
Un reptil bípedo con pico y sin dientes, identificado como Labrujasuchus expectatus, caminó hace 212 millones de años en lo que hoy es Nuevo México. Sus restos, pertenecen a los shuvosáuridos, un grupo de arcosaurios emparentado de forma lejana con los cocodrilos actuales, según un estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology.
El equipo liderado por Alan Turner, profesor de ciencias anatómicas en la Universidad de Stony Brook, describió el espécimen a partir de un esqueleto parcial recuperado en la cantera Hayden, en el norte de Nuevo México. La investigación ubicó al animal en el Triásico Tardío (noriano) y sostuvo que la nueva especie ayuda a cubrir un vacío temporal entre dos shuvosáuridos norteamericanos ya conocidos.
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Los huesos se dataron en 212 millones de años y, además de su antigüedad, presentaron diferencias sutiles frente a especies previamente descritas, como rasgos en el húmero. “Nos fijamos en esos detalles minuciosos porque son los que están siendo moldeados por los procesos evolutivos, y eso nos permite obtener su árbol genealógico de esa manera”, señaló Turner.
Hallazgo en Nuevo México: dónde apareció el fósil y qué se recuperó

Los restos del reptil se descubrieron originalmente en 2006 en una cantera de Nuevo México conocida entre paleontólogos por su yacimiento de fósiles del Triásico. El estudio precisó que el holotipo consiste en un esqueleto parcial y que existe material adicional de shuvosáuridos de la cantera Hayden que probablemente pertenece a este mismo taxón.
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La investigación situó el hallazgo en la cantera Hayden del norte de Nuevo México, dentro del Miembro Bosque Petrificado de la Formación Chinle, un conjunto de rocas del Triásico Tardío del oeste de los Estados Unidos con abundantes restos fósiles.
Qué es Labrujasuchus expectatus y cómo se lo clasificó

Los autores describieron a Labrujasuchus expectatus como una nueva especie de shuvosáurido (Archosauria, Poposauroidea). Los shuvosáuridos fueron arcosaurios bípedos presentes durante gran parte del Triásico Tardío y el clado se considera especialmente diverso en los conjuntos del Triásico Superior en el oeste de los Estados Unidos, de acuerdo con el trabajo.
En el registro norteamericano, los investigadores compararon al nuevo taxón con Shuvosaurus inexpectatus y Effigia okeeffeae, dos especies descritas previamente cuyos esqueletos son “notablemente similares”, según el resumen del estudio.
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El estudio ubicó a Labrujasuchus expectatus en el Noriense medio, con una edad aproximada de 212 Ma. Turner explicó que ese fechado resultó clave para diferenciar al espécimen frente a los shuvosáuridos norteamericanos ya reconocidos, al situarlo en una franja temporal distinta.
En el abstract, los autores afirmaron que el nuevo fósil “llena el vacío temporal” entre Shuvosaurus inexpectatus y Effigia okeeffeae, una brecha que complicaba la lectura continua de la historia del grupo en la región.
Rasgos anatómicos: el detalle óseo que lo distingue de otros shuvosáuridos

Los investigadores indicaron que los huesos aislados de shuvosáuridos se diferencian con facilidad de los de otros arcosaurios contemporáneos, aunque las especies norteamericanas ya descritas muestran esqueletos muy parecidos entre sí. En ese contexto, el equipo apoyó la identificación del nuevo taxón en una combinación de rasgos diagnósticos.
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El abstract destacó que el animal se distingue por cuatro autapomorfías y que puede asignarse a Shuvosauridae por rasgos como una fosa profunda en el borde posterodorsal del coracoides; una porción proximal del húmero de menos del doble del ancho de la diáfisis media; un tubérculo anteromedial del fémur grande y “enganchado” hacia atrás; y una porción posterolateral de la cabeza femoral descendida ventralmente.
Turner también señaló diferencias sutiles en el húmero como parte del conjunto de características que ayudó a separar a la nueva especie de los registros conocidos.
Relación con los cocodrilos: parentesco lejano y sin “ancestro directo”

La nueva especie pertenece a un linaje que hoy incluye a los cocodrilos, pero su parentesco con los cocodrilianos modernos es distante. Turner remarcó que Labrujasuchus expectatus “definitivamente no es un ancestro directo de los caimanes y cocodrilos modernos”.
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“Se podría decir que es un primo muy, muy lejano. Se separó hace cientos de millones de años del grupo que finalmente nos lleva a los caimanes y cocodrilos. Es una especie de rama secundaria”, explicó el investigador.
Sin dientes y con pico: qué se puede inferir sobre su dieta
Los cocodrilos modernos son conocidos por sus hileras de dientes, pero Labrujasuchus expectatus no tenía ninguno. Para Turner, ese rasgo complica la reconstrucción de la dieta, aunque no la define por sí solo.
El investigador señaló que las aves también tienen pico y carecen de dientes y que eso no impide que un águila sea carnívora. También subrayó que el animal vivió hace tanto tiempo que “la fruta prácticamente no existía”. Sin poder afirmarlo con certeza, indicó que cree que el reptil era carnívoro y posiblemente carroñero.
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Por qué importa: evolución convergente y lo que sugiere el registro fósil

Turner sostuvo que Labrujasuchus expectatus no era un dinosaurio, pese a su apariencia y a un probable comportamiento que pudo recordar al de algunos de ellos. Para el investigador, estudiar animales como este puede aportar evidencia para entender la evolución convergente, el proceso por el cual linajes distintos desarrollan rasgos parecidos.
“Eso es lo que me parece más interesante de un animal como L. expectatus”, añadió. “Es un dato más que tenemos para seguir desarrollando estos modelos sobre ese importante proceso evolutivo”.
En el abstract del estudio, los autores mencionaron que estimaciones bayesianas recientes de filogenia y tiempos de divergencia sugirieron una división en el Triásico Medio para Shuvosauridae, además de una disminución en la tasa de evolución morfológica del clado en comparación con otros arcosaurios. También señalaron que la similitud anatómica de Labrujasuchus expectatus con otros shuvosáuridos es consistente con esas tasas estimadas y que las lagunas prolongadas en el registro fósil del grupo sugieren que buena parte de su historia evolutiva todavía está por explorar.
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