
Un abismo sin luz, a más de once mil metros bajo la superficie del Pacífico, podría estar reescribiendo la historia de la vida en la Tierra. Un grupo de científicos se prepara para descender al fondo oceánico con una misión que desafía siglos de certezas: verificar si rocas metálicas producen oxígeno en completa oscuridad.
La expedición, liderada por Andrew Sweetman, profesor de la Scottish Association for Marine Science (SAMS), desplegará dos aparatos pioneros en la Clarion-Clipperton Zone, una vasta región situada entre Hawái y México donde abundan nódulos polimetálicos.
Estos dispositivos, llamados landers y bautizados como Alisa y Kaia, han sido diseñados para soportar presiones 1.200 veces superiores a las de la superficie terrestre. Según explicó Sweetman durante una conferencia con la prensa, los equipos “más bien parecen instrumentos de exploración espacial”.
El objetivo central del proyecto es determinar si estas rocas metálicas generan oxígeno “oscuro” mediante electrólisis, es decir, al separar el agua del océano en hidrógeno y oxígeno por efecto de cargas eléctricas naturales. Esta hipótesis, lanzada en 2024 por el propio Sweetman y publicada en la revista Nature Geoscience, abrió un intenso debate en la comunidad científica y en la industria minera.

Tecnología inédita y desafíos extremos
Los landers pueden operar a profundidades de hasta once kilómetros y recolectarán muestras de agua, medirán la actividad eléctrica de los nódulos y emplearán trazadores químicos para descifrar el mecanismo detrás de la posible producción de oxígeno. Además, se sumará un tercer equipo, el Aquatic Eddy Covariance (AEC) lander, encargado de analizar los flujos de oxígeno en el área.
La expedición, financiada por la Nippon Foundation y respaldada por la Intergovernmental Oceanographic Commission (IOC) de la UNESCO, cuenta con la colaboración de Jeffrey Marlow, geobiólogo de la Boston University, y Franz M. Geiger, químico de la Northwestern University. Sweetman subrayó la magnitud de la investigación: “Esta realmente es una iniciativa global con implicancias globales”.
Un debate que enfrenta ciencia e intereses económicos
El hallazgo de “dark oxygen” despertó escepticismo y preocupación, especialmente en la industria minera, interesada en explotar los nódulos ricos en metales estratégicos para tecnologías como baterías de autos eléctricos. Algunas empresas y científicos sugieren que los resultados previos podrían haberse debido a “burbujas de aire atrapadas en los instrumentos de medición”. Sweetman refutó esa posibilidad y defendió la solidez de los protocolos empleados: “Hemos usado estos instrumentos durante los últimos 20 años y jamás hemos detectado burbujas”, afirmó durante la presentación de la misión.
La relevancia del fenómeno trasciende la ciencia básica. Sweetman advirtió que, si se confirman los planes de explotación minera, “habrá impactos bastante extendidos” en el ecosistema profundo, ya que “estos nódulos albergan una fauna muy diversa”. No obstante, remarcó que el propósito del equipo “no es frenar la minería submarina, sino ofrecer información que ayude a minimizar los daños si la explotación avanza”.

¿Nuevo origen para la vida?
Los experimentos previos en laboratorio con nódulos recuperados han detectado “voltajes eléctricos considerables”, pero las condiciones extremas del fondo oceánico podrían modificar el fenómeno. “Todavía no sabemos exactamente cómo se establece el potencial eléctrico ni cómo se produce oxígeno en las presiones del abismo marino”, puntualizó Geiger.
Para Marlow, la clave podría estar en la actividad de los microbios que habitan los nódulos: “Dada la capacidad de adaptación que han desarrollado los microorganismos a lo largo de la evolución, estamos ansiosos por descubrir qué hacen exactamente dentro de los nódulos polimetálicos”. Sweetman añadió: “Sabemos de varias zonas del océano donde se habría identificado ‘dark oxygen’. Lo apasionante es que, sea cual sea el resultado, podríamos responder algunos de los mayores misterios sobre la vida en la Tierra”.
Expectativa global y próximos pasos
La expedición se concretará en mayo y los científicos estiman que podrán confirmar la producción de oxígeno en la oscuridad en apenas 24 a 48 horas tras la recuperación de los dispositivos.
Sin embargo, la interpretación definitiva de los resultados podría demorar varios meses, según adelantó Sweetman. En paralelo, el equipo compartirá su metodología con colegas de Alemania para comparar técnicas y observaciones.
La investigación, avalada como una actividad de la Década de los Océanos de la ONU, promete revolucionar el conocimiento sobre los límites de la vida y la dinámica química de los océanos. “Estas son las preguntas grandes que suelen reservarse para la exploración de otros mundos, no el nuestro”, sintetizó Marlow.
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