
El Super Bowl, el evento deportivo más visto del año en Estados Unidos, y esperado por el mundo entero, servirá este domingo como plataforma para una campaña global que busca poner en primer plano la salud renal y cardiovascular.
Un anuncio especial, protagonizado por figuras como las actices Sofía Vergara y Octavia Spencer, invitará a los millones de espectadores del espectáculo a reflexionar sobre la importancia de detectar a tiempo el daño en riñones y corazón.
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En el centro del mensaje aparece una herramienta sencilla pero poco utilizada: la prueba de albúmina-creatinina en orina, clave para identificar riesgos ocultos y evitar complicaciones graves. En un contexto donde enfermedades como la hipertensión y la diabetes avanzan en silencio, la campaña apunta a reinstalar el valor de los controles médicos de rutina y a fomentar una cultura preventiva que puede marcar la diferencia en la vida de millones de personas.
La hipertensión arterial y la diabetes tipo 2 afectan a una porción considerable de la población adulta. Ambas condiciones dañan silenciosamente pequeños vasos tanto de los riñones como del corazón, lo que favorece el desarrollo de enfermedad renal crónica e incrementa el riesgo de insuficiencia cardíaca, infarto y accidente cerebrovascular.
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La campaña presentada durante el Super Bowl busca incentivar tanto a pacientes como a profesionales de la salud a considerar la prueba de albúmina-creatinina en orina dentro de los controles médicos anuales para quienes presentan factores de riesgo. Promover el diagnóstico temprano y fomentar el diálogo con el médico forman parte de una tendencia internacional destinada a reducir los casos no detectados y evitar daños irreversibles.
Volver a incorporar los controles de rutina figura como el mensaje central que transmiten los especialistas. El reto, destacan, es reinstalar la práctica de exámenes simples y preservar el valor del cuidado preventivo en la agenda de salud de las personas.
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Según datos del estudio RENATA 2, una investigación epidemiológica clave en Argentina que actualizó datos sobre la prevalencia, conocimiento, tratamiento y control de la hipertensión arterial, alrededor de cuatro de cada diez argentinos de entre 30 y 79 años padecen de presión arterial alta, y cerca del 40% desconoce su diagnóstico.

Además, la diabetes tipo 2 impacta a uno de cada diez adultos mayores de 18 años, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, por lo que son las principales causas de enfermedad renal crónica e ingreso a diálisis en el país.
El daño provocado por estas enfermedades suele pasar inadvertido durante años. Los especialistas advierten que se trata de un proceso progresivo y silencioso que, si no se detecta a tiempo, puede derivar en complicaciones graves para las personas y en altos costos para el sistema de salud. La consulta médica y los controles periódicos permiten actuar antes de que aparezcan síntomas.
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La prueba de albúmina-creatinina en orina (RAC) surge como una herramienta sencilla, accesible y de bajo costo para la detección precoz de daño renal y riesgo cardiovascular oculto. Este estudio puede efectuarse en cualquier laboratorio o consultorio con una simple muestra de orina. El doctor Carlos Castellaro, médico nefrólogo y especialista en hipertensión arterial del CEMIC, explicó que “la albuminuria significa pérdida de una proteína llamada albúmina por orina, lo cual no debiera suceder. Esta albúmina se pierde por orina porque los vasos sanguíneos renales se alteran y permiten su filtración al espacio urinario. Al compartir mecanismos comunes de daño vascular, tanto renal como global, eliminar albúmina en orina expresa daño renal y daño global/cardiovascular".

Por ese motivo, subrayó, “la presencia de albúmina en orina es un potente predictor tanto de daño renal como cardiovascular. Su utilidad es tan significativa que las principales sociedades científicas nacionales e internacionales vinculadas al riesgo renal y cardiovascular, recomiendan su medición en personas con hipertensión arterial, diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular o antecedentes familiares de enfermedad renal crónica, entre otros. Dentro de un enfoque integral de salud cardiorrenal, la RAC debería realizarse al menos una vez al año, especialmente en quienes presentan estos factores de riesgo”.
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La doctora Marina Papaginovic Leiva, nefróloga del Hospital Churruca-Visca, destacó la relevancia de adelantarse al daño: “Anticiparse al daño renal puede modificar la evolución de la enfermedad renal crónica, prevenir hospitalizaciones, reducir el riesgo de eventos cardiovasculares y evitar, en muchos casos, la necesidad de tratamientos sustitutivos como diálisis o trasplante”. Para la especialista, la detección precoz brinda la posibilidad de intervenir a tiempo y mejorar la calidad de vida de quienes están en riesgo.
Pese a su eficacia, la prueba RAC permanece subutilizada en la práctica clínica en Argentina. Miles de personas podrían vivir durante años con daño renal no diagnosticado, accediendo al tratamiento cuando la enfermedad ya ha alcanzado fases avanzadas y las opciones son limitadas. Este retraso en el diagnóstico representa un alto costo sanitario, debido a la necesidad de terapias de sustitución renal, hospitalizaciones y procedimientos cardiovasculares complejos.
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La Dra. Papaginovic Leiva recordó que la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2 y la obesidad son las causas principales de daño renal crónico, y que la evolución silenciosa de estas enfermedades afecta tanto a las personas como a la capacidad de respuesta de las instituciones médicas.
Síndrome cardiorrenal y factores de riesgo compartidos
La relación entre el daño renal y el cardíaco es objeto de investigación de centros referentes como Cleveland Clinic y Hospital Clínic Barcelona. Según la institución estadounidense, cerca de 64 millones de personas en el mundo conviven con insuficiencia cardíaca y hasta el 60% de los pacientes cardíacos crónicos presentan una enfermedad renal asociada.
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Estas entidades definen al síndrome cardiorrenal como un trastorno en el que una disfunción en el corazón puede provocar daño en los riñones y, recíprocamente, dificultando en muchas ocasiones identificar el origen primario.

El Hospital Clínic Barcelona señaló que factores como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol alto, el tabaquismo y la obesidad deterioran ambos órganos. Cuando estos factores de riesgo persisten a lo largo del tiempo, tanto el corazón como los riñones pueden llegar a fallar juntos.
Los especialistas recomiendan analizar biomarcadores específicos y realizar pruebas de sangre y orina, combinadas con estudios de imagen, para facilitar diagnósticos más precisos y tempranos.
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