Desarrollan una “nariz electrónica” que permite distinguir alimentos en mal estado

El innovador sensor identifica con alta precisión la presencia de sustancias asociadas a la descomposición y a compuestos alergénicos

An “electronic nose” created by UC Berkeley researchers can detect the gases produced by spoiled food and food allergens better than human noses
El dispositivo desarrollado por la Universidad de California Berkeley puede detectar gases asociados al deterioro de alimentos y la presencia de alérgenos, superando al olfato humano (Brandon Sánchez-Mejia / UC Berkeley)
Guardar

El olfato humano, aunque sofisticado, no siempre es suficiente para detectar alimentos en mal estado o la presencia de alérgenos peligrosos.

Para enfrentar este desafío, un equipo de la Universidad de California - Berkeley desarrolló una nariz electrónica capaz de identificar gases asociados tanto al deterioro de alimentos como a la presencia de alérgenos, superando la capacidad del olfato humano tradicional. El estudio, publicado en la revista Science Advances, detalla el funcionamiento y potencial de esta tecnología.

PUBLICIDAD

La investigación se centra en un chip sensor que utiliza inteligencia artificial para analizar las combinaciones de gases liberadas por distintos alimentos frescos y en descomposición, así como por frutos secos reconocidos como alérgenos. Este avance representa una herramienta innovadora para la seguridad alimentaria, con aplicaciones potenciales en hogares, industrias y cadenas de suministro.

Un chip que distingue entre alimentos frescos y en mal estado

El estudio presenta un chip especial que funciona como una “nariz electrónica” y que contiene 16 sensores diferentes. Cada uno está recubierto con un material distinto, como plásticos conductores, compuestos llamados porfirinas, sustancias semiconductoras y óxidos metálicos.

Una mujer con cabello castaño, vestida con suéter gris, se tapa la nariz y frunce el ceño frente a un refrigerador abierto con alimentos.
La herramienta puede aplicarse en hogares, industrias y cadenas de suministro para prevenir intoxicaciones alimentarias que el olfato humano no logra detectar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta variedad de materiales permite que el chip detecte una amplia gama de olores sin que las señales se confundan entre sí, algo que sí ocurría en tecnologías anteriores que usaban sensores muy parecidos.

PUBLICIDAD

El corazón de este chip son los transistores de nanotubos de carbono, materiales extremadamente pequeños y sensibles que pueden captar cambios en el ambiente a temperatura ambiente. Cuando los alimentos se descomponen o cambian por procesos naturales, liberan al aire unas sustancias llamadas compuestos orgánicos volátiles.

Al entrar en contacto con los sensores, generan señales eléctricas diferentes según el tipo de alimento y su estado. Luego, un sistema de inteligencia artificial analiza estas señales y aprende a identificar patrones específicos para cada alimento, incluso cuando la diferencia es muy sutil.

Según los datos presentados por Bassil y su equipo en la publicación científica, el sistema alcanzó una precisión del 92,6% para reconocer 16 tipos de muestras, entre ellas alimentos frescos, en mal estado y frutos secos que suelen causar alergias.

Alimentos en una tabla de madera. Izquierda: plátanos maduros, manzanas arrugadas, zanahorias blandas, espinaca. Derecha: papas con moho verde y moras dañadas.
El perfeccionamiento del modelo de inteligencia artificial podría aumentar la precisión y reducir el riesgo de falsos positivos o negativos en la detección (Imagen Ilustrativa Infobae)

El dispositivo es capaz de detectar cantidades muy pequeñas de alérgenos, como apenas 0,05 gramos de nuez, y distinguir entre diferentes frutas, leche, huevos y carnes, ya sea que estén frescos o comenzando a echarse a perder. El sistema puede reconocer el “perfil de olor” único de cada alimento, lo que permite superar tanto la subjetividad como las limitaciones del olfato humano.

Cómo se construyó la “nariz electrónica”

El chip se fabricó usando una técnica que permite colocar diferentes materiales sensibles en cada uno de los 16 sensores del dispositivo, todo en un solo paso. Así, cada sensor fue probado con distintos materiales, y se ajustaron cuidadosamente los líquidos y las condiciones de secado para que todas las capas quedaran uniformes y no se mezclaran entre sí.

Durante las pruebas, el chip se expuso a alimentos en buen estado y también a pollo, huevo y leche que se habían dejado envejecer, además de a diversos frutos secos como nuez, avellana, anacardo y maní. Para comprobar que el sensor era confiable, se midieron los resultados durante dos días seguidos y se observó que respondía siempre de la misma manera.

