.
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La diferencia de temperatura genera tormentas más intensas y potentes vientos del oeste, que empujan la cálida Corriente del Atlántico Norte hacia latitudes septentrionales.

El verano siguiente, el agua cálida desplazada funciona como una barrera: desvía la corriente en chorro y permite que se establezcan “domos” de calor de alta presión y sequía sobre Europa. El estudio sostiene que “comprender mejor el Mecanismo de Salinidad a Tormentas nos ayudará a pronosticar olas de calor severas en Europa con meses de antelación, y a veces incluso años de anticipación”.
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La influencia de la mancha fría se extiende hasta la Península Ibérica. El contraste térmico en el Atlántico deforma la corriente en chorro (Jet Stream), que en vez de circular recta de oeste a este, toma curvas pronunciadas y empuja aire ártico o polar hacia el sur.
Así, masas de aire muy frío pueden irrumpir en España, mientras aumentan las probabilidades de Depresiones Aisladas en Niveles Altos (DANA) e inundaciones, pero también de bloqueos anticiclónicos secos y olas de calor prolongadas cuando el anticiclón de las Azores se desplaza anómalamente.
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Récords de temperatura, muertes y una Europa vulnerable al bloqueo Omega

El verano europeo quedó marcado por temperaturas récord y una secuencia de olas de calor que afectaron a varios países. Francia registró al menos 18 muertes atribuidas al calor, entre ellas las de dos niños hallados sin vida en un automóvil en Carpentras y tres adultos mayores en la región de Burdeos. Otros 13 fallecieron ahogados mientras buscaban alivio en ríos y lagos, un fenómeno que ya había mostrado un aumento del 172% en episodios previos de calor extremo.
Las autoridades de Météo-France decretaron la alerta roja en 49 de los 96 departamentos continentales, lo que afectó a más de 35 millones de personas. La temperatura media nacional subió hasta los 29,2 °C, un récord absoluto para junio. En Burdeos, el termómetro alcanzó los 41,9 °C y París superó los 38 °C. La advertencia no se limitó a Francia: España, Bélgica, Reino Unido, Alemania e Italia emitieron alertas similares, con registros que superaron los valores históricos y forzaron el cierre de escuelas, la alteración de servicios de transporte y la apertura de refugios climáticos.
La ministra de Sanidad francesa, Stéphanie Rist, advirtió desde un hospital de París: “Mucha gente va a sufrir, porque el cuerpo sufre por la acumulación de altas temperaturas”. La ola de calor estuvo asociada a un patrón conocido como bloqueo Omega, una masa de aire caliente rodeada por aire más fresco que arrastra calor desde el Sáhara y avanza lentamente. Según Clair Barnes, investigadora del Imperial College de Londres, “prácticamente no hay viento ni brisa que nos dé un respiro”.

Davide Faranda, director de investigación del CNRS francés en ciencias del clima, atribuyó la intensidad del episodio al calentamiento global acumulado. Una investigación reciente estimó que, sin ese factor, las temperaturas habrían sido entre 2 y 4 °C más bajas. Un informe de la Organización Meteorológica Mundial advirtió que Europa se calienta al doble de la velocidad del promedio global y que estos episodios serán cada vez más frecuentes e intensos.
El origen de esta vulnerabilidad europea tiene relación directa con la persistencia y la expansión de la mancha fría del Atlántico Norte. Mientras el planeta suma récords de calor, el enfriamiento del Atlántico modifica los patrones de viento y presión, impulsa bloqueos atmosféricos y favorece la permanencia de domos de altas temperaturas sobre el continente.
Oceanógrafos y climatólogos, citados por la revista National Geographic y Science Advances, señalan que la mancha fría desafía la uniformidad de la respuesta climática global. Su persistencia sugiere la presencia de mecanismos subyacentes que podrían alterar el clima europeo en las próximas décadas. Las investigaciones más recientes apuntan a que “el debilitamiento progresivo de la AMOC fue señalado como el principal factor que explica la formación y persistencia de la mancha fría”.
El caso europeo, con récords de calor, muertes, crisis energética y alteraciones en el transporte y la vida cotidiana, convierte al Atlántico Norte en un nuevo epicentro de la ciencia del clima.
La comprensión de este fenómeno no solo permitirá anticipar olas de calor sino también diseñar estrategias de adaptación y mitigación ante un escenario donde el océano —y no solo la atmósfera— determina el futuro de la temperatura y la seguridad en el continente.
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