
El Día de la Concientización sobre los Pingüinos, que se celebra cada 20 de enero, busca visibilizar la situación de las 19 especies que existen en el mundo.
En la Patagonia argentina, los pingüinos patagónicos o de Magallanes conviven con un turismo en expansión, que deja huellas distintas en sus principales colonias: Punta Tombo y San Lorenzo, según una revisión de estudios que fue publicada en Journal of Zoological and Botanical Gardens.
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La revisión fue realizada por los científicos Marcelo Bertellotti y Verónica D’Amico, del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET) y la Universidad del Chubut en Puerto Madryn.
Abordaron un tema central para el equilibrio entre conservación y desarrollo económico en la región: cómo afecta la visita de miles de turistas cada año al bienestar y la salud de las poblaciones de pingüinos patagónicos, la especie que es uno de los principales atractivos del turismo de naturaleza en Sudamérica.
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Tras la revisión de los estudios, los investigadores dieron estas siete claves que podrían servir para dar una mejor protección a los animales:

- Limitar la cantidad de visitantes para evitar la saturación de las colonias.
- Priorizar los recorridos en grupos pequeños, siempre acompañados por guías certificados.
- Implementar pasarelas elevadas y plataformas de observación discretas para reducir el contacto directo y proteger la vegetación.
- Ajustar los horarios de visita para evitar períodos críticos, como la nidificación y el forrajeo.
- Evaluar y respetar la capacidad de carga turística, al aplicar una zonificación estricta y rotación de senderos para permitir la regeneración natural del hábitat.
- Promover la educación ambiental activa entre los visitantes y el monitoreo constante de la salud de las colonias.
- Adaptar y ajustar de forma continua las prácticas turísticas, con una gestión responsable y con la creación de nuevas reservas que prioricen soluciones basadas en la naturaleza.
Donde el mar encuentra a los viajeros

El pingüino patagónico o de Magallanes habita costas y archipiélagos de Argentina y Chile. Su dieta se compone principalmente de peces, calamares y crustáceos que captura en aguas marinas cercanas a la costa.
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Forma colonias en playas y acantilados para reproducirse y proteger a sus crías de depredadores.
Desde Río Negro hasta Tierra del Fuego, hay colonias de esa especie de pingüino en la Argentina.
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Una de ellas es Punta Tombo, que cuenta actualmente con cerca de 140.000 parejas reproductoras, mientras que San Lorenzo, ubicada en la Península Valdés, alberga alrededor de 210.000 parejas, lo que la convierte en la colonia más grande de la especie a nivel mundial. Ambas colonias se encuentran en el territorio de la provincia de Chubut.
Pero la presencia de turistas allí siguió diferentes trayectorias. Punta Tombo recibe visitantes desde la década del setenta y, en los últimos diez años, se registraron entre 100.000 y 120.000 personas por año.
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San Lorenzo, que históricamente se dedicó a la ganadería ovina, abrió sus puertas al turismo hace unas dos décadas y actualmente recibe cerca de 10.000 personas por año, en grupos reducidos y principalmente bajo la guía de personal especializado.
En diálogo con Infobae, uno de los coautores, el doctor Bertellotti, contó cómo hicieron el trabajo publicado: “Revisamos quince investigaciones ya publicadas que estaban enfocadas en parámetros fisiológicos, inmunológicos y de comportamiento de los animales”.
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Al hacerlo, encontraron una diferencia clara en el impacto del turismo sobre los pingüinos de cada colonia.
Los pingüinos de Punta Tombo expuestos a turistas presentaron alteraciones en indicadores clave de salud, como menor capacidad inmunológica en los pichones, mayor infestación por parásitos como pulgas y variaciones en los niveles de glucosa y hematocrito en sangre.
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En adultos y crías se detectaron señales de estrés sostenido, a través de la hormona corticosterona.

