
Un equipo internacional de científicos ha revelado la existencia de una enorme provincia de cuencas subglaciales en la Antártida Oriental, cuya formación se debió a una extensión rotacional de la corteza antes de la fragmentación de Gondwana.
Según sus hallazgos, publicados en Nature Geoscience, esta estructura en forma de abanico—hasta ahora desconocida—ha sido el motor de importantes eventos tectónicos y geográficos en el continente blanco, e incluso ha modelado los glaciares actuales y la dinámica de la capa de hielo.
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La investigación conjunta de topografía subglacial y datos geofísicos permitió a los autores describir la Provincia de Cuencas en Abanico de la Antártida Oriental. Esta unidad fisiográfica, de dimensiones casi subcontinentales, está compuesta por más de 30 cuencas con morfología en V alineadas en dirección norte-sur, que se extienden desde la Bahía Prydz hasta las Montañas Transantárticas y convergen en un punto cercano al Polo Sur. La provincia detectada abarca aproximadamente la mitad de la base de la capa de hielo oriental.

La clave del descubrimiento fue una reconstrucción digital del relieve bajo el hielo, que identificó no solo los límites y simetría de las cuencas principales—las cuencas Wilkes y Aurora, cada una extendiéndose más de 1.500 km hacia el sur desde la costa—sino también la presencia de dos sistemas de fallas transversales dispuestas en anillos circulares, denominados cinturones de cizalla sur y norte. Según el estudio, estos cinturones muestran desplazamientos que influyen tanto en el flujo de hielo como en la evolución del paisaje subyacente.
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El modelo tectónico propuesto por los investigadores indica que la estructura en abanico es resultado de una extensión rotacional dentro de la placa continental, ocurrida antes de la definitiva dispersión de los continentes hace más de 100 millones de años. Esta extensión tuvo tres efectos continentales: al oeste, generó compresión y el consiguiente levantamiento de las Montañas Gamburtsev; al este, promovió la rotación y segmentación de las Montañas Transantárticas, mientras que el borde norte del abanico se transformó en la debilidad litosférica que condujo a la separación de Antártida y Australia, moldeando el característico margen semicircular entre ambos continentes.
La validez de esta hipótesis se apoya en múltiples fuentes de evidencia: la geometría radial de las cuencas y el ajuste de sus límites a círculos máximos que convergen en el polo Euleriano ubicado en 86,4° S, 129,9° E; la coincidencia de anomalías de espesor cortical y baja velocidad sísmica bajo las cuencas principales; y la correlación entre discontinuidades litosféricas continentales y zonas de fractura oceánicas frente a la costa antártica.
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El análisis geofísico muestra que los bloques intracontinentales de tipo diferente, como la unión de Mawson al este y el cinturón orogénico Ross al oeste, condicionaron la evolución asimétrica del abanico. Modelos sísmicos y gravitacionales detectan una corteza adelgazada bajo las cuencas Wilkes y Aurora, junto con zonas de baja velocidad en el manto superior, indicando una anomalía térmica y un elevado flujo de calor geotérmico en el subsuelo.

En palabras del equipo liderado por Egidio Armadillo, la génesis profunda no se explica por erosión glacial ni por propagación de rifts marinos, sino que requiere “un mecanismo genético de alcance generalizado, aquí interpretado como extensión rotacional prefragmentación de Gondwana”.
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El modelo conceptual desarrollado asemeja la apertura de un abanico de mano: “En vista en planta, el proceso es análogo a la apertura de un abanico plegable y por ello requiere un punto de pivote y un brazo central fijo, desde donde los lados se separan.”
El avance del abanico se transmitió tanto a estructuras costeras como a las propias Montañas Transantárticas, que evidencian una desviación de 20° en su tendencia y una segmentación en tres bloques principales. Este patrón, reflejado también en los sistemas de fallas submarinas del océano Índico y el mar de Ross, fue determinante para el posterior desarrollo del margen continental antártico y su conjugación con Australia.
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La magnitud de la provincia identificada es tal que condiciona la actual dinámica de la capa de hielo de la Antártida Oriental. En la zona del abanico, la masa de hielo tiene un equivalente a 28 m en el nivel del mar global. Además, las grandes depresiones y relieves creados por el antiguo proceso tectónico sirvieron como guías para la formación y trayectoria de glaciares colosales—como Lambert, Totten, Denman, Amery y otros—que aún hoy perforan el continente desde su interior hasta la costa.
La datación exacta de la extensión rotacional sigue siendo objeto de estudio, aunque los autores consideran que ocurrió en episodios asociados al desmembramiento de Gondwana durante el Jurásico-Cretácico, con reactivaciones locales en el Eoceno y hasta el Cenozoico. Así, este proceso no solo modeló la geografía subglacial, sino que también influyó en el surgimiento y vulnerabilidad actual del manto de hielo, potenciando la sensibilidad de vastas regiones ante el cambio climático.
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Según resume el artículo, “el rasgo en forma de abanico de la Antártida Oriental originado por extensión rotacional a escala continental no solo reconfiguró estructuras preexistentes, sino que preparó el escenario para la ruptura de Gondwana y dejó huellas duraderas en la topografía, la segmentación orogénica y la formación de los márgenes continentales”.
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