
El cambio climático global, inducido por actividades humanas, pone en peligro también a los reptiles de zonas frías y templadas porque cambia sus hábitats y puede aislar a las poblaciones.
Una de las especies que está en grave retroceso es el dragón de montaña (cuyo nombre científico es Rankinia diemensis). Se trata de un reptil, específicamente un lagarto del grupo de los agámidos, nativo del sureste de Australia.
Científicos de ese país estudiaron a las poblaciones de esa especie, que ya había sufrido una drástica reducción y fragmentación en su distribución geográfica en el pasado.

Ahora, las poblaciones actuales del dragón, más pequeñas y aisladas genéticamente, se encuentran en alto riesgo ante el calentamiento global, alertaron los investigadores a través de un estudio publicado en la revista Current Biology.
Aportaron pruebas de que las poblaciones de baja altitud ya han desaparecido y que las de mayor altitud podrían no sobrevivir a futuros aumentos de temperatura.
Consideraron que esos resultados funcionan como señal de advertencia para otros reptiles que enfrentan presiones similares por el cambio climático.
Cambio climático en reptiles australianos

El impacto del cambio climático sobre los reptiles nativos de Australia ha quedado expuesto en una reciente investigación liderada por científicos del Instituto de Investigadores de los Museos Victoria.
Los científicos advirtieron que las poblaciones del dragón de montaña podrían extinguirse.
Según explicó Jane Melville, curadora principal de vertebrados terrestres en el instituto, “hace unos 20.000 años, durante el último periodo glacial, los dragones de montaña ocupaban un rango mucho más amplio en el sureste de Australia, incluyendo regiones como Kangaroo Island y Naracoorte en Australia Meridional”, afirmó.
La situación actual contrasta de manera drástica con ese pasado. “Hoy, esas poblaciones han desaparecido. Las poblaciones restantes en Victoria, Nueva Gales del Sur y Tasmania tienen una distribución reducida y están más aisladas genéticamente que antes, y si las temperaturas globales siguen aumentando, estos lagartos finalmente no tendrán a dónde ir”, advirtió.

El estudio combinó evidencia fósil de museos de historia natural con datos genéticos de ejemplares preservados, lo que permitió reconstruir la respuesta de la especie a los grandes cambios ambientales del pasado y proyectar su futuro.
El equipo de investigación empleó técnicas avanzadas de microtomografía computarizada para identificar diminutos fragmentos fósiles y los integró con información genómica de ejemplares actuales.
De este modo, lograron rastrear los desplazamientos a largo plazo en el rango de distribución y la diversidad genética de la especie.
Los efectos genéticos y de distribución

Los resultados muestran que las poblaciones de baja altitud ya han sufrido una disminución genética, mientras que los hábitats fríos de mayor altitud se vuelven cada vez menos aptos debido al calentamiento global.
“Esto convierte al dragón Rankinia diemensis en una señal de advertencia clara para otros reptiles que comparten el mismo ecosistema”, sostuvo Melville.
La vulnerabilidad de los reptiles frente al cambio climático se explica porque no pueden regular activamente su temperatura corporal.
El estudio identificó patrones similares de distribución y genética en otras especies, como el lagarto de lengua azul manchada (Tiliqua nigrolutea). Esto sugiere que múltiples especies de reptiles en el sureste australiano podrían enfrentar un destino semejante.

Los investigadores resaltaron que las colecciones de museos de historia natural resultaron fundamentales para este hallazgo.
Los fósiles, huesos y ejemplares preservados en Museos de Victoria y otras instituciones ofrecen un registro sin igual de la biodiversidad australiana a lo largo del tiempo. Permiten vincular el pasado, el presente y el futuro de especies amenazadas.
El autor principal del estudio, Till Ramm destacó también la importancia de la “paleobiología de la conservación” y la necesidad urgente de actualizar las estrategias de conservación ante la pérdida de hábitats impulsada por el clima.
“Al aprender del pasado, podemos hacer mejores predicciones y tomar mejores decisiones para el futuro”, afirmó Ramm.

“Nuestros hallazgos muestran cuán rápido puede el cambio climático alterar la biodiversidad y por qué proteger los hábitats ahora es más crítico que nunca”, subrayó Ramm.
La directora del instituto, Nurin Veis, remarcó el valor de los ejemplares y fósiles conservados en las colecciones de los museos.
“Al estudiar ejemplares y fósiles preservados en las colecciones de los museos, podemos ver cómo las especies han respondido a desafíos ambientales pasados y usar esos conocimientos para orientar la conservación futura”, dijo Veis. “El pasado contiene lecciones fundamentales para proteger la biodiversidad que tenemos hoy”, cerró.
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