
Durante décadas, el amor desafió toda explicación racional. Sin embargo, los avances en matemáticas y en la teoría de los sistemas dinámicos permitieron abordar este fenómeno desde una perspectiva inesperada.
En la Universidad de Lyon, el profesor Laurent Pujo-Menjouet lideró un equipo internacional que diseñó modelos matemáticos capaces de describir la evolución de los sentimientos en una pareja.
Lejos de limitarse a la poesía o la psicología, la ciencia comenzó a trazar el curso del amor a través de ecuaciones, identificando patrones y puntos de inflexión que marcan el destino de las relaciones.

El punto de partida de la investigación fue la hipótesis de que los vínculos románticos, igual que los sistemas biológicos, responden a fuerzas que interactúan y evolucionan con el tiempo.
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Los matemáticos ampliaron las teorías clásicas para incorporar variables como las tasas de olvido, los niveles de atracción y los patrones de reacción. El resultado fue la capacidad de las matemáticas para “identificar las zonas de peligro en las relaciones”, un avance que aporta herramientas concretas para comprender y anticipar las crisis de pareja.
El libro ¡Amor! ¡Valor! ¡Ecuaciones!, de Pujo-Menjouet, sintetiza la integración entre matemáticas, literatura, psicología, cine y experiencias cotidianas. En sus páginas, el experto afirma: “No hay ningún encantamiento misterioso ni poción mágica. A estas alturas, eso ya se sabría. ¿Significa entonces que todo está perdido? Desde luego que no. Ahí es precisamente donde todo se vuelve interesante". La propuesta es clara: el amor, lejos de ser un enigma indescifrable, puede analizarse y entenderse mediante el razonamiento lógico.
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Ecuaciones y umbrales: cómo la ciencia predice la estabilidad de una pareja

El trabajo de Pujo-Menjouet se apoya en una tradición científica que arrancó en el siglo XVIII, con los estudios poblacionales de Thomas Malthus y las ecuaciones de Lotka-Volterra. Modelos originalmente diseñados para describir la dinámica de poblaciones animales —como la expansión de los conejos en Australia o las interacciones entre linces y liebres— sirvieron de base para analizar el curso de las relaciones humanas.
Los investigadores adaptaron el efecto Allee, que explica cómo ciertas poblaciones pueden colapsar si caen por debajo de un umbral, a la dinámica de los vínculos afectivos.
“Del mismo modo que podemos predecir el crecimiento demográfico o las especies en peligro de extinción, podemos modelar la evolución de los sentimientos dentro de una pareja”, apunta Pujo-Menjouet. El propósito no es vaticinar quién se enamorará de quién, sino entender por qué algunas parejas logran superar las dificultades y otras se distancian gradualmente. El objetivo central es identificar los factores que sostienen la estabilidad, incluso frente a los reveses inevitables de la vida.
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La aplicación de modelos matemáticos a las relaciones de pareja se consolidó en las últimas décadas gracias a los aportes de figuras como el psicólogo John Gottman, el economista José Manuel Rey, el físico Sergio Rinaldi y el matemático Steven Strogatz.
Gottman, conocido como el “Doctor Amor”, demostró que era posible modelar los resultados de los vínculos amorosos codificando las interacciones y representando los intercambios mediante gráficos. Estos estudios revelaron que los sentimientos y las respuestas emocionales pueden medirse y predecirse dentro de ciertos márgenes.
El equipo de Pujo-Menjouet incorporó complejidades adicionales a los modelos clásicos. Entre ellas, las reacciones retardadas, una variable introducida por investigadores polacos como Bielezyk, Forys y Marek Bodnar. El análisis de estos retrasos permitió observar cómo tomarse tiempo para procesar un conflicto puede reducir tensiones o, por el contrario, agravarlas. Así, la dinámica de pareja queda representada como un sistema sensible a las pequeñas variaciones de comportamiento y a la gestión de los desacuerdos.
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Un aspecto fundamental de este enfoque es el concepto de umbral crítico. Toda relación, según las ecuaciones de Pujo-Menjouet, posee un nivel mínimo de fuerza necesario para subsistir. Si los sentimientos se mantienen por debajo de ese umbral, el modelo predice un declive irreversible hacia la separación.
“Si tus sentimientos caen por debajo de este umbral y se mantienen ahí, las matemáticas predicen un inevitable declive hacia la separación. Sin embargo, comprender este umbral les brinda a las parejas una herramienta poderosa: pueden reconocer las zonas de peligro y tomar medidas correctivas”, sostuvo Pujo-Menjouet.
El modelo matemático diseñado por el equipo francés incluye variables como discusiones, estrés y presiones externas, y evalúa la capacidad de las parejas para recuperarse de estos episodios. “La cuestión importante no es si las parejas discuten. Es si tienen la suficiente capacidad de recuperación para volver al equilibrio después”, detalló el experto. Esta resiliencia se convierte en la clave de la estabilidad a largo plazo.
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La inteligencia artificial y el futuro del análisis de relaciones amorosas

