
Un estudio científico detectó 368 terremotos glaciares ocultos bajo las capas antárticas, una señal de la intensa vida que fluye en ese gigante blanco, según un trabajo publicado en ESS Open Archive.
Con tecnología de punta y muchos días frente a pantallas de monitoreo, un experto de Australia logró identificar lo que nadie había visto antes: movimientos sísmicos invisibles que revelan el pulso de los glaciares Thwaites y Pine Island.
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El estudio, que aún espera la revisión de pares, sugiere que el corazón de la Antártida late y cruje constantemente, con implicaciones directas.

Estos sismos pueden anticipar desprendimientos de grandes bloques de hielo y cambios súbitos en la plataforma glacial, una de las bases de la salud de los océanos.
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El trabajo estuvo liderado por Thanh-Son Phạm de la Escuela de Investigación en Ciencias de la Tierra de la Universidad Nacional de Australia.
El misterio de los terremotos glaciares

La idea de buscar “terremotos glaciares” en la Antártida nació de una pregunta: ¿por qué hay muchos eventos registrados en Groenlandia y casi ninguno en el hemisferio sur?
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Solo unos pocos cambios sísmicos se habían registrado antes, siempre en glaciares remotos del oriente antártico.
La brecha de datos motivó a preguntarse si el fenómeno sísmico era poco habitual en la Antártida o si simplemente la tecnología anterior no lograba detectarlo.
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Así se definió el objetivo: usar una combinación de sensores y algoritmos para captar señales de terremotos provocados por grandes bloques de hielo al desprenderse de los glaciares.
El foco principal estuvo sobre dos colosos: Thwaites y Pine Island, elegidos por su tamaño y su importancia para el equilibrio del océano.
La meta fue revelar si esos gigantes provocan movimientos sísmicos como los ya estudiados en el Hemisferio Norte.
Así habla el hielo: el pulso oculto de los glaciares

El método principal del estudio fue clave. Se analizó una red de estaciones sísmicas desplegadas entre 2010 y 2023 sobre la región occidental antártica.
Las estaciones recabaron señales durante miles de horas, rastreando ondas Rayleigh, que viajan por la corteza durante sucesos sísmicos.
Para extraer los terremotos glaciares, se usó un algoritmo que filtró las señales a partir de la “coherencia de las ondas superficiales”.
Luego, los científicos revisaron cada caso para separar los movimientos tectónicos habituales de los generados por el hielo.
El resultado principal del trabajo es un catálogo de 368 eventos sísmicos detectados sistemáticamente mediante ondas superficiales regionales. Nunca antes se había elaborado una lista comparable en la Antártida.
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El 65% de los terremotos detectados surgió cerca del glaciar Thwaites. El resto, en Pine Island.
Las imágenes satelitales tomadas antes y después de los eventos confirmaron que estaban vinculados a grandes bloques recién separados, reconocibles por su temperatura y textura especial.
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El análisis también mostró que la gran mayoría de los temblores provenía de la “rotación o vuelco de icebergs recién separados” en el frente del Thwaites, con fuerzas orientadas en la dirección del flujo glacial. Este fenómeno aparecía registrado hace ya veinte años en Groenlandia.

El autor afirmó que su investigación demostró la existencia frecuente de terremotos glaciares en la Antártida, con características diferentes a los registrados en Groenlandia.
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El tipo de señal, mucho más lenta y localizada, explicaría por qué no se veía antes, incluso con equipos sofisticados.
Algunos sismos de Pine Island todavía no tienen explicación clara. A pesar de ubicarse cerca del frente flotante, no se logró asociarlos con desprendimientos puntuales. Esa incógnita queda pendiente para nuevos estudios.
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Las magnitudes medidas oscilaron entre 2 y 3 en la escala de magnitudes superficiales. El patrón de eventos no mostró estacionalidad, pero sí coincidió con momentos en los que la lengua de hielo se aceleró de forma severa en Thwaites.
Qué nos pidieron el hielo y los datos

El científico aconsejó sostener y mejorar la red sísmica en la Antártida para no perder detalles sobre los cambios del hielo, que afectan de forma directa el mar global.
Detectar estos movimientos puede ayudar a prever desplazamientos y rupturas inesperadas.

Entre las limitaciones, se advirtió que los parámetros elegidos en los algoritmos salieron de la experiencia, por lo que “no se puede garantizar la completitud de la muestra identificada”. Aun así, los 368 eventos revelan un mundo nuevo bajo la superficie.
El futuro del monitoreo antártico puede incluir inteligencia artificial y más sensores automáticos, para captar señales incluso más sutiles y frecuentes. Todavía no se conoce cuánto hielo se desprende por estos sismos, y tampoco cuánto contribuye ello a la subida del mar.
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