
Las ballenas jorobadas pasan los veranos en aguas polares y subpolares, donde se alimentan, y migran en invierno hacia zonas tropicales para reproducirse. Es durante esa temporada de reproducción cuando los machos cantan, en las mismas aguas cálidas donde buscan pareja.
Ahora se sabe que cada parte de ese canto corresponde a una fase específica del buceo, un vínculo que nadie había documentado antes de forma completa.
Ese hallazgo, que fue realizado por investigadores de los Estados Unidos, tiene una aplicación directa. Los científicos ya usan grabaciones de audio para monitorear poblaciones de ballenas.
Con el descubrimiento, esas mismas grabaciones podrían revelar a qué profundidad nada el animal y si el ruido de los barcos o la actividad humana alteró su comportamiento, sin necesidad de etiquetar a cada ballena individualmente.
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El estudio fue realizado por Julia Zeh, Marc Lammers, Anke Kügler, Adam Pack, Valeria Perez-Marrufo, Maura Schonwald y Susan Parks, investigadores de la Universidad de Syracuse, el Santuario Nacional Marino de las Ballenas Jorobadas de las Islas Hawaianas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), la Universidad de Hawai y el Instituto del Delfín. El trabajo fue publicado en la revista Current Biology.
Lo que el canto no contaba
Durante décadas, los científicos grabaron los cantos de las ballenas jorobadas desde lejos, sin saber qué hacían los animales mientras cantaban.
Ese método permitió describir la estructura de los cantos, pero dejó sin respuesta una pregunta básica: ¿qué hace el cuerpo de la ballena mientras produce esos sonidos?
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La falta de datos sobre el movimiento individual de cada animal fue el principal obstáculo. Sin esa información, era imposible saber si el canto cambiaba según la posición o la profundidad de la ballena en el agua.
“La mayor parte de lo que sabemos sobre el canto de la ballena jorobada proviene de grabaciones a distancia, lo que limitó nuestra capacidad de realizar un examen a nivel individual del movimiento durante la ejecución del canto”, escribió el equipo científico. Se pusieron a llenar ese vacío.
Las 56 horas de secretos bajo el agua

El equipo colocó etiquetas de registro acústico y de movimiento sobre el lomo de 16 ballenas jorobadas macho en sus zonas de reproducción en Maui, Hawai, entre 2018 y 2024.
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Las etiquetas, que son pequeños dispositivos del tamaño de una tableta que se adhieren a través de ventosas, registraron sonido y movimiento al mismo tiempo, sin causarle daño al animal.
Las etiquetas se desprendían solas con el tiempo, lo que permitió recuperarlas y descargar los datos. En total, se analizaron 56 horas de registros continuos de 16 ballenas.
El canto se organiza en bloques llamados “temas”, que funcionan como las estrofas de una canción y se repiten en un orden fijo. Cada tema se vincula con una fase del buceo: hay temas para bajar, temas para el fondo y temas para subir.
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El tema 1 fue el dominante durante el descenso (70% de probabilidad) y el tema 5, compuesto por pulsos de sonido de banda ancha, fue el más frecuente durante el ascenso (58%). En el intervalo en superficie, ambos temas se alternaron en partes iguales.
En el fondo del buceo, a una profundidad media de 32 metros, las ballenas permanecieron quietas y produjeron la mayor variedad de temas. Esa zona del canto también fue la más variable entre individuos y entre años, lo que apunta a que allí opera la selección sexual: los machos compiten vocalmente para destacarse ante las hembras.
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“Los temas producidos durante las fases de fondo de las inmersiones son importantes para investigar la evolución del canto y la variabilidad entre individuos en relación con la aptitud del macho”, indicaron.
La sesión más larga registrada fue de 16,5 horas continuas, con las ballenas intercalando notas entre cada respiración en superficie.
El fondo del mar como pista de baile

Los investigadores concluyeron que el movimiento tiene un rol activo en la producción del canto y que la correspondencia entre el buceo y la estructura sonora refleja conexiones entre la fisiología del animal, el entorno físico y el comportamiento aprendido.
Una limitación es que los datos provienen exclusivamente de la población hawaiana, por lo que no es posible afirmar que los mismos patrones se repiten en otras regiones.
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Las ballenas del hemisferio sur experimentan cambios más rápidos en sus cantos, lo que podría generar resultados distintos.

Los investigadores propusieron como paso siguiente comparar, en distintas poblaciones del mundo, qué tan bien se corresponden los temas del canto con las fases del buceo. También recomendaron estudiar si la edad del macho o el contexto social influyen en los patrones descriptos.
Consultada por Infobae, la doctora Natalia Dellabianca, investigadora en mamíferos marinos del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) del Conicet en Tierra del Fuego, comentó: “Las ballenas jorobadas cantan principalmente en sus áreas de reproducción. En Sudamérica, esas áreas se encuentran frente a las costas de Brasil, Colombia, Ecuador y Perú”.
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Si bien también se han registrado cantos en áreas de alimentación y durante la migración, este comportamiento es mucho menos frecuente. “Hasta el momento, no se ha publicado en Sudamérica un estudio similar al difundido en Current Biology“, aclaró.
“Se trata de un trabajo muy interesante porque es el primero en relacionar la estructura completa del canto con el ciclo completo de una inmersión de las ballenas. Además, su principal valor agregado es que esos hallazgos permitirán interpretar mejor el comportamiento submarino de las ballenas mediante el monitoreo acústico, una herramienta capaz de registrar un mayor número de individuos con un menor costo económico y logístico que los registradores usados en la investigación”, sostuvo la doctora Dellablanca.
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