El modelo desarrollado identifica tres factores principales en la estabilidad de una pareja: la atracción recíproca, el debilitamiento progresivo de los sentimientos y la manera en que cada integrante responde a las emociones del otro. La interacción de estos elementos determina si la relación resiste o sucumbe ante las dificultades.
Pujo-Menjouet utiliza una analogía literaria para ilustrar el hallazgo: “La vida siempre nos enviará sus lobos: el estrés, la enfermedad, el trabajo, los hijos, las dificultades económicas. Las matemáticas nos ayudan a comprender cómo construir una casa de ladrillos en lugar de una de paja”. El mensaje es que la solidez de una pareja no depende de evitar los conflictos, sino de la capacidad para afrontarlos y superarlos.
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El futuro de este tipo de estudios apunta a la integración de modelos matemáticos con inteligencia artificial. Según los investigadores, las versiones más avanzadas podrían advertir a las parejas cuando su relación se acerque a una zona de riesgo y proporcionarles “tiempo para corregir el rumbo”. La comparación más gráfica propuesta por Pujo-Menjouet es la de un “GPS para las relaciones”, capaz de señalar el estado actual de la pareja, el destino probable y las rutas alternativas para fortalecer el vínculo. “Los modelos no les dicen a quién amar, sino que ayudan a explicar cómo evoluciona el amor y qué pueden hacer las parejas para protegerlo”, enfatizó el matemático.

A pesar de su potencial, los modelos presentan importantes limitaciones. La mayoría de los sistemas desarrollados hasta ahora se basan en patrones típicos de relaciones occidentales, lo que restringe su aplicabilidad a otras culturas, religiones, contextos económicos o generaciones. Construir un modelo universal requeriría incorporar muchas más variables y una complejidad mayor.
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El comportamiento humano, por su parte, desafía cualquier predicción exacta. Las ecuaciones describen tendencias, no certezas, y las parejas pueden superar los pronósticos gracias al compromiso, la terapia o el crecimiento personal. “Las matemáticas pueden revelar patrones y ofrecer orientación pero, en última instancia, el éxito de una relación depende de que dos personas elijan, día a día, cultivar su conexión. Las ecuaciones pueden mostrarles el camino, pero aun así deben recorrerlo juntos”, concluyó Pujo-Menjouet.
Este avance científico transforma la manera de pensar las relaciones amorosas. Incorporar el análisis cuantitativo no significa restarles valor a las emociones, sino sumar herramientas para entenderlas y gestionarlas mejor.
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El aporte de la matemática, en este caso, es brindar una visión novedosa y práctica sobre los desafíos del amor en la vida contemporánea, y sugerir que, detrás de cada historia romántica, existe un entramado de patrones que puede comprenderse, anticiparse y, en cierta medida, protegerse del azar y la incertidumbre.
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