El programa espacial Artemis alcanzó un punto decisivo esta semana con la llegada del cohete de Artemis 2 a la plataforma de lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy, en Florida. Esa imagen sintetiza años de desarrollo tecnológico, ajustes operativos y aprendizajes acumulados tras la misión no tripulada Artemis 1.
A diferencia de aquel vuelo de prueba de 2022, esta misión llevará personas a bordo y abrirá una nueva etapa de exploración humana más allá de la órbita baja terrestre, algo que no ocurrió desde el final del programa Apolo en 1972.
La colocación del Sistema de Lanzamiento Espacial, conocido como SLS, sobre la plataforma no representa un gesto simbólico sino el inicio de una secuencia técnica compleja que definirá si la misión puede despegar en la ventana prevista a partir del 6 de febrero.
Desde ese momento, el vehículo entra en una fase de integración con los sistemas terrestres, pruebas eléctricas, chequeos de comunicación y validaciones de seguridad que resultan indispensables antes de autorizar el abastecimiento con propulsores criogénicos.
Artemis 2 fue concebida como una misión de diez días de duración que enviará a cuatro astronautas en un viaje de sobrevuelo alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra.
La tripulación está integrada por Reid Wiseman como comandante, Victor Glover como piloto y Christina Koch como especialista de misión, todos de la NASA, junto con Jeremy Hansen, astronauta de la Agencia Espacial Canadiense.
La presencia de un representante de Canadá refleja la dimensión internacional del programa Artemis y su vínculo con proyectos futuros como la estación Gateway, que orbitará la Luna.
Qué implica que Artemis 2 esté en la plataforma de lanzamiento

El traslado del SLS y de la nave Orión desde el Edificio de Ensamblaje de Vehículos hasta la plataforma demandó cerca de 12 horas y marcó el inicio formal de la campaña de lanzamiento.
Una vez allí, los equipos comenzaron la conexión del cohete con los sistemas de tierra que suministran energía, refrigeración, combustible y enlaces con la sala de control.
Cada una de esas interfaces recibe una validación exhaustiva, ya que cualquier falla puede comprometer el cronograma o la seguridad de la tripulación.

Uno de los puntos críticos de esta etapa es la verificación del brazo de acceso de la tripulación, la estructura que permite a los astronautas ingresar a la cápsula Orión antes del despegue.
También entra en escena el sistema de salida de emergencia, diseñado para evacuar a la tripulación mediante cestas en caso de un problema grave en la plataforma. Estas pruebas no solo evalúan el hardware, sino también los tiempos y la coordinación de los equipos humanos que participan en una eventual contingencia.
La NASA decidió aplicar a Artemis 2 las lecciones aprendidas durante la extensa preparación de Artemis 1. Aquella misión requirió múltiples intentos de ensayo general húmedo, el procedimiento que simula una cuenta regresiva completa con carga de oxígeno e hidrógeno líquidos.

Durante ese proceso surgieron fugas, dificultades de control térmico y problemas en válvulas del sistema terrestre. La experiencia permitió modificar interfaces, ajustar caudales y rediseñar componentes que ahora forman parte de la configuración de Artemis 2.
Charlie Blackwell-Thompson, directora de lanzamiento de la misión, resumió ese aprendizaje al afirmar: “Creemos que tendremos éxito en Artemis 2 gracias a las lecciones que aprendimos”.
En la misma línea, destacó que Artemis 1 “fue un vuelo de prueba, y aprendimos mucho durante esa campaña para llegar al lanzamiento”. Esa acumulación de experiencia resulta clave para enfrentar el próximo gran hito previo al despegue, el ensayo general húmedo previsto para finales de enero.
Durante esa prueba, los equipos demostrarán la capacidad de cargar más de 2,5 millones de litros de propulsores criogénicos en el SLS, ejecutar una cuenta regresiva simulada y retirar el combustible de forma segura.
La diferencia con 2022 radica en que ahora el vehículo ya atravesó múltiples ciclos de prueba y cuenta con modificaciones orientadas a evitar fallas previas, como las fugas de hidrógeno detectadas en Artemis 1.
La flexibilidad del cronograma constituye otro elemento central de esta fase. Aunque el 6 de febrero figura como la fecha principal de lanzamiento, la NASA mantiene abiertas ventanas durante febrero, marzo y abril. La prioridad declarada consiste en avanzar solo cuando todos los sistemas demuestren un nivel de confiabilidad acorde con una misión tripulada, incluso si eso implica postergar el despegue.

