
La senescencia es un estado en el que la célula deja de dividirse pero permanece activa e influye en el entorno de los tejidos.
Científicos de los Estados Unidos publicaron una revisión en la revista Cell en la que describen cómo la senescencia celular puede detener el cáncer o, en algunos casos, ayudar a que avance.
Los científicos definieron la senescencia como “un programa biológico posicionado en la intersección de la lesión tisular, la inflamación crónica y la tumorogénesis”.
El equipo observó que la senescencia impidió que células dañadas siguieran dividiéndose, aunque algunas permanecieron y modificaron el entorno de los tejidos.

Los integrantes del grupo fueron Clemens Hinterleitner, Hailey Goldberg, Domhnall McHugh, Valentin Barthet, Aveline Filliol y Scott Lowe.
Desarrollaron el trabajo en el Departamento de Biología y Genética del Cáncer del Centro Memorial Sloan Kettering, la Escuela de Graduados de Ciencias Médicas Weill Cornell y el Instituto Médico Howard Hughes, en Estados Unidos.
Doble cara para una célula

La senescencia celular significa que una célula deja de dividirse, pero no desaparece de inmediato.
Los investigadores la definieron como “un proceso biológico dinámico cuyos rasgos se activan de forma variable y se cruzan con otros estados celulares adaptativos”.
Este fenómeno protege al organismo porque evita que células con daño en su ADN se multipliquen.
Aunque, cuando estas células senescentes permanecen mucho tiempo, generan un ambiente inflamatorio que ayudó al crecimiento de tumores.
El objetivo de la investigación fue proponer un marco que ayude a entender por qué la senescencia a veces resulta útil y en otras ocasiones perjudica.
Los científicos buscaron una visión amplia y flexible para explicar su impacto en escenarios variados.
Las seis dimensiones

Los investigadores revisaron trabajos anteriores y analizaron datos de distintos tipos de células. Identificaron seis dimensiones que, juntas, definen la senescencia.
La primera fue el arresto proliferativo: la célula deja de dividirse por la acción de genes como p53 y p16INK4a.
La segunda dimensión fue la reorganización de la cromatina, que modificó el material genético y activó programas propios de la senescencia.
En tercer lugar, las células senescentes mostraron resistencia a la muerte celular. Esta habilidad les permitió sobrevivir a situaciones que destruirían a otras células, gracias a proteínas que bloquearon señales de muerte.

El fenotipo secretor asociado a la senescencia (SASP) fue otra característica central. Es el conjunto de sustancias que las células liberaron para modificar el entorno y activar o frenar la defensa inmunitaria.
La quinta dimensión se relacionó con cambios en la superficie de la célula, que alteraron la manera en que interactuó con su ambiente.
La sexta abarcó cambios profundos en el metabolismo, que ayudaron a la célula a sobrevivir y a producir SASP. Los resultados mostraron que la senescencia no fue un estado único, sino un espectro de posibilidades según el tipo de célula, el daño y el entorno.
Los científicos destacaron: “La diversidad y complejidad de los programas de senescencia subrayan la necesidad de un marco que capture tanto sus rasgos definitorios como la variedad de sus efectos in vivo”.
Futuro, límites y caminos abiertos

La investigación sugirió crear terapias que eliminen solo las células senescentes dañinas y conserven las que ayudan a reparar tejidos.
Los científicos advirtieron: “definir qué poblaciones senescentes deben eliminarse, preservarse o modificarse sigue siendo un objetivo crítico”.
Entre las limitaciones, el equipo explicó que no existen marcadores universales para identificar de forma precisa a las células senescentes.
Además, la senescencia puede variar según la edad, el tipo de tejido o la enfermedad.
La investigación cerró con la idea de que la senescencia es un proceso flexible, capaz de proteger o dañar, y que entenderla mejor puede abrir nuevas estrategias para tratar el cáncer y enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
Últimas Noticias
La ciencia sugiere que los sueños entrenan al cerebro para enfrentar peligros y riesgos
Estudios en neurociencia indican que el sueño REM ayuda a ensayar respuestas ante amenazas y a fortalecer la regulación emocional

La NASA ya piensa en Artemis III para 2027: qué desafíos enfrenta la próxima misión a la Luna
La agencia espacial estadounidense perfila su siguiente expedición a la órbita lunar como la prueba clave para acercarnos al aterrizaje en 2028 y la construcción de una base permanente

Aves en peligro en los pastizales pampeanos: qué descubrieron los científicos sobre su futuro
Investigadores del Conicet y otras instituciones públicas compararon campos con diferentes manejos ganaderos en la región pampeana. Cuáles son las decisiones que podrían cambiar el destino de las especies amenazadas

Desde la ciencia ciudadana hasta la inteligencia artificial: cómo se busca monitorear mejor a la enfermedad de Chagas
Científicos de Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y España analizaron el uso de tecnologías y la participación social para mejorar la identificación de insectos que transmiten el parásito que causa la infección. Cuáles fueron las seis sugerencias principales a partir de los resultados