También se verificó que la humedad y la cantidad de compuestos en el aire, que suelen variar según el alimento y su estado, no afectaran la capacidad del chip para diferenciar olores, incluso cuando había vapor de agua en el ambiente.

Persona tapándose la nariz ante un refrigerador abierto y sucio. Contiene comida en recipientes, verduras podridas y vapores verdes y marrones que indican mal olor.
Las pruebas incluyeron alimentos frescos y envejecidos como pollo, huevo, leche y frutos secos para comprobar la confiabilidad de las mediciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Toda la información recogida se procesó y organizó en ciclos, donde primero se medía el estado inicial, luego se exponía el chip al olor del alimento y por último se dejaba que se recuperara. Un sistema de inteligencia artificial, basado en un tipo de red llamado “red neuronal convolucional”, fue entrenado con estos datos para que aprendiera a reconocer tanto el tipo de alimento como su estado de frescura o descomposición. Los resultados demostraron que el sistema puede identificar diferentes grupos de alimentos y detectar si contienen alérgenos importantes.

Nuevas posibilidades para la seguridad y calidad alimentaria

Una de las aplicaciones inmediatas propuestas por los autores es la integración de esta tecnología en electrodomésticos inteligentes, como refrigeradores capaces de advertir al usuario sobre la inminente descomposición de los alimentos. Además, el dispositivo puede aportar una herramienta objetiva para la industria alimentaria y los sistemas de control de calidad, así como para personas con alergias alimentarias graves, al identificar la presencia de trazas de alérgenos.

El equipo destaca la escalabilidad del sistema, dado que el proceso de fabricación permite la automatización y el uso de múltiples materiales sensibles, una ventaja sobre tecnologías previas basadas en óxidos metálicos que requerían altas temperaturas y procesos complejos. Ya desarrollaron una versión portátil del sensor, operable desde una aplicación móvil, y planea probar su sensibilidad en entornos más variados, como mezclas de alimentos y espacios domésticos.

Entre los desafíos pendientes, los autores mencionan la necesidad de probar la sensibilidad del sensor en ambientes donde coexisten múltiples fuentes de gases y ampliar los conjuntos de datos para mejorar la discriminación entre alimentos similares o en distintos grados de deterioro. También señalan que el perfeccionamiento del modelo de inteligencia artificial puede incrementar la precisión y reducir el riesgo de falsos positivos o negativos.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

Lo criaron como un gato doméstico, cazaba gallinas y maullaba distinto: el ADN confirmó que era una especie silvestre desconocida

Tilcayo, hallado de cachorro en las Yungas de Bolivia, convivió con una familia por más de un año, hasta que comenzaron a notar conductas extrañas. Un estudio genómico permitió identificarlo y reordenó el mapa de los felinos sudamericanos

Lo criaron como un gato doméstico, cazaba gallinas y maullaba distinto: el ADN confirmó que era una especie silvestre desconocida

El ajolote, la salamandra que puede regenerar distintas partes de su cuerpo y enfrenta la extinción en estado salvaje

Investigadores y especialistas en herpetología, explicaron que la presencia natural de este anfibio quedó restringida a pocos sitios del sur de Ciudad de México, en un escenario marcado por la contaminación, la pérdida de hábitat y la introducción de otras especies

El ajolote, la salamandra que puede regenerar distintas partes de su cuerpo y enfrenta la extinción en estado salvaje

Un grupo de alumnos de primaria diseñó un dispositivo que mide el ruido en clase

El aparato detecta el volumen del aula y muestra alertas visuales para ayudar a ordenar la clase. Un profesor de ciencias y alumnos de quinto grado del Instituto Grilli de Monte Grande, explicaron en Infobae a las 9 cómo funciona

Un grupo de alumnos de primaria diseñó un dispositivo que mide el ruido en clase

Un estudio reveló cómo el agua, el hielo y el aire mueven el centro de masa de la Tierra

Una investigación liderada por la NASA calculó con mayor precisión las oscilaciones milimétricas del geocentro, una referencia necesaria para los sistemas de posicionamiento, altitud y cartografía

Un estudio reveló cómo el agua, el hielo y el aire mueven el centro de masa de la Tierra

Del árbol al suelo: cómo cambió la locomoción de los primeros antepasados humanos

La Universidad del Sur de California examinó con tomografías fósiles de Australopithecus y de los primeros representantes del género Homo, datados entre 1,5 y 3,7 millones de años

Del árbol al suelo: cómo cambió la locomoción de los primeros antepasados humanos
MÁS NOTICIAS