En qué consiste la misión Artemis 2 y por qué resulta clave
Artemis 2 representa el primer vuelo tripulado del sistema de exploración del espacio profundo de la NASA. Su objetivo principal no pasa por alunizar, sino por validar en condiciones reales de vuelo todos los componentes que permitirán futuras misiones de aterrizaje.
En ese sentido, la misión evaluará la planificación y ejecución de operaciones, el rendimiento de la nave y del cohete, la interacción de la tripulación con los sistemas de a bordo y el funcionamiento de la navegación y las comunicaciones más allá de la órbita terrestre.
Tras el lanzamiento desde la plataforma 39B, Orión entrará en una órbita terrestre inicial. A los pocos minutos, la Etapa de Propulsión Criogénica Provisional realizará maniobras para elevar el perigeo y luego el apogeo de la órbita.

Aproximadamente 42 horas después del inicio de la misión, una verificación confirmará que la trayectoria se encuentra dentro de los parámetros previstos, con un punto más cercano a la Tierra de 185 kilómetros y uno más lejano de 2.600 kilómetros.
Superada esa etapa, el sistema se desprenderá de la etapa propulsiva y Orión ejecutará la inyección translunar que la enviará rumbo a la Luna. El viaje hasta las inmediaciones del satélite natural demandará unos cuatro días.
La trayectoria adoptará un esquema de retorno libre híbrido, una configuración que permite que la nave rodee la Luna y regrese a la Tierra gracias a la gravedad, incluso frente a fallas severas de los sistemas de propulsión.

Durante el sobrevuelo, la cápsula alcanzará una distancia de miles de kilómetros más allá de la Luna. En su punto más lejano, la tripulación viajará más lejos de la Tierra que cualquier otro ser humano hasta el momento.
Ese aspecto convierte a Artemis 2 en una misión de alto valor científico y operativo, ya que permitirá medir la exposición a la radiación del espacio profundo y evaluar el comportamiento de los sistemas de soporte vital durante varios días fuera del entorno protegido del campo magnético terrestre.
A lo largo del vuelo, los astronautas pondrán a prueba los sistemas de navegación autónoma, los enlaces de comunicación de larga distancia y la habitabilidad de Orión. Cada dato recolectado servirá para ajustar procedimientos y diseños antes de autorizar un alunizaje en una misión posterior.

La NASA remarcó que Artemis 2 no requiere sistemas de aterrizaje, trajes espaciales de superficie ni la infraestructura de Gateway, lo que refuerza su carácter de misión de validación.
El regreso a la Tierra marcará el cierre de la misión. Cerca del planeta, el módulo de tripulación se separará del Módulo de Servicio Europeo y del adaptador correspondiente.
Luego de atravesar la atmósfera, Orión amerizará en el océano Pacífico, donde equipos especializados recuperarán la cápsula y a la tripulación. Ese tramo final también resulta crucial, ya que permitirá confirmar el desempeño del escudo térmico en una reentrada con astronautas a bordo.

Una vez concluida la misión, ingenieros y controladores de vuelo analizarán durante meses la enorme cantidad de información obtenida. Ese proceso definirá el grado de preparación del sistema para avanzar hacia Artemis 3, la misión que, según los planes actuales, llevará nuevamente seres humanos a la superficie lunar en 2027.
La relevancia de Artemis 2 radica en su doble condición. Por un lado, simboliza el regreso humano al entorno lunar tras más de cinco décadas. Por otro, funciona como un filtro técnico indispensable antes de asumir los riesgos de un alunizaje.
Con el cohete ya en la plataforma y las pruebas finales en marcha, la misión se posiciona como un punto de inflexión en la estrategia de exploración espacial de la NASA y de sus socios internacionales.
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