
El día más excitante llegó para los astronautas de la misión Artemis II de la NASA y para todos los científicos que esperan las imágenes del lado oculto de la Luna.
Es que hoy alrededor de las 18 horas EDT de Florida y 22 GMT (19 hs de Argentina, 17 de Colombia y Perú, 16 de México) la cápsula Orión, con los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, se convertirá en la primera nave tripulada en más de 53 años en atravesar la región lunar invisible desde la Tierra, realizando observaciones directas y registrando imágenes de zonas nunca antes vistas por el ser humano.
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El sexto día de vuelo marca el momento clave de la misión. La tripulación de Artemis II alcanzará el punto más cercano a la superficie lunar, a unos 6.500 kilómetros, mientras se encontrará también en el punto más alejado de la Tierra, a aproximadamente 402.000 kilómetros.
Este doble récord convertirá a la tripulación de esta misión espacial como los seres humanos que han viajado más lejos de su planeta de origen, superando el registro de la misión Apolo 13.
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De acuerdo con los datos de la NASA, la distancia final dependerá del momento exacto del lanzamiento, lo que aporta un componente de incertidumbre científica y operativa.
Preparativos y tecnología para el sobrevuelo lunar

La misión exige un intenso trabajo de preparación a bordo de la cápsula Orión. Antes de iniciar el sobrevuelo, los cuatro astronautas organizaron y ensayaron el uso de cámaras portátiles con lentes de 80-400 y de 14-24 milímetros, destinadas a capturar imágenes y videos de alta resolución en condiciones variables de luz.
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El espacio de la cabina, de cinco metros de diámetro —según describieron técnicos de la NASA—, obliga a la tripulación a coordinar movimientos y tareas para aprovechar al máximo las oportunidades de observación.
La planificación de la maniobra contemplará una ventana de observación de 6 horas durante la cual la alineación del Sol, la Luna y la nave permitirá visualizar hasta el 20% de la cara oculta del satélite.
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Esta franja, inaccesible desde la Tierra, incluye estructuras como la cuenca Orientale, el cráter Pierazzo y el cráter Ohm. Algunas de estas formaciones, nunca observadas a simple vista por humanos, se convirtieron en el objetivo prioritario de la tripulación.
El comandante Reid Wiseman y sus compañeros dedicarán la mayor parte del día a registrar videos y fotografías de la superficie, con la Luna visible como una esfera del tamaño de una pelota de baloncesto desde la ventanilla de Orión.
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Las condiciones de iluminación en la superficie lunar variarán según el ángulo del Sol, que cambia aproximadamente un grado cada dos horas.

La tripulación no sabrá con certeza qué condiciones encontrará hasta el momento mismo del sobrevuelo, lo que los obliga a adaptarse en tiempo real para maximizar la calidad y la variedad de las imágenes.
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La NASA explicó en su comunicado oficial que, si el Sol se encuentra alto durante el sobrevuelo, la superficie presentará pocas sombras y variaciones sutiles de color y brillo.
Si el Sol está bajo en el horizonte, las sombras largas resaltarán el relieve, permitiendo distinguir crestas, pendientes y bordes de cráteres difíciles de detectar en condiciones de luz completa. En el caso de una iluminación cenital, las sombras desaparecen, generando condiciones ideales para la fotografía de primer plano.
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Una travesía sin contacto y el valor científico de la observación directa

El momento más crítico de Artemis II se producirá durante los hasta 50 minutos en los que la nave permanecerá fuera de contacto por radio con el centro de control. Este periodo sin comunicación directa sirve como prueba fundamental para los sistemas de navegación y comunicación de la nave, un paso clave para la validación de tecnologías que serán esenciales en futuras misiones a la Luna y Marte.
Durante este intervalo, la tripulación registrará observaciones en tiempo real, anotando detalles y vinculando sus comentarios con las imágenes tomadas.
“Según el día en que ocurra el lanzamiento, cambiará mucho lo que veremos en la cara oculta de la Luna”, explicó Jeremy Hansen. “Si el despegue ocurre al principio de la ventana del lanzamiento, veremos un eclipse. Veremos el Sol ocultarse tras la Luna”, agregó.
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La posibilidad de observar fenómenos como el polvo suspendido sobre la superficie lunar o la dinámica de las sombras en regiones inexploradas abrió nuevas preguntas científicas.
La tripulación destaca la visión completa de estructuras como la cuenca Orientale, un cráter gigante parcialmente visible desde la Tierra pero nunca registrado en su totalidad desde el espacio profundo. “Orientale es un enorme cráter en la cara oculta de la Luna. Con telescopios se puede ver el borde de este cráter, pero nadie lo ha visto completo en la cara oculta de la Luna”, explicó Hansen.
El sobrevuelo también permite a los astronautas observar y documentar el desplazamiento del polvo lunar, un fenómeno que la comunidad científica considera relevante para el diseño de futuras bases y misiones de exploración prolongada. Las imágenes y videos capturados serán analizados por equipos de la NASA y de instituciones asociadas, con el objetivo de comparar las observaciones humanas directas con los datos obtenidos por sondas automáticas y telescopios terrestres.
Viaje de regreso a la Tierra
La misión Artemis II implementa una trayectoria denominada “free-return”, que permite a la cápsula rodear la Luna y regresar a la Tierra sin necesidad de maniobras complejas de propulsión, tal como sucedió en la era Apolo. Esta estrategia, optimizada para la seguridad y la eficiencia, fue diseñada por ingenieros de la NASA y validada durante los días de viaje.
El paso de Artemis II por la cara oculta de la Luna representa un avance en la exploración humana del espacio profundo. El acceso directo a regiones nunca vistas por el ser humano aporta información inédita sobre la geología, la dinámica de la superficie y las condiciones de luz en el satélite natural. La NASA prevé que los datos y las imágenes recopiladas durante la misión servirán como base para la planificación de futuros alunizajes y la eventual instalación de bases científicas permanentes en la Luna.

El éxito de la misión también refuerza la cooperación internacional en el ámbito espacial. Jeremy Hansen se convirtió en el primer canadiense en volar a la Luna, mientras que Christina Koch y Victor Glover establecieron hitos en representación de la diversidad de la tripulación.
La capacidad de registrar observaciones y datos en tiempo real durante el periodo de incomunicación abre nuevas posibilidades para el diseño de misiones autónomas y la exploración de entornos donde la comunicación directa con la Tierra no sea posible.
El legado de Artemis II se inscribe en la tradición de las grandes misiones espaciales, ampliando los horizontes de la presencia humana más allá de la órbita terrestre y sentando las bases para una nueva etapa de investigación y descubrimiento en la Luna y más allá.

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