
En la región de Patagonia, un equipo de expertos del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET) logró duplicar el registro de invertebrados fósiles de uno de sus yacimientos más emblemáticos y describió una nueva especie de caracol marino con una antigüedad de aproximadamente 16 millones de años. El hallazgo, registrado en la Formación Gaiman en la localidad de Bryn Gwyn (provincia de Chubut), redefine la comprensión sobre la evolución de la fauna marina que habitó el sur argentino durante el Mioceno temprano.
Según explicaron los especialistas, la aparición de la especie Buccinanops halleri en estratos tan antiguos permite retroceder el origen de este grupo de caracoles mucho más allá de lo conocido y revela redes ecológicas complejas en los antiguos mares patagónicos. La investigación, que llevó cuatro años de trabajo de campo y laboratorio, involucró a científicos como Damián Pérez, Mariel Ferrari, Nicolás Farroni, Aylén Allende Mosquera y José Cuitiño, quienes colectaron y analizaron el material fósil entre 2021 y 2024.
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El registro fósil y el hallazgo de una nueva especie
El sitio de Bryn Gwyn es reconocido desde hace más de un siglo por sus abundantes fósiles de vertebrados marinos. Sin embargo, la información sobre los invertebrados permanecía fragmentaria y limitada a descripciones generales. El trabajo liderado por el IPGP-CONICET permitió identificar 27 taxones diferentes, es decir, grupos de organismos clasificados científicamente que pueden corresponder a especies, géneros u otras categorías biológicas. Esta cifra representa el doble de la diversidad previamente documentada en la zona.
Uno de los resultados más destacados fue la descripción de la nueva especie de caracol, Buccinanops halleri. Según señaló Damián Pérez a Infobae, Buccinanops es un género de caracoles común en la actualidad en el mar argentino, especialmente en las costas de Puerto Madryn y Puerto Pirámides. Estos caracoles carnívoros resultan fáciles de observar en la zona, incluso vivos, ya que suelen desplazarse cerca de la costa. Sin embargo, su registro fósil era prácticamente inexistente y solo se conocían ejemplares de unos pocos miles de años.
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El hallazgo de Buccinanops halleri en sedimentos del Mioceno (con una antigüedad estimada entre 15 y 16 millones de años) constituye el registro más antiguo conocido del linaje. La especie, bautizada en homenaje al geólogo Miguel Haller, se distingue por una ornamentación particular, con líneas circulares visibles en su caparazón, que no se observa en especies actuales.
“En las fotos se ven a simple vista esas líneas circulares que no las tiene ninguna de las especies actuales. Eso nos llevó a la pauta de que era diferente”, explicó el investigador, y agregó que este descubrimiento permite rastrear la presencia del género en la Patagonia mucho antes de lo que se creía.
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El equipo también registró por primera vez en la zona la presencia de braquiópodos y escafópodos, dos grandes grupos de invertebrados marinos que hasta ahora eran desconocidos en estos niveles de antigüedad. Esto, según Pérez, contribuyó a “armar las redes ecológicas completas, los ecosistemas de hace dieciséis millones de años, cuando se empezó a formar la fauna que hoy habita esta zona del mar patagónico”.
La fauna de invertebrados de Bryn Gwyn mostró además similitudes con las especies encontradas en las formaciones Monte León (Santa Cruz) y Chenque (sur de Chubut). Esto indica que los mares de esas regiones compartieron condiciones parecidas y se formaron bajo el mismo aumento del nivel del mar ocurrido en el Mioceno temprano.
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Bryn Gwyn: historia, características y relevancia paleontológica

El valle de Bryn Gwyn posee sedimentos blanquecinos de la Formación Gaiman, ricos en ceniza volcánica, que aportan un registro fósil continuo de entre 16 y 21 millones de años. La zona, cuyo nombre galés significa “loma blanca”, es hoy un parque paleontológico y un atractivo turístico de la región de Gaimán.
Según describió Pérez, el lugar resultó central para la paleontología argentina: “Bryn Gwyn es conocido desde hace más de cien años por geólogos, paleontólogos y naturalistas. Se ha hecho mucho énfasis en los fósiles de vertebrados, como ballenas, delfines y dientes de tiburón, que son muy característicos y conocidos por los vecinos. Sin embargo, los invertebrados pasaron desapercibidos durante décadas por su escaso atractivo”.
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El trabajo del equipo permitió ampliar la mirada tradicional sobre la fauna marina de la región. Se identificaron ostras, erizos, cangrejos, braquiópodos y escafópodos, además de los caracoles, que hasta ahora carecían de estudios sistemáticos. Pérez destacó que el avance fue posible por el crecimiento de la cantidad de investigadores en los últimos veinte años, lo que facilitó enfoques interdisciplinarios y una reconstrucción más completa de los ecosistemas marinos del Mioceno.
La Patagonia aparece, en palabras de Pérez, como uno de los yacimientos fósiles más importantes del mundo, con una sucesión de rocas que preserva cerca de doscientos millones de años de historia geológica, desde los primeros dinosaurios hasta la actualidad. El Mioceno, período al que pertenece la Formación Gaiman, corresponde al último gran momento cálido de la Tierra antes del enfriamiento global y las glaciaciones, con mares patagónicos algo más cálidos que los actuales. Esta ventana temporal permite comparar la fauna de la región con la de otros sectores de la Patagonia y con zonas como el sur de Brasil.
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Ciencia colectiva y nuevas perspectivas en la paleontología patagónica

El avance de este tipo de investigaciones requiere extensas campañas de campo, análisis de laboratorio y colaboración entre diferentes especialistas. El relevamiento que permitió el hallazgo se concretó entre 2021 y 2024, con múltiples campañas organizadas por el equipo de IPGP-CONICET.
Pérez subrayó en Infobae la importancia de la labor colectiva: “No es el resultado de una única persona, sino de un grupo de trabajo donde cada uno aporta su parte. Los trabajos de paleontología en Argentina, como en muchas disciplinas científicas, son interdisciplinarios y colaborativos”.
El hallazgo en Bryn Gwyn contribuye a completar el mapa paleontológico de la Patagonia, lo que permite reconstruir las redes ecológicas y la evolución de los ambientes marinos en el sur de Sudamérica durante el Mioceno. Según el equipo del CENPAT, todavía quedan muchos grupos de organismos por estudiar en detalle, por lo que las investigaciones continuarán para lograr una imagen completa de los antiguos mares patagónicos.
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