Los investigadores afirmaron en el trabajo que “adultos y pichones de pingüinos de Magallanes sometidos al turismo en la colonia Punta Tombo presentaron alteraciones significativas en varios índices fisiológicos relacionados con la función inmunológica y la salud general, en contraste con los individuos de la colonia San Lorenzo, que no exhibieron tales cambios”.
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Las diferencias en el tipo, cantidad y manejo de visitas resultan determinantes. En San Lorenzo, la menor cantidad de turistas, los recorridos bajo supervisión y la corta historia de la interacción con los humanos parecen mitigar los efectos nocivos detectados en Punta Tombo.

En Punta Tombo, el volumen de visitantes y la constante expansión de las infraestructuras turísticas, como puentes, cercos y senderos, generaron un “impacto crónico” sobre la población de pingüinos, detallaron Bertellotti y D’Amico.
A pesar del crecimiento económico y la contribución educativa que aporta el ecoturismo, los datos apuntan a que se necesita rediseñar la experiencia turística en los ecosistemas más vulnerables.

Los investigadores destacaron el riesgo acumulativo y las consecuencias imprevisibles que pueden surgir cuando múltiples factores de estrés, incluidos los factores ambientales, cambios en la distribución y abundancia de presas, competencia con pesquerías, contacto sostenido con humanos y manipulación para monitoreo científico, se combinan a lo largo del tiempo.
“El impacto combinado de múltiples estresores que interactúan puede afectar de forma imprevisible a la vida silvestre. Factores que individualmente parecen menores pueden adquirir importancia cuando actúan en conjunto con nuevos estresores”, afirmaron.
Cuidar el equilibrio

Como alternativa, los investigadores sugirieron avanzar hacia soluciones basadas en la naturaleza, inspiradas en prácticas aplicadas en otras reservas del mundo, como la construcción de pasarelas elevadas para guiar a los visitantes sin alterar el entorno inmediato de los animales.
Otras medidas incluyen el fomento de la educación ambiental activa, el control estricto del número de visitantes, la implementación de grupos pequeños guiados y el cierre rotativo de circuitos para permitir la recuperación del hábitat.
“Se debería considerar el concepto de adaptación turística, que es la capacidad constante para ajustar la oferta de actividades y minimizar sus impactos", explicó el investigador en la entrevista con Infobae.
La revisión no detectó efectos adversos de salud de los animales en la colonia de San Lorenzo, lo que refuerza la idea de que el manejo cuidadoso puede equilibrar la conservación y la actividad turística.

No obstante, los investigadores insisten en la necesidad de mantener programas de monitoreo a largo plazo para detectar posibles cambios atribuibles tanto al turismo como al cambio climático.
“Consideramos que el modelo de turismo intensivo y prolongado aplicado en algunas áreas debe reevaluarse si se pretende preservar la integridad de la biodiversidad patagónica y la viabilidad de los pingüinos de Magallanes”, afirmó el doctor Bertellotti.
Los próximos pasos se centrarán en profundizar la investigación sobre la capacidad de carga real de las colonias, la aplicación de normas innovadoras de acceso y la implementación de tecnologías de monitoreo menos invasivas.
“Este enfoque busca compatibilizar el disfrute de la naturaleza con el imperativo de proteger un símbolo único del sur argentino”, resaltó el científico.

En tanto, la científica Samanta Dodino, doctora en biología, quien se dedica a la ecología y conservación de la vida silvestre en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) del Conicet, en Tierra del Fuego, opinó tras leer la revisión publicada y al ser consultada por Infobae: “La revisión de estudios ya publicados sobre las colonias de pingüinos en San Lorenzo y en Punta Tombo es muy valiosa y merece que se considere a la hora de mejorar para favorecer el desarrollo del turismo responsable y sostenible”.
La experta agregó que los resultados “deberían utilizarse para un debate con los operadores turísticos ya que la revisión muestra que la presencia de los turistas pueden tener efectos negativos en los animales según cómo se lleven a cabo las visitas a los lugares”.
También la doctora Dodino destacó que se pueda impulsar el concepto de la “adaptación turística”, es decir, que se fomente un ajuste continuo de las actividades para minimizar su impacto en un entorno cambiante. “Se busca que el turismo se adapte a condiciones ecológicas y sociales para proteger la biodiversidad”, resaltó.
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