
Las tormentas submarinas en espiral están acelerando el derretimiento de las plataformas de hielo de dos glaciares antárticos cruciales, Pine Island y Thwaites —apodado el “glaciar Doomsday” (“del Juicio Final”)—, un fenómeno que podría tener un gran impacto en el aumento del nivel del mar a nivel mundial.
Un reciente estudio publicado en Nature Geosciences, que revela cómo estos remolinos oceánicos, hasta ahora poco estudiados, están transformando en tiempo real la dinámica de descongelamiento en la Antártida.
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Un proceso acelerado y caótico bajo el hielo
El continente antártico, cuya silueta recuerda un puño con un pulgar sensiblemente curvado hacia Sudamérica, alberga en la base de ese “pulgar” al glaciar Pine Island, mientras que a su lado se extiende Thwaites, catalogado como el glaciar más peligroso del mundo por su capacidad de elevar abruptamente el nivel de los océanos si colapsa.
Durante las últimas décadas, ambos glaciares han experimentado un rápido retroceso impulsado por el calentamiento global y el ingreso de aguas cálidas del océano. Esto resulta especialmente evidente en la región donde el hielo deja de estar anclado al lecho marino para flotar como plataforma.
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El nuevo estudio es pionero en analizar cómo el océano derrite el hielo en cuestión de horas y días, una escala temporal mucho menor que la observada tradicionalmente, informaron los autores. “Estamos observando el océano en escalas de tiempo muy cortas, similares a las del clima, lo cual es inusual para los estudios antárticos”, explicó Yoshihiro Nakayama, profesor adjunto de ingeniería en el Dartmouth College.
Estas “tormentas” que inquietan al mundo científico reciben el nombre de submesoescalas. Se trata de remolinos oceánicos que alteran rápidamente su curso, provocando una mezcla intensa de aguas de diferentes temperaturas. “Imagínenselos como pequeños remolinos de agua que giran a gran velocidad, como cuando se revuelve agua en una taza”, comentó Mattia Poinelli, investigador de la Universidad de California, Irvine, y afiliado a la NASA. No obstante, en el océano estos fenómenos pueden alcanzar hasta 9,6 kilómetros de extensión.
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El principio físico es simple: se forman cuando el agua cálida y fría se encuentran, generando turbulencias similares a las que se dan cuando el aire cálido y el frío colisionan en la atmósfera, explicó Poinelli. Sin embargo, el resultado puede ser muy peligroso: los remolinos se desplazan bajo las plataformas de hielo, removiendo agua más cálida del fondo oceánico y aumentando el derretimiento de la base del hielo vulnerable.

El ciclo de retroalimentación: una amenaza silenciosa
Mediante modelos informáticos y datos tomados sobre el terreno, los científicos determinaron que las tormentas submarinas contribuyeron, junto a otros procesos de corta duración, a provocar el 20% del derretimiento de los glaciares estudiados en un período de nueve meses. “Cuantificar la contribución precisa de las tormentas por sí solas es difícil debido a su naturaleza caótica”, señaló Poinelli, aunque subrayó que “estos eventos parecen tener un papel importante en períodos cortos”.
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Un punto especialmente preocupante del hallazgo es la existencia de un ciclo de retroalimentación. Cuando las tormentas erosionan el hielo, aumenta la cantidad de agua dulce y fría que entra en el océano. Esta se mezcla con el agua salina y más cálida del fondo, lo que incrementa la turbulencia y, en consecuencia, acelera el ritmo del derretimiento.
“Este ciclo de retroalimentación positiva podría ganar intensidad en un clima más cálido”, advirtió Lia Siegelman, científica de la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego y coautora de la investigación.
Las plataformas de hielo antárticas juegan un papel vital: contienen los glaciares y ralentizan su flujo hacia el océano. El colapso de Thwaites sería especialmente alarmante, ya que contiene suficiente agua para elevar el nivel del mar en más de 60 centímetros, y actúa como tapón de toda la capa de hielo de la Antártida occidental. Si se desestabiliza completamente, el nivel del mar podría subir hasta tres metros.
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La necesidad de más datos
El trabajo ha sido valorado por científicos externos. “El estudio es importante porque arroja luz sobre el papel de las pequeñas formaciones oceánicas en el derretimiento de la base de las plataformas de hielo”, afirmó Tiago Dotto, investigador del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido. Dotto calificó de “asombrosa” la magnitud del derretimiento revelado.
No obstante, persisten grandes incertidumbres. Debido a que las plataformas de hielo de la Antártida están entre los lugares más remotos y de difícil acceso del planeta, los científicos dependen en buena medida de simulaciones por ordenador. “Este tipo de estudios son intrigantes, pero son modelos informáticos”, subrayó David Holland de la Universidad de Nueva York. A su vez, destacó la urgencia de obtener más datos reales para comprender completamente el impacto de estos remolinos y otros fenómenos meteo-oceánicos.
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Sobre el proceso antártico, Ted Scambos, del Centro de Ciencias de la Tierra y Observación de la Universidad de Colorado en Boulder, recalcó: “Cientos de factores tienen una importancia similar a la de la descomposición de la capa de hielo. El conocimiento sobre la dinámica del océano cerca de la capa de hielo está evolucionando rápidamente”.
“Estudiar estos fenómenos oceánicos a pequeña escala es la próxima frontera en lo que respecta a las interacciones entre el océano y el hielo que nos ayudan a comprender la pérdida de hielo y, en última instancia, el aumento del nivel del mar”, concluyó Siegelman quien ha dejado en claro que aún es imprescindible recopilar más datos a lo largo de las estaciones y años para entender plenamente cómo varían las tormentas submarinas.
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